TEBSA, UN NEGOCIO REDONDO

TEBSA, UN NEGOCIO REDONDO

El proyecto de generación de Termobarranquilla es definitivamente un negocio redondo.Corelca tendrá que pagar por seis plantas que supuestamente funcionarán 24 horas al día durante 19 años, y a una tarifa fijada previamente que no podrá ser modificada. (VER RECUADROS:PROYECCIONES DE CORELCA SIN TEBSA Y PROYECCIONES DE CORELCA CON TEBSA).

23 de abril de 1995, 05:00 am

No obstante, Corelca no podrá vender toda esa energía y menos a los precios que se han fijado.

Las consecuencias serán un enorme sobrecosto para el Estado, que puede superar los 1.200 millones de dólares. La Financiera Energética Nacional y el propio Ministro de Minas, Jorge Eduardo Cock, reconocieron que Corelca tendrá serias dificultades financieras en el futuro como resultado del proyecto.

El proyecto de generación eléctrica de Termobarranquilla está en el camino de convertirse en el más polémico de la historia reciente del país, después del Guavio.

El próximo martes, el consorcio privado ABB-Distral comenzará la construcción de esta central a pesar de que varios documentos oficiales señalan a Termobarranquilla como un proyecto de alto riesgo para el Estado por las repercusiones negativas que puede acarrear en el futuro financiero de Corelca, empresa pública que se encarga de suministrar la energía que consumen los habitantes de los siete departamentos de la Costa Atlántica.

La magnitud del riesgo es tal, que la única alternativa que Corelca tiene para no quebrarse económicamente por culpa del proyecto es vender toda la energía que éste produzca durante cada hora de cada día, de cada uno de los próximos 19 años en los que estarán prendidas las máquinas de generación a gas.

Dicho condicionamiento es obligatorio pues la única manera en que el Gobierno pudo promocionar este proyecto dentro del sector privado fue garantizando que Corelca compraría toda la potencia que produjera.

Como lo ha aceptado hasta el ministro de Minas y Energía Jorge Eduardo Cock, quien tuvo que heredar el problema de su antecesor Guido Nule Amín, se trata de un proyecto en el que el inversionista no asume ningún tipo de riesgo grave: ni económico, ni jurídico.

El operador privado sólo asumirá el riesgo de que se dañe una unidad.

Este fenómeno ha originado serias críticas como las formuladas por el senador Hugo Serrano Gómez, quien considera que Termobarranquilla es el mejor negocio del mundo para los inversionistas pero el proyecto más loco y negativo en el que se ha metido la Nación después del fracaso de las famosas barcazas .

El y sus colegas Amilkar Acosta y Salomón Náder consideran que en los primeros cinco años Termobarranquilla le dejará a Corelca un boquete financiero de 580 millones de dólares en caso de que logre vender el 80 por ciento de la energía disponible.

Pero lograr ese nivel de comercialización es discutible.

Se vende a cualquier postor Cuando Corelca salga al mercado a ofrecer la energía de Termobarranquilla se encontrará con dos grandes problemas: En primer lugar que no estará sola. Otros como Interconexión Eléctrica S.A. (ISA), la Empresa de Energía de Bogotá, Empresas Públicas de Medellín o Betania también competirán para vender su energía y, en muchos casos, a mejores precios.

Sin embargo, Corelca estará amarrada para competir por precios porque se comprometió a pagarle al consorcio privado una tarifa fija. Si baja el precio, pierde.

El segundo enemigo: sus propios clientes. Las electrificadoras regionales que por tradición son mala paga.

Un reciente documento de la Financiera Energética Nacional (FEN), dice al respecto: en el corto y mediano plazo, como efecto de considerar tarifas competitivas en las ventas de energía, se observa una delicada situación financiera .

En efecto, según el informe, se detectan faltantes hasta el año 2000, que incluidos los costos financieros, tienen un valor cercano a los 270 millones de dólares.

