EL ALCALDE MOCKUS

EL ALCALDE MOCKUS

Comenzó la era Mockus. El nuevo burgomaestre llega a la alcaldía de la más importante ciudad del país en medio de un clima de gran expectativa ciudadana en torno de quien, con una original combinación de hechos y actitudes, rompió muchos de los esquemas tradicionales de hacer política en este país. Convocó alrededor de su peculiar figura y de sus sorprendentes estrategias de comunicación con la gente, la esperanza de una ciudadanía hastiada de ver desfilar una administración tras otra sin que se solucionaran los problemas urbanos más críticos, y que ve en él una especie de salvador . Ciertamente, es monumental el compromiso que ha adquirido el Alcalde Mockus; pero, como bien lo dijo en su discurso de posesión, la suerte de Bogotá está en manos de todos los bogotanos. Que además de ser actores centrales del proceso de transformación cultural que pondrá en marcha el alcalde, esperan resultados de esa gran coalición del Gobierno Nacional, Concejo y Administración distritales para, de con

4 de enero de 1995, 05:00 am

La tarea que emprende Mockus no es nada fácil. Nadie espera que un alcalde, en un período tan corto, pueda hacer milagros. Muchas de las pasadas Administraciones y también los Concejos han dejado acumular los problemas. Han pospuesto, por razones de conveniencia política, la toma de decisiones que en su momento hubieran evitado la catástrofe y hecho más eficiente y menos burocratizado el paquidérmico gobierno distrital. Lo que encuentra Mockus es una crisis acumulada de muchos años. De ahi que sería irreal y demasiado exigente pedirle que en tres años vuelva a hacer de esta ciudad una capital vivible y viable. Pero como él bien lo dijo al comprometerse hasta los tuétanos con Bogotá, la gente pide resultados y su gestión apuntará a sacar adelante un conjunto de acciones cuyo sentido es el de que sus resultados les sirvan a los ciudadanos y a la ciudad .

Para lograrlo tiene varias cosas a su favor. A la Alcaldía llegó sin deberle un solo favor. Ese hecho, contundente y refrescante, lo coloca en una situación privilegiada y de gran independencia para adoptar las medidas necesarias, por traumáticas que sean, para cumplir con su programa. Prueba de ello es la nómina de colaboradores técnicos y académicos, algunos de ellos desconocidos, que no obedece a la milimetría política para darles gusto a los jefes políticos acostumbrados a pasar gruesas cuentas de cobro después de elecciones. No puede, sin embargo, perder de vista al Concejo que ojalá tenga el mismo nivel de compromiso que mostró el alcalde en su posesión. La Corporación tiene una imagen muy desteñida y la ciudadanía todavía la ve como un refugio de clientelistas y manzanillos más pendientes de la partija burocrática que de coadyuvar en la tarea de sacar a la ciudad de la olla en que se encuentra. Quisiéramos creerle a Mockus cuando dice que el actual Concejo parece más sensible a las responsabilidades de la Administración. Ojalá.

También encuentra el nuevo alcalde una situación financiera relativamente sana. Más que merecido el reconocimiento a ese frente de la gestión de Jaime Castro. Gracias a la reactivación de los recaudos, los ingresos corrientes de Bogotá aumentaron el año pasado en un 110 por ciento. Que siguen siendo insuficientes para atender las ingentes necesidades de la urbe, sobre todo en sectores como la salud, la educación y los servicios básicos. No se puede, como dijo el ex alcalde Castro, exigir las comodidades de Nueva York pagando los impuestos de Somondoco. Ante la actual coyuntura la ciudad necesita con urgencia cobrar una sobretasa del 15 por ciento a la gasolina y echar para atrás las rebajas en el impuesto predial y las amnistías tributarias.

Indudablemente el mayor capital político del Alcalde Mockus es la confianza de la ciudadanía. La cantidad de esperanza y confianza acumulada ha dicho es el más valioso distintivo de la gestión que se inicia . De alguna manera los bogotanos le extendieron un cheque en blanco. Pareciera que sí caló la esencia de su discurso de campaña que le entregaba a la ciudadanía una altísima participación en la misión colectiva de salvar a Bogotá. Se percibe entre los agresivos e indiferentes bogotanos una irreconocible sensibilidad a la necesidad de hacer algo por la ciudad y aportar una cuota de civismo y disciplina. De lograrse, esa metamorfosis sería de por sí una gran obra de gobierno.

El señor Alcalde ha invitado a los bogotanos a posesionarse todos como ciudadanos. Esa invitación encierra un compromiso por y para la ciudad que deseamos. Tendrá Mockus nuestro desinteresado respaldo en las acciones que emprenda para levantar de las ruinas a esta caótica ciudad. También ha pedido que nos tengamos la necesaria paciencia . La misma que le pedimos a él que en ocasiones se ha mostrado alérgico a los medios, cuando en ejercicio de nuestras responsabilidades nos sintamos en la obligación ante nuestros lectores de asumir posiciones críticas frente a su gestión.

Sabemos del reto que enfrenta el Alcalde Mockus y solo podemos desearle éxitos y la mejor de las suertes a quien hoy encarna una esperanza para la ciudad, en la seguridad de que los grandes beneficiarios de sus aciertos serán, antes que nadie, los ciudadanos. No podemos estar por debajo del desafío que nos ha lanzado de unir todos estrechamente, por el bien de Bogotá, lo que hacemos con lo que queremos.