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Camilo Villamil estaba a punto de graduarse como arquitecto cuando la crisis movió los cimientos de la construcción, a finales de los noventa. “Eran años de expectativas, que de pronto se vieron amenazadas con el desplome de la economía nacional y del mercado inmobiliario. Sin duda, un mal pronóstico para la profesión”, recuerda.
“Aunque trabajaba como auxiliar antes de graduarme y podía imaginarme lo que sucedería, muchos de mis compañeros no eran conscientes de la dimensión del asunto”, anota el arquitecto, que empezó a generar vínculos, a indagar y a ver (...)
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