En conclusión Corelca no está en posición de competir en términos tarifarios en el mediano y corto plazo sin que se deteriore su situación financiera , es la conclusión de la FEN.

Según la FEN, la única opción de Corelca está en tratar de firmar contratos de largo plazo con sus clientes. Al fin y al cabo la energía de la nueva planta es firme, confiable y su tarifa es atractiva.

Pero muchos dudan que Corelca logre mantener la tarifa, dadas la oscuras perspectivas financieras.

Cada centavo vale millones Ninguna planta generadora de energía opera todo el tiempo al 100 por ciento de su capacidad. La planta para por mantenimiento o porque las condiciones climáticas hacen que otros sistemas sean más baratos.

Sin embargo, en el contrato de Tebsa, Corelca está obligada a comprar toda la energía de la planta. Es decir pagará por seis máquinas que supuestamente estarán prendidas 24 horas al día durante 19 años. Lo cual no es posible.

Es como si usted tuviera que pagar todas las carreras que hace un taxi durante una semana para que lo lleven un día a su casa , dijo un analista.

De acuerdo con Serrano Gómez, este contrato hará que Corelca tenga que asumir un sobre costo de un centavo por cada kilovatio generado. Ello terminará representando un aumento adicional de 1.248 millones de dólares en el valor de la energía que debe comprar Corelca en todos los 19 años.

La multimillonaria cifra equivale a los sobrecostos que tuvo el Guavio.

Por eso, es que algunos creen que Termobarranquilla puede repetir la historia de la hidroeléctrica, pero con protagonistas diferentes.

De hecho, además de todos los riesgos financieros, sobre Termobarranquilla recaen grandes interrogantes jurídicos.

Y como si fuera poco...

Los congresistas consideran que en la letra menuda de la poco transparente negociación hay gato encerrado .

Aunque el actual ministro Jorge Eduardo Cock ha garantizado públicamente que no se permitió ni se permitirá incrementar los precios de cada kilovatio que será vendido a Corelca, el senador Hugo Serrano demostró que existen dos diferentes cuadros estadísticos, elaborados por la propia Corelca, en los que varían las tarifas.

En este punto, cabe aclarar que Corelca debe pagarle a la sociedad Tebsa lo que se denomina cargo por capacidad instalada , que al igual que un taxímetro trabaja así esté o no prendida la planta de generación de energía.

Este cargo, que se calcula en dólares, es el que ha sido modificado en los dos cuadros del congresista y el que hace pensar que dentro del contrato con el consorcio privado hay algo que en un futuro podría alterar la tarifa y, por ende, las proyecciones financieras de la FEN.

Herencia maldita Por un lado, existe una investigación de la Procuraduría involucrando al ex ministro de Minas y Energía, Guido Nule Amín, al exdirector de Corelca, Eduardo Verano de la Rosa.

La razón? Para la justicia, existen dudas de la transparencia con la que se seleccionó al consorcio privado que va a ejecutar Termobarranquilla, una obra que requiere inversiones por más de 750 millones de dólares (650.000 millones de pesos) y que se convierte en la gran esperanza del país para evitar un apagón el próximo año.

Aunque en varias etapas, el proyecto producirá en total unos 780 megavatios, es decir la misma energía que genera el Guavio.

Pero ahí no para el problema. Pese a que el ministro de Minas y Energía actual, Jorge Eduardo Cock, ha advertido que el contrato de montaje de la planta no tiene marcha atrás (y lo dice amparado en opiniones de la Oficina Jurídica de la Presidencia que lo autorizó a seguir), está haciendo trámite ante el Consejo de Estado una demanda contra la Nación por más de 200 millones de dólares.

La demanda fue hecha por la General Electric que quedó segunda en la licitación y que impugnó el procedimiento de evaluación de ofertas por considerar que hubo favoritismos hacia el consorcio ABB-Distral, que finalmente fue escogido.

La historia se puede repetir El caso de Termobarranquilla es tan sólo el primero de los grandes proyectos de generación privada de energía que ha tenido problemas de contratación y negociación de tarifas.

