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La chirimía emblema del folclor chocoano

Antes de ahondar en la chirimía y de tocar el bombardino, Leonidas Valencia, director del emblemático grupo chocoano La contundencia, hace una necesaria aclaración: la chirimía no es un tipo de música.

“La gente a veces lo cree, pero es, en realidad, un formato compuesto por clarinete, redoblante, bombardino, tambora y platillos”, comenta Valencia, un músico de 44 años que se ha ganado con creces el título de maestro por haber llevado la chirimía por todo el país, de la mano de los mejores intérpretes chocoanos, e incluirle nuevos instrumentos y arreglos, pero siempre guardando su esencia.

Valencia está en el malecón de Quibdó, frente a la Catedral, con Marcelino Ramírez ‘Panadero’, uno de los primeros músicos del Chocó que grabaron comercialmente la chirimía. Esperan a otros músicos, entre jóvenes y viejos, para dar una muestra de ese formato alegre nacido en el campo, con el que ya no solo se baila y se celebra en los pueblos de la región, sino en Quibdó, Buenaventura y hasta en Bogotá.

Marcelino, creador del extinto grupo Panadero y sus muchachos, es intérprete de clarinete, el centro de la chirimía. Aprendió desde niño cuando se enlistó en la Banda Municipal de Istmina (igual que Valencia, cuyos inicios fueron en la Banda de San Pacho). A ‘Panadero’ le tocó aprender todos los instrumentos que integran la chirimía. “El punto de entrada a la chirimía es por los platillos. Después se pasa a la tambora. Por último, al redoblante, que es el más difícil de la percusión. Ahí se salta al clarinete. Así, los músicos conocen perfectamente su formato. Y se convierten en directores”, agrega Valencia.

A pesar de pertenecer a generaciones diferentes, las vidas musicales de ‘Panadero’ e ‘Hinchao’, como llaman a Valencia, han tenido muchos momentos de cruce. Cuando ‘Panadero’ creó su agrupación incluyó a Valencia, que para entonces era un jovencito. Y cuando Valencia creó La contundencia recurrió a ‘Panadero’. Y esa no es una casualidad. Las chirimías normalmente están integradas por músicos de diferentes generaciones que se unen para un toque y se separan cuando termina.

Por eso nadie se espanta cuando no llega ningún grupo completo al encuentro, solo músicos que van en representación de sí mismos. Asisten, entre otros, el maestro Migdonio Rivas Ríos, que toca el redoblante, es constructor de instrumentos y uno de los integrantes más viejos de La contundencia; Jackson Ariel Martínez Mena, de 22 años, redoblante y ex alumno de Alexis Lozano (director de Guayacán); Jackson Ramírez, gestor cultural e intérprete de platillos, y los cantantes Gregorio Gutiérrez y Alberto Salazar Córdoba.

Músicos polifacéticos La chirimía les viene de sangre. La mayoría son hijos o nietos de músicos e interpretan más de dos instrumentos. Y se desempeñan en chirimías clásicas, orquestadas o cantadas (estas últimas existen, según el cantante Gutiérrez, desde hace unos 20 años).

Los maestros viejos no son unos puristas. Rivas y ‘Panadero’, por ejemplo, dicen que cuando empezaron en La contundencia, que agregó saxofón, bajo electrónico, piano y congas al formato original para convertirla en orquesta, ambos se pusieron contentos. “Eso no me pareció extraño. En esto, uno se adapta fácil y rápido”, dice Rivas, que aprendió su instrumento a los 15 años y es una excepción a la regla porque en su casa nadie era músico.

Pero a Valencia, artífice de esos cambios y quien incluye pequeños fragmentos de reguetón en las canciones de su grupo, le parece que la chirimía no necesita transformarse, solo crecer y mantener su esencia.

A pesar de sus deseos, las nuevas generaciones han hecho cambios radicales: cuando se trata de chirimía callejera, para ganar sonoridad y evitar que el cuero se moje en los aguaceros, han reemplazado la tambora por el bombo de la banda militar. Lo que implica que el clarinete no se escuche. “Al cambiarse el cuero por una fibra industrial y comercial, perdemos una tradición”, dice Douglas Cújar, asesor cultural de las Fiestas de San Pacho, donde se creó recientemente el ‘abosadódromo’ (por el ritmo tradicional abosado), donde los músicos solo pueden concursar con instrumentos típicos.

‘Chirisalsa’ El mismo Jackson Ariel Martínez Mena, que usa gafas de lente azul celeste hasta para tocar en la noche, admite que en San Pacho sale a la calle con grupos que inclusive cambian el clarinete por el saxofón para que el sonido no se pierda. Y afirma que sin clarinete no hay chirimía. Es Martínez quien menciona la ‘chirisalsa’ como una nueva tendencia.

“Es una fusión que se está haciendo para ver si la música del Pacífico se da a conocer. Tratamos por todos los medios de tener un espacio”, comenta este hijo de percusionista, que toca para la orquesta de ‘chirisalsa’ Bambazulú.

La idea es grabar y dar a conocer la chirimía.Y para ello trabaja con quienes le ofrezcan un proyecto que le interese. Esa voluntad de difundir lo propio lo une con el resto de los músicos que están en el malecón, así haya quienes no compartan aquello de la ‘chirisalsa’.

Con emoción, viejos y jóvenes construyen con sus instrumentos el siempre festivo sonido de la chirimía, un formato con el que se tocan todos los aires musicales del Chocó y un motivo de orgullo del departamento.

*ESTE ARTÍCULO FUE POSIBLE GRACIAS A UNA ALIANZA CON EL MINISTERIO DE CULTURA.

‘LA VAMO A TUMBA’ Octavio Panesso Arango, el autor de ‘La vamo a tumbá’, la canción grabada en formato de chirimía que se hizo popular en todo el país, es el director de dos agrupaciones: Saboreo y Los universales. La primera conserva la esencia chirimía, pero le agrega elementos contemporáneos como el bajo, el piano, la guitarra y el sintetizador. Panesso cree en la importancia de que convivan distintas clases de grupos de chirimía: “Unos que tocan con propósitos institucionales, otros para divertir y ganar algo de plata en el medio y otros para internacionalizar la música”.

''Nuestra música ha sido excluida. Música colombiana solo ha sido la del Atlántico y la del centro. La lucha nuestra es grabar masivamente, decirles ‘aquí estamos’”.

Leonidas Valencia, director de La contundencia

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
20 de junio de 2008
Autor
PAOLA VILLAMARÍN

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