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Crisis, apogeo y ahora transición
Camilo Villamil estaba a punto de graduarse como arquitecto cuando la crisis movió los cimientos de la construcción, a finales de los noventa. “Eran años de expectativas, que de pronto se vieron amenazadas con el desplome de la economÃa nacional y del mercado inmobiliario. Sin duda, un mal pronóstico para la profesión”, recuerda.
“Aunque trabajaba como auxiliar antes de graduarme y podÃa imaginarme lo que sucederÃa, muchos de mis compañeros no eran conscientes de la dimensión del asunto”, anota el arquitecto, que empezó a generar vÃnculos, a indagar y a ver cómo ser más competitivo para sobrellevar los tiempos difÃciles.
Aun asÃ, preocupaba que la oferta laboral y el número de empleos para los recién egresados no fueran alentadores. Los novatos tuvieron que someterse a cualquier propuesta o simplemente olvidarse de su carrera y ejercer oficios diferentes, al punto de que muchos viajaron a otros paÃses porque en Colombia no encontraron trabajo.
El pesimismo también afectó a algunos bachilleres que revaluaron la idea de estudiar arquitectura o carreras afines.
En 1998, año que precedió la crisis, el Consejo Profesional Nacional de Arquitectura y sus Profesiones Auxiliares (Cpnaa) registraba apenas 468 arquitectos contra 2.233 del 2004, cuando se empezó a recuperar el sector.
Esto, sin duda, era consecuente –por lo menos– con el mal estado de ánimo de algunos profesionales, que también se transmitÃa, de una u otra forma, al de los estudiantes próximos a graduarse o con la meta de inscribirse en alguna de las facultades.
Y es que se hablaba de la Upac, de gente perdiendo sus casas, de un sector estancado, de menos metros licenciados y esto –evidentemente– desviaba el futuro profesional hacia otros programas de pregrado, con mejores proyecciones.
Para la arquitecta Vanessa Velasco, sus colegas recién egresados tenÃan como meta salir del paÃs y especializarse, y los que lo lograron fueron afortunados. “De hecho, esa era uno de mis objetivos, porque el temor de no poder ejercer generaba incertidumbre”, recuerda Velasco, quien –como Villamil– tuvo la ventaja de trabajar antes de recibir el tÃtulo.
“Eso ayudó a sobrellevar el comienzo de la crisis hasta que logré salir del paÃs”, recuerda la arquitecta, quien reconoce que fueron momentos difÃciles que, de todas formas, le ayudaron a consolidar su vocación.
“Enfrentarme a la realidad fortaleció mi compromiso y convicción de ser arquitecto. Saber que habÃa escogido una profesión porque me gustaba por encima de todo fue el motor para seguir desarrollándola”, añade.
Hoy por hoy, la primera lección, sin duda, es tratar de abrir puertas desde el ingreso a la universidad. Subir escalón a escalón y, si es el caso, darse ‘lapo’ inicialmente hasta que llegue el momento de poder exigir.
Según Ricardo Navarrete, presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, “es imprescindible entender que la profesión es multidisciplinaria, es decir, que interactúa con el derecho, la ingenierÃa y la economÃa. “Esto significa que debemos tener nociones de administración e insisto, de economÃa. Saber lo que ocurre local e internacionalmente –como sucede ahora mismo, con la crisis mundial y sus implicaciones en nuestro paÃs– nos ayudará a tener un ‘polo a tierra’”, asegura Navarrete.
A estas hay que sumarles la ética y, definitivamente, la necesidad de promover empresas flexibles. “Debemos dejar de lado esquemas rÃgidos que en caso de una crisis sean difÃciles de desmontar. Además, hay que tener claro que no hay obras grandes ni pequeñas, sino oportunidades de trabajo que deben responder a las necesidades del paÃs.
“En ese sentido es vital que las nuevas generaciones le apuesten a la vivienda social”, asegura el presidente de la SCA, quien agrega que se requiere una alta dosis de compromiso y optimismo para enfrentar las eventualidades de este mercado cÃclico.
En esto coinciden Villamil y Velasco, quienes le atribuyen parte del éxito a la persistencia. “Trabajar en lo que uno cree, con convicción y responsabilidad redunda en buenos resultados”, dice Velasco.
- UN EJERCICIO PROFESIONAL CON NUEVAS FORMAS DE APRENDIZAJE La crisis de finales de los 90 motivó a los representantes de las universidades a adoptar esquemas para que sus futuros profesionales pudieran ser más competitivos. Hoy, las facultades hacen énfasis en la arquitectura verde, en temas relacionados con el fenómeno del calentamiento global y –en general– en tópicos relacionados con la sostenibilidad que permiten la formación de profesionales preparados para los cambios del mundo y de la economÃa, y –en ese sentido– para construir obras destinadas a cuidar al medio ambiente, las ciudades y sus habitantes.
Según datos de la Asociación Colombiana de Facultades de Arquitectura (Acfa), una facultad que tiene 200 alumnos, en promedio, se incrementa semestralmente en 20 alumnos, sin tener en cuenta aquellos que desertan. Y en una facultad de 800 alumnos, ingresan, en promedio, entre 40 y 50 alumnos por semestre.
Adicionalmente, un curso de arquitectura en Bogotá inicia el primer semestre con 80 alumnos, de los cuales se gradúan 30.
En regiones más pequeñas se encuentran cursos en los primeros semestres de entre 20 y 30 alumnos, de los cuales se gradúa el 30 por ciento, es decir, 9 alumnos.
Sin embargo, vale anotar que en Barranquilla, Cartagena, MonterÃa y Manizales, entre otras, cuentan con un promedio de dos facultades de arquitectura por ciudad, a diferencia de Bogotá que brinda 9 programas y además ofrece programas nocturnos.
Lo cierto es que la carrera está cambiando. La apertura económica y la globalización han hecho que se consideren nuevas formas de enseñar; en el caso particular de la arquitectura el proyecto Tuning para Latinoamérica que plantea homologar la enseñanza de la carrera en Europa y Latinoamérica, a través de competencias laborales ha generado un fenómeno muy grande en la enseñanza
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Vivienda
- Fecha de publicación
- 11 de octubre de 2008
- Autor
- NULLVALUE
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