DESTAPE, CONFUSIÓN Y PODER

DESTAPE, CONFUSIÓN Y PODER

Eran las 5:30 de la tarde del 12 de julio de 1994. La periodista María Cristina Caballero y el fotógrafo Rafael Baena atravesaron, sin permiso, los potreros pantanosos que rodean la sede del Ejército en Cali. Iban tras un reportaje del Bloque de Búsqueda que intentaba desmantelar al Cartel de Cali. Pero nunca imaginaron que, en realidad, estaban a punto de dar el primer paso hacia el destape del mayor escándalo de narco-corrupción en la política en Colombia: el proceso 8000.

19 de mayo de 1996, 05:00 am

Los periodistas de la revista Cambio 16 habían intentado en vano entrevistar a los integrantes del Bloque, pero la Policía caleña les puso muchas trabas. No querían correr la misma mala suerte en el Ejército, y por eso entraron a escondidas, hasta que lograron hablar con el coronel Carlos Velásquez, a cargo, en ese entonces, de las operaciones del componente del Ejército del Comando Especial Conjunto (CEC). Estaba furioso. Hacía cuatro días la Fiscalía Regional había dejado libre al chileno Guillermo Pallomari, a pesar de haber confesado ser el asesor contable de los hermanos Rodríguez Orejuela. Don Miguel me manda las nóminas, yo se las reviso y se pagan, había dicho Pallomari según lo publicó Cambio 16 el 8 agosto de 1994.

Esas nóminas fueron la primera evidencia que tuvieron las autoridades acerca de la infiltración de dineros del narcotráfico en la política. Caballero y Baena salieron esa misma noche con el coronel Velásquez y el Bloque de Búsqueda y fueron testigos del allanamiento a la empresa Exposal, cuyo testaferro era Julián Murcillo. Allí encontraron una lista de pagos con los nombres de E. Mestre, R. González y N. Morales, con un pie de página que decía: c.c.: Miguel Rodríguez Orejuela .

Todo esto supo Caballero, pero en su primera historia publicada en la edición de del 18 de julio de 1994, no mencionó ningún nombre, pues no tenía la evidencia en sus manos y el director de la revista, Darío Restrepo, dijo que el tema era complicado y peligroso y que era mejor no mencionar personas. No obstante, la insistencia de la periodista pudo más. El 8 de agosto del 94, un día después de posesionado Ernesto Samper como Presidente, la revista publicó los nombres y además reveló que la nómina del Cartel incluía a varios agentes de la Policía. El entonces fiscal general Gustavo De Greiff desmintió la versión en un comunicado oficial y los afectados tutelaron. Caballero regresó a Cali y exigió al fiscal regional Felipe López, que le entregara las listas, pues ella sabía que existían y que Velásquez se las había remitido a la Fiscalía. Aunque reticente, López finalmente accedió y envió el documento al fiscal De Greiff.

Por esos días, De Greiff archivó la investigación de los narcocasetes --las cintas que se divulgaron desde el 22 de junio, tres días después de la elección de Ernesto Samper como Presidente de Colombia, y que contenían la grabación de conversaciones entre los supuestos jefes del Cartel de Cali Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela y el periodista Alberto Giraldo sobre aportes del narcotráfico a la campaña presidencial. El 18 de agosto Alfonso Valdivieso reemplazó a De Greiff. El nuevo funcionario decidió meterle muela al asunto.

Trasladó el expediente registrado en Cali con el numero 8.000 a Bogotá y destituyó a López.

El bautizo oficial a la investigación judicial sobre filtración de dineros en las campañas políticas presidencial y de varios congresistas lo marcó un titular del diario El Espectador que se refirió a ella como el proceso 8.000 , por el número de radicación que tenía en Cali.

Desde su inicio, cada recodo del proceso 8.000 ha estado ligado a los medios de comunicación. Unos les endilgan muchas de las culpas de la crisis, pero otros, les atribuyen un papel protagónico en la limpieza de la política.

