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TURISMO CUNDIBOYACENSE

De las pocas cosas nuevas de la reconstituyente cabe anotar la de integrar movimientos regionales. No para amenazar con separaciones absurdas, sino para fomentar entidades de gran provecho nacional. Y tomemos como ejemplo el esfuerzo de una de las industrias más importantes, como es la del turismo. Colombia tiene el privilegio de contar con sectores turísticos de muy variados ambientes y condiciones. En primer término, la Costa Atlántica, con sus maravillosas playas y sus admiradas ciudades, especialmente Cartagena, Santa Marta y Mompós, en cuanto se refiere al patrimonio colonial. Pero además existen zonas como las de San Agustín; la de Leticia en nuestro majestuoso Amazonas. La impresionante Guajira; la bella y rica región cafetera del occidente colombiano. La fertilidad maravillosa del Valle, del Cauca y de Nariño. Las espectaculares zonas del Pacífico y de los Llanos Orientales, y los idílicos paisajes santandereanos.

Pero queremos resaltar en esta nota la zona cundiboyacense, con su propia capital de la república, en donde en esta y en el departamento de Boyacá se lograron los actos gloriosos de nuestra historia nacional. Pero no solo es importante el turismo por el aspecto histórico que toda esta región cundiboyacense les ofrece a propios y extraños. En ella abundan paisajes bellísimos. Sitios naturales de excepcional interés, como las Salinas de Zipaquirá, el río Magdalena en Girardot, los lagos de Fúquene y Tota, la Sierra Nevada del Cocuy. En Paipa las aguas termominerales más ricas del mundo según expertos europeos que desde el siglo pasado las analizaron. Y un patrimonio colonial desde Bogotá, Zipaquirá, Tunja, Villa de Leyva y Monguí, para citar unos pocos. Y qué decir del aspecto histórico, principiando por los gloriosos y abandonados Altares de la Patria, Pantano de Vargas y el Puente de Boyacá. Y desde luego, la propia capital del país, por donde ha corrido nuestra heroica y apasionante historia. Y con sitios como el Museo del Oro, único en el mundo, etc.

Lamentablemente la Corporación Nacional de Turismo, desde su creación, se ha dedicado casi por completo a un total centralismo costeño. Por eso ahora se debe emprender, entre departamentos como Cundinamarca y Boyacá, una labor efectiva para organizar debidamente la industria turística en todos sus aspectos. E invitar al hermano departamento de Casanare, que fuera de su potencial petrolero tiene también diversas maravillas turísticas. Y teniendo a la gran ejecutiva María Paulina Espinosa de López, en Bogotá, se podrá lograr un mayor éxito.

Así pues, es hora de ponerle Pun-Pun al turismo cundiboyacense, donde gracias a Dios, no hay pun-pun guerrillero.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
4 de febrero de 1992
Autor
CARLOSE

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