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En Vijagual almorzaron jaguar

La historia de que las fieras se comen a los hombres se invirtió en un caserío a orillas del río Magdalena.

Las autoridades ambientales de Santander investigan a uno campesinos de Vijagual, un corregimiento de Puerto Wilches, que no solo admitieron haber matado a una phantera onca, conocida como jaguar, una especie en vía de extinción, sino que dijeron que con su cuerpo hicieron fiesta en el pueblo, la destazaron y se la comieron.

El hecho ocurrió el 4 de abril. Rubén Moreno contó que ese día salió con su primo Holger Alcocer a cazar chigüiros con dos perros y armados con machetes y viejas escopetas, calibre 16. Los dos hombres, de 30 y 31 años, cruzaron el río Magdalena para internarse en un sector conocido como Sitio Nuevo.

Según cuenta Moreno, cuando tenían dos horas de permanecer internados en el montañoso sector los perros comenzaron a ladrar sin parar y corrieron tras algo que se movía rápidamente.

“Por la velocidad de esos animales pensamos que eran varios chigüiros y salimos presurosos detrás de ellos. Cansados llegamos hasta unos bejucos (manigua o maraña) donde lo que fuera se había escondido”, narra Moreno.

El campesino dice que mientras los perros ladraban intensamente lo ‘desconocido’ no hacía ningún ruido.

“Tumbamos con los machetes los bejucos y metimos la punta de las escopetas al sitio donde eso se había escondido. De repente esa jaguar se lanzó sobre mí y me clavó una garra en mi mano derecha. Mi primo reaccionó de inmediato y le disparó en la cabeza. Si nos hubiéramos dado cuenta de que era un jaguar nos vamos de allí”, relata el campesino.

Exhibición como ‘trofeo’ .

Al constatar la muerte del animal, una hembra, de 190 centímetros de largo y 100 kilos, los campesinos se devolvieron en chalupa al corregimiento Vijagual y su llegada, dice Moreno, fue todo un acontecimiento, pues este animal, considerado por los expertos como el felino de mayor tamaño de América, fue colgado con una cabuya para ser exhibida como un trofeo.

“Hubo tremenda fiesta y a la jaguar la destazamos y repartimos su carne entre todos los vecinos porque Vijagual es una región muy apartada y el Gobierno nos tienen abandonados”, agrega el campesino. El animal se lo comieron 78 personas de 12 familias del pueblo, de 4.000 habitantes.

Pero la versión de Moreno no convence a Orlando Beltrán Quesada, presidente de la Asociación Defensora de Animales (Adan), de Santander.

Beltrán asegura que en esa región no hay chigüiros y que estos felinos, cuando son acosados, emiten sonidos fuertes para tratar de disuadir a sus perseguidores. “Lo acorralaron, acosaron y mataron con un propósito (cacería) que la ley considera sancionable”, dice el ambientalista.

Funcionarios de la Corporación Regional Autónoma de Santander (CAS) aseguraron que técnicos de su oficina en Barrancabermeja iniciaron una investigación para tratar de determinar las causas que habrían originado la muerte del jaguar, pero no han podido ir a la zona por el invierno.

Los tigrillos y jaguares son considerados especies en vía de extinción y su caza es ilegal, según la Ley 599 del 2000. Por eso, es sancionada con prisión de uno a tres años y multa de 20 a 500 salarios mínimos legales mensuales vigentes (desde 9,2 millones hasta 230 millones de pesos).

Pero Moreno insiste en que está diciendo la verdad. “La CAS nunca hace presencia por esta zona donde algunos hasta padecen hambre por no tener nada para comer. Era la vida de la jaguar o la mía”, insiste.

EL TIGRILLO QUE SE SALVÓ DE MORIR .

Tras dos intentos fallidos por capturar al animal que en las noches se comía sus animales, Ramón Galeano logró que el 28 de abril cayera un tigrillo en una trampa de madera a donde fue atraído con una gallina.

“Dos veces nos había tumbado la puerta, pero la tercera fue la vencida. No pudo salirse y de inmediato llamamos a la gente de la CAS que llegó hasta la finca y se lo llevaron a San Gil”, manifiesta Galeano. Bajo estricta supervisión de veterinarios y expertos de la CAS el ocelote, de 2 años y medio, es vigilado tras ser desparasitado y en dos meses será devuelto a su hábitat, donde se alimentan de mamíferos medianos y pequeños, cazan aves y, algunos, son buenos pescadores y duermen en las ramas de los árboles o escondidos en la vegetación.

"Hay que resaltar la decisión tomada por el señor Galeano, que optó por no matar al tigrillo a pesar de los daños que causó a las especies domésticas de la finca", dice Luis Emilio Atuesta, coordinador del Centro de Control y Vigilancia de la CAS.

"Estos animales están sufriendo porque el hombre ha extendido la frontera agrícola hasta sus territorios, donde deforestan y talan para instalar ganado”.

Orlando Beltrán Quesada, defensor de animales

Publicación
eltiempo.com
Sección
Nación
Fecha de publicación
1 de junio de 2008
Autor
FÉLIX LEONARDO QUINTERO

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