Ese es el otro proceso que están pidiendo muchos colombianos: el proceso a los medios; el debate de cara a los lectores, radioescuchas y televidentes sobre las fortalezas y debilidades de estos mediadores de una de la crisis más agudas por las que ha atravesado la historia política colombiana. La serie de dos artículos que hoy inicia EL TIEMPO busca abrir este debate. Cerca de 20 directores de medios y periodistas de la radio, la prensa y la televisión son los protagonistas del debate. También participan analistas e investigadores del tema.

El destape de los medios Así como la osadía de la periodista de Cambio 16 fue fundamental en el arranque del proceso 8.000, es casi un lugar común afirmar hoy que la puesta al descubierto de este escándalo no hubiera sido posible sin la acción de muchos otros medios.

En general si no hubiera sido por la fuerza conjunta de los medios y su persistencia, no se hubiera conocido la verdad , dice Lucía Madriñán, directora del Noticiero Nacional. Y Otty Patiño, coordinador del consejo editorial del noticiero de televisión AM-PM, agrega: Para bien o para mal, este es un momento periodístico . Pero esta no es solo una convicción de los periodistas. Sigan publicando cosas porque si la impunidad no es total es porque la prensa hace algo , le dijo el camarero de un hotel bogotano al director de noticias de RCN, Juan Gossaín, y una magistrada auxiliar de la Corte Suprema animó a un grupo de reporteros con esta frase: Sigan, sigan publicando...

La directora de QAP, María Isabel Rueda, está convencida, además, de que los encargados de mover jurídicamente el proceso no hubieran podido hacer lo que han hecho sin el cubrimiento diario, el entusiasmo periodístico de los medios. Sin este, fiscales y jueces se hubieran desanimado .

Los jalonazos En efecto, los momentos de mayor tensión, pero también de mayor avance en el conocimiento publico de los intrincados lazos entre narcotráfico y política, los produjeron los medios. El ritmo del proceso 8.000 ha sido como el del jazz, sincopado, a veces se acelera y a veces decae , explica Mauricio Vargas, director de la revista Semana. Los medios le hemos dado en parte ese ritmo, a través de jalonazos .

Según varios periodistas, los principales eventos que han jalonado los medios de comunicación a lo largo del 8.000 son los siguientes: * La decisión de los noticieros 24 Horas, De las 7, QAP y CM& y los diarios El Espectador, La Prensa y EL TIEMPO, entre otros, de divulgar el 22 de junio de 1994 apartes o la totalidad de las conversaciones grabadas subrepticiamente entre el periodista Alberto Giraldo y los presuntos jefes del Cartel de Cali, comenzó a alertar a la opinión pública sobre la posible presencia de dineros calientes en las campañas, sobre todo la liberal.

*Más adelante, las publicaciones de Cambio 16 con las primeras listas de los involucrados, y su historia Las Tretas del Cartel del 30 de enero de 1995 en la que revela el nombre del ex tesorero de la campaña Samper Presidente, Santiago Medina, entre otros presuntos beneficiados por una donación de camisetas del Cartel de Cali, representan otro paso hacia el destape.

*Los cheques girados por empresas del Cartel a Eduardo Mestre, A. Giraldo y Eduardo Gutiérrez, que consiguió y publicó La Prensa el 28 de marzo de 1995, fueron otro aporte mayor al esclarecimiento de los hechos sucedidos en la campaña. El propio fiscal Valdivieso admitió que no conocía esta evidencia antes de que la publicáramos, afirma Juan Carlos Pastrana, director de ese diario.

*Luego otra pista. RCN radio informó de la existencia de un cheque a favor del ex tesorero Medina por 40 millones de pesos pagado por otra empresa máscara del Cartel; CM& confirmó la noticia y el 19 de julio el noticiero matutino Caracol 7:30 divulgó la imagen de la prueba: la copia del cheque original.

*Posteriormente, con una pregunta del noticiero matutino Buenos Días Colombia, quedó en evidencia que la indagatoria de la Fiscalía al ex tesorero Medina que los ministros Horacio Serpa y Fernando Botero intentaron desvirtuar en rueda de prensa, había sido robada, y que ellos no sabían cómo había llegado a sus manos.

* El Espectador y otros medios publicaron luego apartes de la indagatoria de Medina. El 3 de agosto, EL TIEMPO tomó la decisión de difundir el documento en su totalidad. Esta decisión fue una licencia para hablar todos los demás , dijo María Elvira Bonilla ex directora de Cambio 16.

