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Las megabibliotecas, corazones de Bogotá

La megabiblioteca pública Virgilio Barco es imponente en su arquitectura, con sus canales de agua, sus fuentes y su ladrillo. Diseñada por Rogelio Salmona, en su interior lo que más se ve son familias dedicadas a la lectura.

La de El Tunal atiende a poblaciones que llegan de cinco localidades y es como el segundo hogar de muchos niños de ese sector del sur de Bogotá. Las voces y los pasos rápidos de los menores se sienten en cada uno de sus rincones.

Y la del Tintal es la turística. Familias enteras llegan a visitarla para ver cómo este edificio se levanta encima de lo que algún día fue una planta de basuras. También, es un sitio donde muchas personas de la tercera edad le han encontrado sentido a sus vidas.

Estas tres bibliotecas hacen parte de la Red de Bibliotecas Públicas de Bogotá (BibloRed), con seis bibliotecas locales y 10 más de barrio.

Entre todas reciben alrededor de 5 millones de visitantes al año, lo que llevó al Ministerio de Cultura a reconocer a BibloRed como uno de los 10 Hechos e Instituciones de la Cultura en la última década. La convocatoria para esta designación la hizo la Casa Editorial EL TIEMPO.

Dentro de los hechos culturales también fueron reconocidos el Festival Iberoamericano de Teatro, la Biblioteca Luis Ángel Arango, La Ley del Cine y el auge de las películas colombianas, el Carnaval de Barranquilla, los museos Botero de Bogotá y Medellín, las revistas culturales El Malpensante, Número y Arcadia, la perseverancia del Teatro La Candelaria, la creación de la categoría vallenata en el Latin Grammy y el éxito internacional de la telenovela Yo soy Betty, la fea.

Todas las megabibliotecas, con menos de una década de construidas, ya hacen parte de la cotidianidad de sus comunidades.

Les han llegado con actividades gratuitas (además de los libros, cine, Internet, conferencias, exposiciones y talleres).

A El Tunal van cerca de 3.500 personas al día. A El Tintal, 2500, y a la Virgilio Barco, 3.400.

En lo que va corrido del año han prestado 117.000 volúmenes. Su número de afiliados es de 141.605 personas (cifra hasta septiembre 30).

Cada una tiene su esencia y su característica, y a propósito del galardón de MinCultura se las contamos.

En El Tunal quieren atrapar papás .

Esa es la consigna de Robinson Arellano, el director de la biblioteca pública El Tunal: atrapar a los papás para que acompañen a sus hijos en las jornadas de lectura.

Porque niños es lo que tiene esta megabiblioteca, que atiende a las poblaciones de cinco localidades de Bogotá: Usme, Ciudad Bolívar, Tunjuelito, San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe y Antonio Nariño.

Según Arellano, hasta allí llegan niños caminando desde barrios tan lejanos como Sierra Morena, en Ciudad Bolívar, a más de una hora a buen paso, “y lo hacen porque quieren leer, entrar a internet, participar en algún taller, cambiar de paisaje...”.

O ver las películas que presentan los sábados a las 10 a.m., casi todas para niños.

Los adultos mayores también son un público bien importante aquí. Arellano cuenta que muchos de los que conforman el Club del Abuelo llegaron sin saber leer y hoy ya manejan el computador, les mandan e-mails a sus nietos que viven fuera del país y leen algún libro, mientras esperan al nieto pequeño que está haciendo tareas en alguna de las salas de la biblioteca.

El Tintal cambió todo un sector.

Caroline Lugo, directora de la biblioteca El Tintal, se siente orgullosa de este lugar.

Conoce a la gran mayoría de sus usuarios. Por eso, cada vez que llega alguien diferente, va tras él. Pero no siempre puede. Cuenta que hace algunos días empezó a ir una familia (papá, mamá y dos niñas pequeñas).

“A las bebés las dejaban en la ludoteca mientras ellos iban a Internet.

Supimos que eran desplazados, sin trabajo y sin un sitio para vivir. Que dormían en una caseta de vigilancia”, cuenta Lugo.

Pero los perdió de vista cuando quiso averiguar más. “Y hubo un hecho que nos alertó: nos pidieron que les cuidáramos las niñas mientras iban a hacer una vuelta. Les dijimos que no y de inmediato se fueron”.

En su biblioteca siempre hay niños: buscan libros, entran a Internet, conversan. Y también, un señor mayor que va a diario y solo lee enciclopedias y diccionarios.

La biblioteca no se queda ahí. Tiene un programa de lectura en el hospital de Kennedy, para los niños quemados.

La Virgilio Barco, biblioteca familiar.

Una vez a la semana, una mujer y sus cuatro hijos, de entre 10 y 4 años, llegan a la biblioteca Virgilio Barco.

Van en plan de lectura y pasan allí todo el día. A la hora del almuerzo, salen fuentes de una canasta.

Y cuando leen el cuadro es hermoso: los niños abrazan a su mamá. Según Luz Yaneth Espinosa, la directora de la Virgilio Barco, “es una imagen de ternura única”.

Espinosa nunca se le ha acercado a ese grupo, pero el simple hecho de verlo le demuestra que sí, que esta es la biblioteca de las familias.

Espinosa está en el cargo desde hace dos años, tiempo en el cual ha aprendido a identificar a sus visitantes.

“No estamos en medio de un barrio ni de una comunidad, pues nuestro vecino más cercano es el parque Simón Bolívar, que queda al frente, pero este sí se ha vuelto un punto estratégico de la ciudad, un centro cultural muy importante para localidades como Barrios Unidos, Chapinero, Teusaquillo”, dice.

Agrega que allí llegan desde papás con hijos hasta abuelos con nietos y tíos con sobrinos, y montones de bebés que descubren los libros a través de colores llamativos y texturas que les dan la impresión de que son juguetes.

Para Espinosa, “su” biblioteca, como la llama, es un sitio de igualdad. “El grupo de adultos mayores es muy importante. Aquí, muchos de ellos han encontrado una razón de ser. Se han acercado a la tecnología a través del computador y ya se volvieron un referente para los empleados de la biblioteca, a quienes nos ven como sus hijos”.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
15 de diciembre de 2007
Autor
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