Para leer esta nota usted debe ser un usuario registrado. Regístrese o ingrese aquí.
Rebecca Covaciu no ha conocido temporada buena en sus doce años de vida. A ella y su familia, rumanos de nacionalidad y gitanos de cultura, los persiguieron en Alemania, Hungría, España y particularmente en Italia, adonde llegaron hace algunos meses. En Milán, unos ciudadanos “normales” estuvieron a punto de linchar a su hermano Abel, de 9 años, acusado de robar un perro que en realidad era suyo. Allí mismo, la Policía destruyó el campamento de cartones en que vivían; en Nápoles, grupos parapoliciales golpearon a Rebecca y Abel y rompieron la cabeza al padre cuando intentó defenderlos. El gobierno neofascista de Silvio Berlusconi reseña gitanos como si fueran criminales. Y son menos que eso: la esperanza de vida del italiano es de 80 años. La del gitano italiano, de 35.
Rebecca e Íngrid Betancourt son las dos mujeres más populares de Europa en estos días. Rebecca, por una carta-video ampliamente difundida donde denuncia el acoso que padecen los gitanos. Íngrid, por sus encuentros con estadistas para com (...)
Publicidad
COPYRIGHT © 2008 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.