Para leer a Luis Tejada

Para leer a Luis Tejada

En los últimos meses han publicado dos libros de y sobre Luis Tejada, el todavía ignorado escritor de la generación de Los Nuevos.

12 de abril 2008 , 12:00 a.m.

Ambos, de egresados de la carrera de Literatura de la Universidad Nacional, cuando hubo algún interés por los escritores colombianos y no se privilegiaba ni los salarios ni las teorías literarias: Luis Tejada, vida breve, crítica crónica (2005), de John Galán Casanova, y Nueva antología de Luis Tejada (2008), de Gilberto Loaiza Cano, quien junto a María Cristina Orozco, recopiló la obra del antioqueño, que reposa entre los anaqueles de la biblioteca de la UN.

El primero es una biografía bien confeccionada a partir de las investigaciones de los segundos. La antología, una selección de materiales recogidos por ellos a fines de los 80.

Luis Tejada (Barbosa, 1898-1924) es uno de los más notables cronistas líricos de la lengua, comparable a Larra y Umbral, y uno de los más lucidos críticos y retratistas sociales que haya tenido Colombia.

Hijo de maestros radicales y pariente de los Canos de El Espectador, aun cuando vivió sólo 26 años, dejó un repertorio de ideas y belleza, que ignorada por los ministros de educación, las nuevas generaciones de maestros comienzan a difundir entre el pueblo.

Canto, cuento e ironía, sus crónicas celebraron los signos modernos de la vida citadina: el ruido, la belleza de las mujeres de entreguerras enfundadas en medias de seda, de cuellos rubios y morenos; la música de los barrios marginados de las capitales del mundo y la ausencia de esa vida en la capital de Colombia, donde no había vitrinas ni maniquíes como en los Campos Elíseos o la Quinta Avenida, ni se oían la música y las canciones de la Dixieland Jazz Band o de Maurice Chevalier a pesar de las miles de pianolas, ortofónicas y chucherías que llegaron con los veinticinco millones de dólares de la indemnización por la pérdida de Panamá.

Tejada fue moderno en el centro de la edad media colombiana. De allí su lirismo y eternidad, pues con una intuición tercermundista sintió la soledad y la angustia del hombre y las mujeres “acorraladas, emparedadas y momificadas” del capitalismo.

Con sus reproches a la literatura colombiana, apegada a un falso clasicismo (“lo verdaderamente clásico es lo más opuesto a toda imitación servil; el clásico es más bien el creador”), sucedánea de meros efectismos de los imitadores de Rubén Darío, como sucedía con el peor Valencia y el mejor Barba, celebrando entonces a Vidales, Zalamea y De Greiff porque en “las épocas de intensa agitación espiritual, en los momentos de revolución, cuando todo se subvierte o se destruye, la gramática salta hecha pedazos, junto con las instituciones milenarias”.

Galán y Loaiza contribuyen a difundir esta obra que bien merece ser lectura permanente entre los colombianos. Hoy sabemos que la lectura de los propios autores permite a los adolescentes identificarse con el tono de las almas de sus antepasados.

Tejada, que además fue uno de los fundadores del Partido Comunista entre nosotros, murió en Girardot, tuberculoso y sifilítico.

" Con una intuición tercermundista sintió la soledad y la angustia del hombre y las mujeres ‘acorraladas, emparedadas y momificadas’ del capitalismo”.

Harold Alvarado Tenorio, poeta

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