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LOS KOFANES DEL PUTUMAYO

Nosotros con el proceso 8.000 y allá en la profunda selva del Putumayo, a un paso de la frontera con el Ecuador, otros colombianos, mucho más americanos por sangre que nosotros, los indios kofanes, sin saber del debido proceso y del ingreso de los dineros del narcotráfico en las campañas, viven y sufren sus 8.000 problemas. Hasta allí llegué yo invitado por José Ignacio Muñoz y Corpoamazonia, seccional Putumayo. Esta entidad ha colaborado eficazmente con la comunidad de los kofanes.

Por: ANDRES HURTADO GARCIA

Con mucha propiedad, Diomedes y Dionisio Lucitante, en presencia de toda la comunidad kofán del Caño Afilador-Campoealegre, nos expusieron sus problemas. Ante todo quieren, exigen al gobierno colombiano que su reserva sea convertida en resguardo. De las 9.000 hectáreas originales los colonos les han quitado ya 4.000 y el resto sufre constantes invasiones. Los colombianos nos han dañado la montaña y ya casi no encontramos nuestras plantas medicinales. Las medicinas de ustedes, decía sentenciosamente Diomedes, son muy buenas, pero curan en un lugar y ofenden en otro; por eso nosotros necesitamos las medicinas frescas y limpias que da la Naturaleza .

Los colonos acabaron con la pesca; los venenos que emplean para los cultivos ilícitos han caído a los ríos y caños y han exterminado los peces. Anteriormente los antiguos encontraban animales de monte por todas partes; ahora ya no los hay; los blancos han acabado con la fauna , seguía diciendo Diomedes. La cuarta queja de este memorial de agravios tiene que ver con la casa del yagé. No la hemos podido terminar y por eso hace mucho tiempo nuestros taitas no han podido tomar el yagé para hacer las curaciones, para conversar, para dialogar con los amigos .

Nos preguntaron, a Wilfredo Garzón y a mí, cuál era el motivo de nuestra visita. Les hablamos de la profunda veneración que sentimos por ellos, porque ellos encarnan los valores del hombre raizal americano y les dijimos que en la gran prensa de Bogotá nosotros abogamos por sus causas.

Habíamos ido navegando el río San Miguel y regresamos a pie por la selva. Allí hicimos una dolorosa comprobación: mientras la parte de los kofanes se conserva intacta, no fue sino salir de la reserva para encontrar la destrucción: tala de la selva, potreros, cultivos ilícitos. Definitivamente los colonos son la peste para la selva amazónica y los bosques de cordillera; colonos que también tienen derecho, no faltaba más, a comer y a vivir; pero no a destruir las fuentes de agua y de aire puro de ellos mismos y de todos los colombianos.

Al terminar la reunión taita Plácido accedió gustoso a ataviarse con sus bellos atuendos ceremoniales de plumas, en compañía de su esposa, María Queta, mujer de gran dulzura e inteligencia. De regreso a Puerto Asís nos encontramos con que el pueblo está furioso pues no cuenta desde hace varios días con el servicio de marconigramas de Telecom.

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