*El 8 del mismo mes, Semana publicó textualmente una conversación entre el presidente Samper y Elizabeth Montoya de Sarria, vinculada al narcotráfico. Fue un ejemplo formidable en el periodismo porque estaba tan confirmada que no provocó controversia alguna sobre su autenticidad, y, por otra parte, mostró personajes de carne y hueso, espontáneos en el proceso , dijo Gossaín.

*El último gran jalonazo al 8.000, que todavía no termina, fue la entrevista de Yamid Amat director de CM& a Fernando Botero el 22 de enero de 1996, en la que el ex ministro se confiesa desde su sitio de reclusión. En ella Botero afirmó que sí hubo plata de los narcos en la campaña samperista y que el Presidente sabía. Pero dejó una duda: desde cuándo estaba enterado de lo sucedido? Prácticamente no hay medio en Colombia que no haya hecho algún aporte al proceso 8.000: develando casos, haciendo análisis, abriendo los canales para que la gente común opine o entrevistando a algún protagonista. Van desde las denuncias de Semana y La Prensa revelando quién era Benitín (general Vargas Silva), pasando por la frase de monseñor Pedro Rubiano a Darío Arizmendi en Caracol, sobre el elefante , la publicación de la indagatoria completa de Guillermo Pallomari en El País de Cali, hasta la historia de la avioneta que llegó cargada de billetes a Montería, publicada por el diario El Meridiano de Córdoba y ampliada luego por la Unidad Investigativa de EL TIEMPO; son gotas y gotas que han ido llenando el jarrón gigante y complejo del narcoescándalo.

Filtración y confusión Nadie duda entonces de que los medios han informado con generosidad sobre el 8.000. Pero tampoco se puede negar que por el camino de sus denuncias han generado confusión, desinformación y un reguero de cabos sin atar. Desde agosto de 1995, algunos críticos ya comenzaron a pronunciarse sobre cómo el entusiasmo desbordado de los medios con el destape comenzaba a desorientar a la opinión. En un reciente comunicado, los gobernadores departamentales atribuyeron la confusión a la desinformación generalizada... los principales miembros del sector empresarial pidieron esta semana a los medios que mantengan la sensatez, la calma y la cordura , anotó el defensor del lector de EL TIEMPO, Leopoldo Villar Borda en su columna dominical.

Parte de la desinformación ha sido creada por la sucesión de escándalos que luego desaparecen de la escena pública, sin dejar rastro.

En parte, esto se ha debido al alud de denuncias, informaciones y filtraciones de documentos por diversas fuentes han copado la capacidad de los medios de sopesar la información. Pero también, la falta de seguimiento periodístico a los sucesos ha creado confusión.

Así, por ejemplo, los medios hicieron un gran despliegue porque se filtró que el coronel Germán Osorio, ex jefe de seguridad del presidente Samper, había hecho llamadas desde su celular asignado por Palacio a Elizabeth Montoya de Sarria, hasta poco antes de su asesinato. Además se informó que Osorio había sido nombrado en Roma, sin cargo diplomático definido. La implicaciones del hecho llegaron a límites gravísimos luego de que varios medios reprodujeran denuncias adicionales del ex ministro Botero que involucraba incluso al propio presidente Samper. No obstante, un mes después nadie sabe quépasó, si Osorio está en Roma o si la investigación siguió. Así mismo, la gente se pregunta hoy qué pasó con muchos otros episodios o personajes del proceso. En qué van las investigaciones sobre César Villegas, personaje central de los narcocasetes? En qué, las de Rodolfo González y Norberto Morales, quienes aparecieron en las primeras listas incautadas por el Bloque de Búsqueda, sobre todo ahora que este último regresó al Congreso? Tuvo algo que ver la implantación de micrófonos en la oficina privada del entonces candidato Samper con todas las grabaciones clandestinas que se hicieron durante la campaña? Las preguntas sin intento de respuesta por parte de los medios siguen y siguen...