Aunque se trata del más costoso y el que mayor energía va a producir, la lista incluye los proyectos de Termovalle (232 megavatios), Termopaipa (150) y la hidroeléctrica de La Miel (375).

En todos ellos, los consorcios que fueron seleccionados en las respectivas licitaciones para ejecutar las plantas, están solicitando tarifas más altas de las que ofrecieron cuando participaron en las convocatorias.

Según el ministro Jorge Eduardo Cock, el problema es que en todos los pliegos de condiciones de las licitaciones quedaron ruedas sueltas .

El punto en conflicto se presenta casi siempre al momento de negociar el contrato a largo plazo de compra y venta de energía pues allí se presentan las pujas y cada parte (el Gobierno y el constructor) muestra los diferentes escenarios tarifarios.

Como se trata de negocios donde se requieren grandes sumas de inversión, los consorcios le piden una garantía a la FEN, y ésta a la Nación, para que les respalde todo el valor del contrato en caso de que se presente cualquier inconveniente y no se pueda vender la energía que el proyecto produzca durante todo el periodo de funcionamiento.

En el caso de Termobarranquilla la FEN otorgó garantías por 1,247 millones de dólares.

Con este respaldo, era de suponerse que se produjera el cierre financiero del proyecto, es decir que los bancos avalaran la financiación del proyecto. Sin embargo, esto no ha sucedido.

A juicio del director de Corelca, Javier Pacheco, las obras de la planta van a comenzar por cuenta y riesgo de los inversionistas .

Generalmente, los consorcios privados se unen a la empresa eléctrica regional (en el caso de Termobarranquilla es Corelca) para conformar una sociedad que venderá la energía y manejará la planta.

En Barranquilla se conformó Tebsa que tenía la siguiente composición accionaria: ABB Energy (25,7 por ciento), Energy Initiatives (25,7) Lancaster (5,2), Distral Térmica (3,9), Distral EMA (3,9) y Corelca (35,6).

El ministro ha advertido que el proyecto de Termocesar, una central de generación a ejecutarse en el municipio de Tamalameque será el último proyecto en el cual se firme un contrato de compra y venta de energía.

Para el senador Hugo Serrano lo que sucede es que los inversionistas se aprovechan de tres factores: que se trata de proyectos de impacto regional, que existe el síndrome de un nuevo racionamiento de energía, y que cada uno es de vital importancia para el desarrollo del sector eléctrico.

no cabe más En el afán por conformar un sistema eléctrico capaz de conjurar un nuevo apagón como el que se estaba viviendo en el momento, el Gobierno planteó en 1992 una estrategia dirigida a vincular capitales privados en nuevos proyectos de generación.

Con el aval del Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) se dio luz verde a varias proyectos de generación que tendrían que comenzar a producir la luz suficiente para abastecer el crecimiento de la demanda. Entre ellos, figuraban algunos térmicos, es decir que producirían luz con base en gas o carbón (Termobarranquilla, Termopaipa, Termovalle) y otras que lo harían con agua (hidroeléctricas de Urrá, Porce y La Miel).

Todos conformaban el denominado Plan de Expansión Eléctrica, que planteaba nueva generación de energía entre 1995 y el 2000.

Había más térmicas porque éstas tenían la ventaja de que podrían contratarse, instalarse y comenzar a producir nuevos megavatios en tiempos que oscilaban entre 1 y 2 años, mientras que las hidroeléctricas no darían luz antes de cuatro o cinco años.

A pesar de que en los últimos dos años ha habido reprogramaciones en los cronogramas, hoy en día ninguno de los proyectos está terminado. Es más, con excepción de la hidroeléctrica de Porce (en Antioquia) liderada por las Empresas Públicas de Medellín, los restantes ni siquiera han comenzado a construirse.

De hecho, sólo hasta el próximo martes se dará el banderazo inicial a las obras de la térmica de Barranquilla (termobarranquilla) que dentro de un año debe estar generando los primeros megavatios.