HEIL HITLER.....!

HEIL HITLER.....!

La casa de Hitler , pintada de amarillo limón, se distingue a lo lejos en la esquina de la calle 2 con carrera 2 de Cajicá. Bajo el marco de la puerta de madera se asoma este hombre, que se acerca al siglo de vida y recuerda sus tiempos como guardia del Palacio de Berlín, en la II Guerra Mundial.

20 de abril de 1996, 05:00 am

Se llama Francisco Torres Quintero, pero no por ese nombre lo conocen muchos en este pueblo de ocho calles y doce carreras, al norte de la capital, entre Chía y Zipaquirá. Lo conocen por sus promocionadas gestas históricas, porque es el más viejo, porque habla con todos y por su llamativa casa frente a la antigua estación del ferrocarril y detrás de la parroquia de La Inmaculada Concepción.

A pesar de sus 95 años, Hitler , quien también fue miembro de la guardia privada del general Gustavo Rojas Pinilla, ordeña a diario su hato, monta en bicicleta, canta y coquetea a las mujeres y silba a los transeúntes.

Loco, loco no es el que silba, loco el que voltea a mirar , dice y lanza una estrepitosa carcajada que se mete por el pasillo de su casa y corre libre por la calle segunda.

Sabe de memoria los salmos de David y ama a Dios sobre todas las cosas. Habla pausadamente, como declamando un poema, y a medida que la emoción aumenta su voz también se entona. Una y otra vez mueve sus manos pequeñas con nudillos prominentes y dedos muy cortos, como su estatura.

Tiene unos diminutos ojos azules que no despegan la mirada y se iluminan cuando un desprevenido bachiller le da pie para predicar algún salmo, una cita apocalíptica o el evangelio del día.

La historia y el don Lo bautizaron tres veces: la primera hace 102 años en Runta (Boyacá), la segunda hace 95 años en Chocontá y la tercera en Villapinzón hace 82. Pero él dice que nació en el segundo de esos municipios el 17 de agosto de 1904. De allá llegó en 1942 a Cajicá, de donde todos creen que es natal.

Habla de política, religión, de Berlín, de la gente que lo cree loco y del don especial. Yo puedo, por medio de la oración, predecir la muerte de quienes están enfermos .

Angie Cifuentes Díaz, una habitante de Cajicá, recuerda que Hitler predijo que el tres de abril pasado moriría su abuelo Horacio Díaz. El vino y les dijo a mi mamá y a mi prima Patricia Vivas que mi abuelo no pasaba del miércoles y así fue .

Yo se cuántos días le quedan al Papa Juan Pablo... , dice Hitler , se quita el sombrero y se rasca la cabeza, No le pongo más de tres meses y un día. Es que el mundo se va a acabar por nuestro pecado . En ese instante un relámpago ilumina la tarde, luego retumba un trueno que anuncia la lluvia y el ruido le hace variar la ruta de la conversación.

Ahora las lágrimas se asoman a su rostro porque está recordando a su esposa, Encarnación Moyano, a quien perdió hace siete años. Ella me hizo un caballero, me dio una hija y me dejó rico, pero antes que todo me hizo feliz , y se quita el sombrero en señal de reverencia.

De pronto lanza un estrepitoso grito Hi Hitler , como saludo a alguien que pasa en bicicleta.

La guerra En 1936 recibió el grado de dragoneante y su sueldo mensual de 1,50 pesos le permitió comprar su reloj con leontina de oro y un arrastrado vestido para ir a visitar a su novia de esos días, Domitila Cortés.

Pertenecía al Batallón Caldas número uno, bajo el mando del general Miguel Abadía Méndez, y llegamos a Berlín en junio de 1944. Ustedes no se imaginan lo que es una guerra... , levanta los ojos y mira al cielo como si viera aviones de combate, se tapa los oídos como si escuchara el estruendo de motores y disparos...Yo no estuve en el campo de batalla, o si no estaría tuerto, manco, cojo o muerto .

Hitler da una vuelta y sonríe, su voz empieza a cambiar de tono y empieza el discurso: contrario a lo que todos piensan, Hitler no era un ser malvado, ni hijo del demonio, él solo hizo lo que tenía por orden divina, porque el único que hace lo que se le da la gana es Dios .

Wilson González, un auxiliar bachiller que está a su lado, no puede creer que él esté hablando de esa manera.

Hitler extiende la mano izquierda en la que tiene, según él, una herida de bayoneta que sufrió en Berlín. Además, en la frente tiene una pequeña mancha, al parecer, producto de un pequeño raspón con su sable, sable que desarchivó hace pocos días para que la gente no lo vuelva a llamar viejo loco .

Más que conocido Yo vengo del rincón santo por ver el jardín de flores y por saludar al siempre alegre señor Francisco Torres , le recita Rafael Eduardo Bernal, más conocido como El coplero cajiqueño , a Hitler .

Son amigos desde hace 25 años cuando se conocieron en una verbena popular y se enfrentaron en una competencia de canto que nadie sabe quién ganó.

Rubén Darío León, un joven de la localidad, dice que envidia a Hitler porque él, con 95 años, nunca está triste, y lo veo y me pasa toda la amargura que a veces me da .

Es amigo también de la alcaldesa Amparo Amaya y de la jefe de la Policía local, Martha Alfonso, de quien dice: mi comandante, es una cosa muy divina .

Tal vez cuando muera, algunos paisanos que lo creen loco, desenterrarán el uniforme gris pálido con rayas rojas, que lució en Berlín, el kepis, la bayoneta y un revólver calibre 38 con tambor al lado de 6 litros, que le regaló su general Gustavo Rojas Pinilla, al único que se le podría decir: Excelentísimo Señor Presidente y generalísimo jefe del Estado Militar Conjunto , El día de su partida se habrá ido una historia, un hombre que todos conocen pero nadie sabe de dónde vino.