Al respecto, escribió el crítico de medios Germán Rey en la revista Reojo, que el argentino Tomás Eloy Martínez dijo recientemente en un taller de periodismo: Al lector no se le distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sino que se le respeta con información precisa. Cada vez que un periodista arroja leña en el fuego fatuo del escándalo está apagando con cenizas el fuego genuino de la información .

Los frenos Otra razón del desconcierto puede estar en el hecho de que por momentos a los medios les ha faltado agudeza para advertir lo que está pasando. El vacío más grande lo constituye el cubrimiento de la misma campaña. Con excepción de La Prensa, ningún otro medio prendió alarmas, a pesar de la feria de millones que ahora se sabe estaban financiando la segunda vuelta electoral.

Quizás durante la campaña era tan grande el elefante que estábamos debajo y no nos dimos cuenta hasta que se sentó encima , dice con ironía Rueda, quien además de directora de QAP, es columnista de la revista Semana.

Según Antonio Morales, libretista del programa de televisión humorístico Noticero Quac, los medios no pudieron ver lo qué sucedía porque consideraron que el narcotráfico era una guerra y no un negocio que tarde o temprano iba a incidir en todos los sectores nacionales, incluida la política .

Otra razón por la cual los medios no detectaron lo que estaba sucediendo en la campaña liberal entre la primera vuelta electoral que tuvo lugar el 30 de mayo de 1994 y la segunda y última vuelta, el siguiente 19 de junio, fue la cantidad de acontecimientos noticiosos que concentraron su atención. Entre ellos, la avalancha del Río Páez que sepultó entre el lodo varios pueblos del Cauca, la firma del Grupo de los Tres que abría el comercio entre Colombia, Venezuela y México, la IV Cumbre Iberoamericana de Presidentes en Cartagena, a la que vino el mandatario cubano Fidel Castro y las grandes expectativas sobre la participación de la Selección Colombia en el Mundial de Fútbol 94 en Estados Unidos que se inició el 17 de junio.

También está el argumento de otros periodistas que afirman que hubiera sido imposible detectar lo que sucedía. El grueso del dinero entró al final, muy cerca de la elección definitiva el 19 de junio -dice Mauricio Vargas-, y nadie, nadie, ni el más malpensado, ni Juan Carlos Pastrana, podía pensar que después de tantas advertencias de los estadounidenses, la campaña samperista iba a recibir dineros del narcotráfico .

El diario La Prensa de Pastrana alcanzó a insinuar nexos entre la campaña samperista y el presunto jefe del cartel de Cali, pero no refiriéndose al dinero, sino a una adhesión. En junio 7 de 1994 publicó: Ernesto Samper Pizano estuvo presente en la reunión que presidió Alberto Giraldo -portavoz y viejo amigo de Gilberto Rodríguez Orejuela- con el ex candidato presidencial Miguel Maza Márquez, en donde se escenificó la adhesión del ex director del DAS al samperismo . El problema es que no probó con documentos fehacientes lo que dijo, y además, al ser el candidato Andrés Pastrana su hermano, las denuncias se interpretaban como argucias políticas para desprestigiar al oponente. Para Juana Uribe, directora del programa de televisión de humor político Los Reencauchados, esa no era tarea de los medios. La fiscalización debió haber venido de las campañas, los candidatos y el Consejo Electoral .

Después de la publicación de los narcocasetes también hubo un silencio, con pocas excepciones, que se prolongó por casi medio año. Otra vez La Prensa fue la única que siguió hurgando.

EL TIEMPO, por ejemplo, que había publicado íntegros los primeros narcocasetes, apenas registró las noticias que se derivaron de éstos. Por que no ahondaron? Volvió a operar en EL TIEMPO el mecanismo atávico de lealtad e identidad con el gobierno liberal.

Mecanismos defensivos inconscientes o conscientes. Además, recordemos que el fiscal De Greiff, que gozaba de amplia popularidad, cerró la investigación de los narcocasetes, y los únicos que seguían martillando, tenían un interés político específico, que eran los Pastrana. No era el momento, la sociedad no hubiera creído que algo de esto podía ser cierto , dice el subdirector de EL TIEMPO, Enrique Santos Calderón. Después de los narcocasetes, no nos quedó ninguna duda a Felipe López (presidente), Jorge Lesmes (jefe de investigaciones) y Mauricio Vargas, de Semana , de que había habido dinero del narcotráfico en la campaña presidencial liberal.

