La fiebre de reformas constitucionales o nuevas cartas magnas que se viene registrando en América Latina no es fortuita. De hecho, si algo destaca a la región de otras en el mundo es la ‘reformitis aguda’ que sufre desde que se comenzó a usar el régimen constitucional como pilar del Estado, a finales del siglo XVlll. (VER TABLAS: LAS DIEZ CONSTITUCIONES QUE MÁS HAN DURADO - PAÍSES CON MÁS CONSTITUCIONES A LO LARGO DE SU HISTORIA - TOTAL DE CONSTITUCIONES DESDE 1789* - EDAD DE LAS CONSTITUCIONES EN LATINOAMÉRICA)
Eso se desprende de un ambicioso estudio que iniciaron el año pasado Zachary Elkins, Tomo Ginsburg y James Melton, tres profesores de la Universidad de Illinois (E.U.), que se pusieron en la tarea de documentar, país a país, todas las reformas que han sufridos las cartas en 220 años de historia. Solo en la actualidad, dos están en proceso de ser aprobadas por un referendo,en Ecuador y Bolivia.
Según el estudio, cuya conclusión está prevista para el 2009, en el mundo se han creado –o enmendado de manera significativa– 803 constituciones desde que se aprobó la primera en E.U., en 1789.
De ellas, 308 ó casi el 40 por ciento, se han registrado en América Latina.
Dato significativo si se tiene en cuenta que la región representa menos del 20 por ciento del total de los países del mundo. Europa Occidental, para ponerlo en contexto, ha visto nacer a 127 Constituciones para un número inferior de países.
De hecho, siete países de Latinoamérica hacen parte del ‘top 10’ de Estados que más han modificado su Carta a lo largo de su historia: República Dominicana, Haití, Venezuela, Ecuador, Perú, Honduras y El Salvador.
Dominicana, el rey de la reformitis, cuenta con 32; Haití, con 28; mientras Venezuela y Ecuador llevan 26 cada uno.
Algo que contrasta con países como Colombia, donde se contabilizan ocho (la de 1886 duró más de 100 años) o la de México, que cumplió 90 años.
¿Por qué la inestabilidad? La verdadera esencia del estudio está en las hipótesis que plantea sobre los factores que influyen en la inestabilidad de las cartas magnas.
Aunque mucho está atado a las circunstancias históricas de cada país, los autores identifican dos que son recurrentes: La rigidez en la redacción de una Constitución, y las ambiciones del Ejecutivo de turno en cada país.
Con el paso del tiempo, las circunstancias cambian. Si la Constitución no da espacio para que sea reinterpretada por las cortes, tiende a morir.
La vigencia de la estadounidense, por ejemplo, ha dependido de la facultad de la Corte Suprema para adaptarla a los tiempos. Mencionan, a su vez, que los países donde es posible la reelección han gozado de períodos constitucionales más estables, pues los mandatarios no caen en la tentación de reformarlas.
Eso, dicen los autores, es lo que ha estado pasando en Latinoamérica. En el caso de Colombia –mencionan–, la Constitución del 91 dejó una puerta abierta para que fuese reformada sin acabar con ella.
El estudio completo a la fecha, en comparativeconstitutionsproject.org.
El porqué de tantos cambios Para el profesor Zachary Elkins, uno de los autores del estudio, las revisiones constitucionales por lo general vienen de la mano de presidentes o ejecutivos que quieren desafiar los límites que estas le imponen a su poder. Si es posible, reformarán la Constitución (como lo hicieron Fernando Henrique Cardoso, en Brasil, o Carlos Menem, en Argentina, para deshacer los límites a la reelección).
Pero dado que enmendar una Constitución por lo general requiere de una supermayoría legislativa que normalmente no tienen (en algunos casos el apoyo del 75 por ciento), los presidentes se verán inclinados a reemplazar la Constitución (a través de otro vehículo como el del referendo) y siempre y cuando no se genere una reacción negativa del público.
Esto implica dos cosas: las constituciones que constriñen de manera excesiva al poder Ejecutivo tienden a ser reemplazadas. Dado que las cartas magnas de América Latina incluyen una cláusula de no reelección para el presidente, son blancos probables de Ejecutivos con deseo de un poder que no tienen originalmente.
Constituciones que no son muy respetadas por la ciudadanía serán reemplazadas con facilidad, pues los Ejecutivos no enfrentarán oposición del público.
De alguna manera, la revisión periódica en América Latina termina siendo auto gratificante, pues la ciudadanía se acostumbra a constituciones de corta vida y no desafían a un Ejecutivo que decida amenazarlas
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