¿Al vaivén de lo que diga Uribe?

¿Al vaivén de lo que diga Uribe?

Hace años tuve la oportunidad de trabajar en Kenia cuando era presidente Daniel Arap Mo. Los titulares de prensa en ese país en esa época casi exclusivamente se referían a lo que hacía el presidente. Un día el titular decía ‘Mo dijo que hay que hacer la carretera a Mombassa’, otro que ‘Mo propone esto o lo otro’.

12 de septiembre de 2008, 05:00 am

Un visitante, poco familiar con el sistema político de Kenia, podía haber pensado que el país y los medios estaban completamente dominados, y no que se trataba de una democracia, bastante imperfecta por lo cierto, en la que Mo ejercía un poder excesivo y los medios de comunicación, como si fueran órganos oficiales, al estilo de Granma en Cuba o Pravda, actuaban como simples cajas de resonancia del presidente.

Un análisis de lo que destacan los medios en Colombia hace temer que la tendencia que lleva el manejo de las noticias en la prensa colombiana vaya por ese camino. Sin caer en los excesos observados en Kenia, en Colombia la noticia que ocupa más espacio periodístico es Uribe. Un día el titular puede ser que ‘Uribe todavía no se decide’ (y el país está en vilo); al siguiente, que “Uribe va a hacer el metro”; después, que “Uribe pide una esperita y que más bien va a financiar Trasmilenios”. El noticiero de las 7 muestra a un par de manzanillos, fletados por una plutocracia que no quieren identificar, que radican el proyecto de referendo para “darle paso a un tercer período de Uribe”, y en el de las 9 sale Uribe a pedirles perdón a los 4 millones de firmantes a favor de ese referendo (y a los que invirtieron más de 2 mil millones de pesos para recoger las firmas) y declara que “por voluntad del Presidente, pensando en los intereses superiores de la patria”, le pide al Congreso no ocuparse del referendo y darle prelación al trámite de las reformas de la justicia y de la política. Suelta la idea al desgaire de reformar de nuevo el articulito de marras para que él pueda volver en el 2014 y en el 2018.

Dice García Márquez que sufre como un perro por la mala calidad del periodismo en Colombia, pero omitió decir que esa mala calidad de los medios noticiosos y su sumisión al Gobierno nos va a hacer sufrir como perros a todos porque al no ejercer contrapeso, los medios han facilitado, consciente o inconscientemente, que se concentre excesivamente el poder y la capacidad oficial de manejar las noticias. Uribe descubrió muy pronto, desde el inicio de su primera administración, cuando tuvo la genial idea de hacer consejos comunales para todo, que la clave de su poder de comunicación consistía en volverse la noticia. Si es cierto que los periodistas no tienen tiempo para pensar, o que los medios son apéndices de conglomerados económicos que promueven sus intereses, la manera de manejar las noticias es convirtiendo al Presidente en noticia, para que los medios le sirvan de caja de resonancia sin filtro.

Ese manejo de las comunicaciones ha hecho posible que el Presidente juegue al gato y al ratón con la opinión pública, y con los políticos, porque sabe que lo que dice un día lo puede desdecir al siguiente y borrar una noticia con la otra. Aparece sacrificando el referendo por objetivos superiores, cuando ya quedó radicado y no lo puede hacer por voluntad propia, y desliza traviesamente que reformen la Constitución, más bien, para que pueda repetir en el 2014.

Le dice al Congreso que como el Gobierno lo ha respaldado, a pesar de estar “madurito para que el país lo revoque”, no se vaya a atrever a dejar de votar sus reformas, así muchos congresistas no tengan capacidad legal o autoridad moral para tramitarlas. Ese enorme poder que ha logrado acumular el Presidente tiene al país moviéndose al vaivén de lo que él dice, pero está fomentando una gran inestabilidad institucional y puede estar cortejando un radicalismo político sin precedentes, que no va a facilitar construir un futuro deseable o alcanzar la paz. De verdad, hace falta pensar primero en la patria y no tanto en Uribe