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LOS KOFANES DEL PUTUMAYO

Nosotros con el proceso 8.000 y allá en la profunda selva del Putumayo, a un paso de la frontera con el Ecuador, otros colombianos, mucho más americanos por sangre que nosotros, los indios kofanes, sin saber del debido proceso y del ingreso de los dineros del narcotráfico en las campañas, viven y sufren sus 8.000 problemas. Hasta allí llegué yo invitado por José Ignacio Muñoz y Corpoamazonia, seccional Putumayo. Esta entidad ha colaborado eficazmente con la comunidad de los kofanes.

Con mucha propiedad, Diomedes y Dionisio Lucitante, en presencia de toda la comunidad kofán del Caño Afilador-Campoealegre, nos expusieron sus problemas. Ante todo quieren, exigen al gobierno colombiano que su reserva sea convertida en resguardo. De las 9.000 hectáreas originales los colonos les han quitado ya 4.000 y el resto sufre constantes invasiones. Los colombianos nos han dañado la montaña y ya casi no encontramos nuestras plantas medicinales. Las medicinas de ustedes, decía sentenciosamente Diomedes, son muy buenas, pero curan en un lugar y ofenden en otro; por eso nosotros necesitamos las medicinas frescas y limpias que da la Naturaleza .

Los colonos acabaron con la pesca; los venenos que emplean para los cultivos ilícitos han caído a los ríos y caños y han exterminado los peces. Anteriormente los antiguos encontraban animales de monte por todas partes; ahora ya no los hay; los blancos han acabado con la fauna , seguía diciendo Diomedes. La cuarta queja de este memorial de agravios tiene que ver con la casa del yagé. No la hemos podido terminar y por eso hace mucho tiempo nuestros taitas no han podido tomar el yagé para hacer las curaciones, para conversar, para dialogar con los amigos .

Nos preguntaron, a Wilfredo Garzón y a mí, cuál era el motivo de nuestra visita. Les hablamos de la profunda veneración que sentimos por ellos, porque ellos encarnan los valores del hombre raizal americano y les dijimos que en la gran prensa de Bogotá nosotros abogamos por sus causas.

Habíamos ido navegando el río San Miguel y regresamos a pie por la selva. Allí hicimos una dolorosa comprobación: mientras la parte de los kofanes se conserva intacta, no fue sino salir de la reserva para encontrar la destrucción: tala de la selva, potreros, cultivos ilícitos. Definitivamente los colonos son la peste para la selva amazónica y los bosques de cordillera; colonos que también tienen derecho, no faltaba más, a comer y a vivir; pero no a destruir las fuentes de agua y de aire puro de ellos mismos y de todos los colombianos.

Al terminar la reunión taita Plácido accedió gustoso a ataviarse con sus bellos atuendos ceremoniales de plumas, en compañía de su esposa, María Queta, mujer de gran dulzura e inteligencia. De regreso a Puerto Asís nos encontramos con que el pueblo está furioso pues no cuenta desde hace varios días con el servicio de marconigramas de Telecom.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
28 de mayo de 1996
Autor
ANDRES HURTADO GARCIA

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