DEFENSA DE LAS MUCHACHAS DEL SERVICIO DOMÉSTICO...

DEFENSA DE LAS MUCHACHAS DEL SERVICIO DOMÉSTICO...

Eso de doméstico no pasa de ser un chiste. En muchas ocasiones, el servicio que les imponen en ciertos hogares a las llamadas muchachas del servicio, no es doméstico sino salvaje... Como el capitalismo de que habla el aviso político de marras.

22 de febrero de 1995, 05:00 am

Con ponencia del magistrado Jorge Arango Mejía, la Corte Constitucional acaba de decidir una tutela por medio de la cual determinó que las empleadas domésticas tienen derecho a recibir el pago de un auxilio de cesantía equivalente a 30 días de salario por cada año de labor.

En síntesis, equiparó su trabajo al de cualquier otro colombiano que ejerce una actividad laboral, para aplicar en ellas las domésticas el derecho de igualdad que consagra la Carta y hacer del mismo una palpable realidad.

Lo curioso o lo insólito es que esto no hubiera sucedido antes, sino hasta ahora, próximos como estamos al año dos mil. Y, para decirlo gráficamente, hay que convenir que las sentencias de Arango Mejía se han caracterizado por ser muy chéveres. Su aguda interpretación hace que las normas constitucionales no queden en simple letra muerta, y en todo caso se ciñen a un espíritu democrático de lo que debe ser un Estado de Derecho actuante y moderno.

Que es el sentido exacto que se pretende de éste a partir de la nueva Constitución.

Desde hace mucho tiempo escucho hablar de la crisis que hay en Colombia de servicio doméstico, con el argumento de que se trata de un fenómeno incomprensible, existiendo como existe un desempleo tan protuberante entre las mujeres de escasos recursos, por falta de trabajo.

Mas el problema, a mi juicio, no está en las sábanas, o mejor sería decir en los delantales. Y, más concretamente, no en quienes los utilizan, sino en quienes los compran.

Hay todavía la tendencia a pensar que las muchachas en nuestro medio son algo más o menos semejante a la figura de las esclavas gringas, y en no pocos hogares las tildan de coimas o mucamas, con un desprecio de lo que constituye el ser humano que no tiene justificación.

Y por eso me río de aquellas señoras o amas de casa que, simultáneamente con el sonsonete de que no entienden por qué han desaparecido las muchachas, pretenden aún a estas horas de la vida ponerles cofia, guante blanco, vestido negro y delantal, y que además sirvan y recojan los platos por la derecha y no por la izquierda, con un protocolo tan solo explicable en el mundillo diplomático que es otro cuento pero totalmente mandado recoger a nivel de las labores cotidianas de una casa de familia.

Pero si tienen de todo , alegan las tales señoras encopetadas: techo y comida, y hasta teléfono y televisión en blanco y negro para ver Café . Sí. Aparentemente, tienen de todo, claro está. Hasta cuando la jefe de hogar comienza a esconder el queso para que no se lo coma la niñera, y compra una carne especial para la cocinera, al igual que para el perro, mientras que el lomito y el churrasco son para el señor y los señoritos...

Puede ser una profesión digna esta del servicio doméstico, cuando no hay nada más espantoso que refregar ollas, limpiar baños y lavar los calzoncillos ajenos, generalmente untados de... nicotina? No, seamos serios, señoras mías. Si aquí el gremio se ha acabado, es por su culpa. Porque omiten cualquier gesto de cortesía con la empleada, y antes mal éstas son víctimas de los gritos y furias de sus empleadoras.

Sí. En mi condición de separado o divorciado, sé que las muchachas prefieren atender mil veces más a quienes disfrutamos de esta gozosa condición civil. Será, en efecto, porque no tienen que soportar a la señora de la casa todo el día jorobando, y porque los hombres somos más tolerantes y receptivos, y también más comprensivos, frente a quienes aparte de cumplir cabalmente su oficio, cuando lo hacen también son de carne y hueso, y tienen por eso virtudes y defectos, como todos los seres con los cuales hay que convivir.

Y talvez cuando ese oficio, casero o doméstico o como quiera definirse, alcance la dignidad de una profesión, como la de ser mesero o barman, jardinero o celador (ese sí que es otro tema candente, doctor Arango Mejía, por la explotación que existe de cuantos forman guardia en estas especies de cooperativas de seguridad urbanas), entonces probablemente volverán a resurgir las muchachas de servicio doméstico , con otra cara: con la de la transparencia y la decencia que debe tener todo empleo en lo que concierne a la relación patrono-trabajador. Que es lo que, con el transcurso del tiempo, la reivindicación que ha hecho la Corte Constitucional de los derechos de tales muchachas a lo mejor puede lograr.

Pero mientras esa relación de servicio tienda a ser de humillación y abyección, las criadas de que hablan aquellas señoras que tanto lamentan su ausencia, esas... no volverán.