Pero no sacamos lo que pensábamos en ese momento. Primero porque teníamos aún muchas dudas sobre los responsables, y segundo, porque no había ambiente para procesar esa información en la opinión pública, y los medios también tenemos que ser reflejo de lo que piensa la gente , dice Vargas.

También se dio cuenta de la falta de oportunidad el mismo director de La Prensa. Uno sale con una noticia y se estrella con un país que no está preparado para una verdad tan evidente. Todos se quedaron callados. Nos sentíamos como en la travesía del desierto. El País no quería oír nada, ni la Iglesia, ni los gremios .

Lazos familiares Muchos de los principales medios en Colombia han estado ligados, desde su nacimiento, a intereses políticos. En el capítulo Periodismo en Colombia 1886-1986 de la Nueva Historia de Colombia, el periodista Enrique Santos Calderón describió esta característica suis generis en el caso de los periódicos.

Aún hoy, no se encuentra un diario colombiano de influencia que no se atribuya la condición de depositario de la doctrina liberal o conservadora y que no asuma esta función como ingrediente importante de su labor informativa .

Los noticieros de televisión, también se adjudicaron en Colombia, desde los setenta a las distintas familias de tradición política como los López, los Pastrana o los Gómez. Así los lazos políticos de los diarios se extendieron a la televisión. Apenas en la última licitación, bajo el gobierno de Gaviria, se adjudicaron espacios a periodistas o a grupos económicos, y no importó su filiación política. Pero entonces, la recepción de favores del Estado por parte de empresas periodísticas las ha hecho vulnerables a los objetivos del gobierno de turno.

Esta intrincada relación entre medios y poder político ha hecho que muchos medios consideren como uno de sus deberes centrales, mantener la estabilidad institucional. Este criterio a veces entra en conflicto con objetivos periodísticos tales como la veeduría de la cosa pública o la información objetiva de lo que sucede.

Estas contradicciones han aflorado con mayor fuerza a lo largo del 8.000, precisamente por el peso de las denuncias y la importancia de las instituciones que ha cuestionado.

Además de los vínculos políticos de los medios con el poder, han existido siempre lazos familiares entre unos y otro. Desde 1886 ha habido 21 presidentes de la República propietarios, editorialistas o directores de medios.

En este sentido el 8.000 tampoco es una excepción. Para citar apenas unos ejemplos, Daniel Samper, hermano del Presidente, es accionista de EL TIEMPO; María Elvira Samper, directora de QAP es su prima; Carlos Medellín, ministro de Justicia es casado con María José Cano, cuya familia es propietaria de El Espectador; Juan Gómez Martínez fue ministro de Transporte y es de la familia dueña de El Colombiano.

EL PROCESO 8.000 ES...

Es la gran sombrilla que ha permitido encarar una lucha contra la narcocorrupción en la política .

María Elvira Bonilla, ex directora Cambio 16 Es el resultado de una olla podrida que viene desde mucho tiempo atrás por la combinación de narcotráfico, corrupción y ambición de poder .

Lucía Madriñán, directora Noticiero Nacional Es la crisis del modelo de democracia representativa como se venía manejando, con corrupción y exclusión. La plata de los narcos se metió en ese modelo y lo llevó a límites no tolerables .

Otty Patiño, noticiero AM-PM Es el reconocimiento y el destape de la corrupción e infiltración del dinero del narcotráfico en el sector político en general, y en la campaña presidencial en particular Darío Arizmendi, director de noticias Caracol Es el punto de quiebre para una sociedad absolutamente permisiva frente al narcotráfico. Ahora tendrá que mirar las cosas con nuevos ojos .

Juan Pablo Ferro, jefe de información El Espectador Es la oportunidad para que Colombia haga un exorcismo de unos pecados colectivos que se han individualizado en los pecadores más evidentes: los políticos Enrique Santos Calderón, subdirector EL TIEMPO Es el escándalo de corrupción y entrega de las instituciones al crimen organizado más grande de toda la historia de Colombia Juan Carlos Pastrana, director La Prensa