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Kosovo respira independencia

Winston Churchill dijo que los Balcanes generaban más historia de la que podían asumir. Su sentencia se cumple de nuevo, con el inminente nacimiento, en el corazón de la región más convulsionada de Europa, de la República de Kosovo: el segundo Estado europeo de mayoría musulmana después de Bosnia-Herzegovina (si se asume que la mayor parte de Turquía no está en Europa).

Si todo va según lo previsto, Washington reconocerá al nuevo país, hoy una provincia de Serbia. La Unión Europea no podrá hacerlo en bloque por la negativa de seis miembros (Rumania, Chipre, España, Eslovaquia, Hungría y Suecia).

Sin embargo, los albano-kosovares aseguran contar con la promesa de reconocimiento de más de 100 países.

Rusia, tradicional aliada de Serbia, rechaza radicalmente la declaración de independencia, vetará su reconocimiento por el Consejo de Seguridad.

A pesar de los reconocimientos, la independencia es de dudosa legalidad sobre el papel porque viola la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU, que establecía el respeto a la integridad territorial de Serbia y ponía a Kosovo bajo autoridad de la ONU.

Consultada por EL TIEMPO, Jennifer Jackson-Preece, del Instituto Europeo del London School of Economics, afirmó que la “única base legal de la independencia kosovar sería un acuerdo negociado entre las partes directamente involucradas”, es decir, entre Pristina y Belgrado.

‘Serbia debe mirar al futuro ’ Charles Grant, uno de los grandes especialistas en los Balcanes y director del londinense Centre for European Reform, piensa otra cosa. Los serbios, le dijo a EL TIEMPO, “perdieron el derecho moral a gobernar Kosovo” por su maltrato a los kosovares durante los años de Milosevic. “Si Milosevic no hubiera iniciado una política de limpieza étnica de la población musulmana en 1998, Kosovo hoy sería parte de Serbia”.

Ahora, añadió Grant, Serbia “debe enfocarse en su futuro, que es el de ser miembro de la UE. Debe dejar Kosovo, que simboliza su pasado”.

El reelegido presidente serbio, Boris Tadic, juró su cargo con la advertencia de que “nunca renunciará a luchar por Kosovo”. Pero Serbia tiene poco margen de maniobra y ve cómo se le desgaja otra porción de territorio, precisamente la región que considera cuna de la patria y que alberga sus más antiguas y veneradas iglesias, joyas del arte bizantino medieval.

En 1389, en la batalla del Campo de los Mirlos, en pleno Kosovo, las tropas turcas aplastaron a los serbios. Desde entonces, estos se conjuraron para recuperar la provincia y allí estuvieron hasta que en 1999 los bombardeos de la OTAN obligaron a su presidente, Slobodan Milosevic, a sacar sus tropas del territorio, donde estaban cometiendo lo que para el Tribunal de La Haya fueron crímenes de guerra.

Daniel Korski, experto en los Balcanes del European Council on Foreign Relations, cree que a pesar de no contar con una resolución explícita que respalde la independencia, “esta es la única opción política correcta” en este momento.

Sobre las opciones que tendría ahora Serbia, Korski le dijo a EL TIEMPO que son limitadas y que, “una vez que Kosovo declare su independencia, las zonas serbias de Kosovo podrían hacer una declaración de dependencia para seguir vinculadas al estado serbio”.

Un ejemplo que preocupa Según Grant, “a veces las fronteras tienen que cambiar. El mundo se ha acostumbrado a ver una Irlanda separada de Gran Bretaña, a una Eritrea separada de Etiopía o a un Bangladesh de Pakistán”.

Pero dentro de la UE, que promete acoger a Serbia en su seno apenas cumpla los requisitos, esto genera muchos temores, pues varios movimientos independentistas están mirando con lupa lo que ocurra en Kosovo: Flandes, en Bélgica; el País Vasco y Cataluña, en España, Córcega, en Francia, e incluso Escocia, son solo algunos ejemplos.

Por lo pronto, el parlamento kosovar ya aprobó una moción que permite adoptar, en 24 horas, las leyes necesarias para proclamar la independencia.

Nace Kosovo y podría haber dos imágenes: los kosovares festejando en las calles de Pristina. Y los serbios de Kosovo huyendo en masa hacia Serbia protegidos por soldados de la OTAN. ¿Un episodio de limpieza étnica amparado por la comunidad internacional?.

UNA DE LAS ZONAS MÁS POBRES DE EUROPA.

Si algo está claro, es que la comunidad internacional va a tener que meterse la mano al bolsillo, y a gran escala, si quiere ver un Kosovo independiente.

Más del 60 por ciento de su población en edad laboral se encuentra desempleada (75 por ciento en el caso de los jóvenes ); el 37 por ciento está por debajo del umbral de pobreza y el 25 por ciento es analfabeta.

La UE ya ha invertido 1,6 billones euros en Kosovo, pero se va a necesitar mucho más, porque Kosovo no produce prácticamente nada y su agricultura se asfixia en el minifundismo. Aunque sus grandes reservas de carbón, zinc y níquel son fuente de esperanza.

Buena parte del país vive de las remesas que envían los que trabajan en el extranjero, pero también del contrabando y el blanqueo de dinero del narcotráfico en una estructura social donde predominan los clanes. Razón por la cual muchos se preguntan si el futuro primer ministro, Hasmin Thaçi, vencedor de las elecciones legislativas de noviembre y antiguo líder del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK), podrá levantar un Estado de derecho

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
17 de febrero de 2008
Autor
IDAFE MAERTÍN PÉREZ

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