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FERIA DE JONRONES

Cada vez que se hace una reforma en cualquier actividad, las personas que tienen que ver con las modificaciones, están pendientes a las repercusiones que se deriven. El caso del béisbol de Grandes Ligas no es la excepción. Todos estamos listos para analizar lo ocurrido desde cuando decidieron aumentar la zona de strike, que se da desde el 31 de marzo, cuando se inició la campaña de este año.

Para esta temporada se puso en práctica una zona de strike que va desde el mentón hasta un poco más abajo de las rodillas. Esto con el fin de agilizar los juegos, ya que muchos bateadores llegaban a la caja ofensiva con el objetivo de negociar un boleto de cortesía , sacrificando a los lanzadores.

Ahora tienen que sacar el bate porque el árbitro no vacila en cantar strikes con lanzamientos que en otras épocas eran considerados malos. Los encargados de enfrentar a los bateadores consideraron en principio que tendrían ventaja debido a que había más espacio por donde esconder la bola. Sin embargo, parece que no ha sido así: los batazos están a la orden del día en los estadios.

Los lanzadores estaban convencidos de imponer su ley, pero la realidad es otra. El promedio de cuadrangulares por juegos está por encima de 2.5, el más alto en los últimos años. Hay días en que se dieron 50 batazos de circuito completo y peloteros como Gary Schefield, de Los Marlins, y Brady Anderson, de Baltimore, alcanzaron metas que no tenían presupuestadas mientras transcurría la primavera.

Esto apenas por mencionar dos, ya que la feria ha sido grande y la ofensiva está muy por encima de los lanzadores. Para los aficionados estadounidenses, la modificación ha sido beneficiosa, ya que, como el nocaut en el boxeo, un batazo de vuelta eleva a su máxima expresión cualquier manifestación de júbilo.

Por mantener vivo el interés de los aficionados de asistir a los escenarios, se considera como positiva la reforma hecha por los encargados de legislar en las Grandes Ligas. Los buenos lanzadores siempre serán ganadores. Si le conectan unos cuadrangulares más, sus compañeros se encargarán de vengarse con el lanzador contrario. Es por eso que se dan carrerajes altos, pero los mejores seguirán primando.

En lo que a marcas ser refiere, ya se presentaron algunas importantes, como la de Barry Bonds, de San Francisco, quien inscribió su nombre al lado del de su padre, entre el grupo de los que han conectado más de 300 vuelacercas con semejante número de bases robadas. Y de otro lado, Gary Schefield y Brady Anderson se colocaron con Natle, Scmith y Stargel en el selecto grupo de los que han sacado más la pelota de los estadios en el primer mes de campaña, con 11.

Ahora les toca a los lanzadores tratar de colocar mejor sus bolas y afinar su puntería. No dejar la bola tan alta aunque la zona haya aumentado. Más bien, restarle poder con ofrecimientos un poco debajo de las rodillas. Ellos están encargados de encontrar la fórmula para amainar la lluvia de jonrones que está cayendo en Grandes Ligas.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Deportes
Fecha de publicación
3 de mayo de 1996
Autor
ALBERTO AGAMEZ B. Especial para TIEMPO CARIBE

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