Cerrar

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

LOS SECRETOS DE LA MONITA RETRECHERA

Ernesto Samper: Mona, pero cómo hago para volarme si tengo un programa de televisión acá? Le hice un campito a las doce y media. Venga, no sea así de retrechera. Elizabeth Montoya: No, Ernestico, por favor. Por favor, no me vayas a hacer quedar mal. Yo que tanto te quiero, no me vayas a hacer quedar mal. Son diez minutos.

Estas 56 palabras, grabadas clandestinamente, sacaron del anonimato a Elizabeth Montoya de Sarria, una mujer millonaria y excéntrica.

El martes de la semana pasada su fantasma volvió a recorrer las páginas del Proceso 8.000. Esta vez, fueron los investigadores del Presidente los encargados de desempolvar su expediente, con el propósito de despejar los interrogantes sobre sus nexos con Ernesto Samper, la campaña liberal y con el narcotráfico.

Su misteriosa muerte y sus vínculos con representantes del alto gobierno como el ex edecán del presidente Samper, coronel de la Policía Germán Osorio Sepúlveda han hecho del caso Montoya una pieza fundamental dentro de la investigación que pretende establecer el ingreso de dineros del narcotráfico en la pasada campaña presidencial.

Sin embargo, tres meses después de su asesinato, el DAS y la Fiscalía aún no se han puesto de acuerdo acerca de si se trató de un crimen pasional o de una estrategia para silenciar un valioso testimonio.

Por el momento, ocho personas están vinculadas a la investigación. No obstante, su vida sigue siendo un verdadero enigma para las autoridades.

Por eso, con fundamento en documentos, testimonios de empleados, amigos y familiares, información archivada en bases de datos en Colombia y Estados Unidos, y colaboración del periódico Miami Herald, la Unidad Investigativa de este diario (UI) reconstruyó la vida de la Monita .

La elegante cuyabra La vida de esta millonaria mujer terminó en una bandeja metálica del anfiteatro de La Estanzuela, un barrio del sur de Bogotá. El cuerpo tenía una etiqueta de NN que colgaba del dedo gordo del pie derecho.

La Monita había nacido el 25 de mayo de 1949 en El Paraíso, un barrio de clase media en el suroccidente de Armenia. Allí vivió su niñez y gran parte de la adolescencia.

Su familia era de escasos recursos, por eso Eliza , como cariñosamente le decían, alternaba sus estudios con la atención de un pequeño puesto de comestibles que su madre tenía en la Plaza de Ferias de Armenia.

La difícil situación económica hizo que Eliza sólo estudiara hasta cuarto de bachillerato en el Colegio Oficial de Señoritas, hoy conocido como Colegio Santa Teresa.

Tenía apenas 14 años cuando abandonó sus estudios. En ese momento, decidió viajar a Estados Unidos a probar suerte. En 1963, con unos cuantos dólares en la maleta, se embarcó a Miami.

Al parecer, su ingreso a Norteamérica fue legal, puesto que ese mismo año su nombre apareció en los archivos del Seguro Social de Puerto Rico Estado libre asociado de Estados Unidos bajo el número 583013244.

Años más tarde, no sólo la unía a ese país el seguro social. Se había casado con el arquitecto Ernesto Leyva a finales de los setenta, y algunos de sus negocios empezaban a despegar.

En octubre del 81, la Monita , que en ese entonces tenía el pelo negro, pidió el divorcio en Los Angeles.

Pero extrañamente, existen dos fechas oficiales en las que se lo concedieron: agosto 30 de 1982 y octubre 17 de 1983.

El divorcio no es lo único que Elizabeth Montoya había conseguido por partida doble. Antes de que se oficializara la disolución, Eliza se casó con Jesús Amado Sarria, alias Chucho, el ex suboficial de la Policía detenido en la Cárcel del Barne. A Chucho lo acusan de narcotráfico y de enriquecimiento ilícito.

El 28 de noviembre de 1981 se casó, por primera vez, con Chucho en Las Vegas (Estados Unidos). Luego repitió la boda en Los Angeles, el 11 de junio de 1982. Para entonces Jesús Sarria tenía 29 años y Elizabeth, 33.

Ya con el apellido de su segundo esposo en los documentos, se radicó en Los Angeles, en cuyos suburbios compró un hermoso palacete estilo medieval.

Sin embargo, nunca dejó de frecuentar Miami, donde por largo tiempo tuvo una joyería. Allí figuran a su nombre dos apartamentos y cinco automóviles: un Mercedes Benz color gris, un BMW, y un Jaguar, entre otros.

Eliza también aparece como propietaria y socia de múltiples negocios ubicados en Los Angeles y dedicados a la venta de planes de viaje y textiles.

La Monita también poseía condominios en Aruba y Colombia, prestaba dinero a toda clase de comerciantes y entregaba jugosas contribuciones mensuales a políticos prometedores.

Regalos y amenazas Su generosidad era reconocida por sus amigos. A uno de ellos, por ejemplo, le regaló un reloj Rolex de oro con incrustaciones en diamante, como muestra de su afecto. Pero el carisma y simpatía de la Monita contrastaban con su temperamento vengativo.

Una de sus ex empleadas narró cómo en varias oportunidades escuchó a Elizabeth Montoya amenazar de muerte a conocidos que antes habían participado en sus negocios.

Detrás de sus numerosas empresas legales se escondían otras actividades.

La Monita aparece en los registros de la Agencia Federal de Inteligencia (FBI) desde hace más de una década por supuesta posesión de cocaína.

En su expediente, el número 137733, figura un arresto efectuado el cuatro de abril de 1986 por posesión de narcóticos. También aparece un oficio en donde se advierte que dichos cargos fueron retirados mediante una figura jurídica denominada Furtherance of justy (colaboración con la justicia).

Eliza figura en estos archivos como sospechosa desde 1980. En Estados Unidos seguían de cerca sus movimientos, mucho antes de que en Colombia se diera a conocer su nombre.

Allá perfeccionó el inglés, pulió las buenas maneras adquiridas en el Colegio de Señoritas de Armenia e hizo las conexiones suficientes para comerciar con diamantes.

Cuentan algunos de sus amigos más cercanos que era una apasionada por estas piedras preciosas y que, además, era experta en comprarlas y venderlas en el mercado negro. Incluso aseguran que una desafortunada transacción la llevó a la muerte.

Los caballos En la plaza de mercado donde vendía comestibles cuando era niña, se realizan anualmente dos concursos equinos a nivel nacional.

Vecinos de la familia dicen que así nació el interés de Elizabeth por estos animales, hasta tal punto que compró el criadero Lady Di de Tuluá, uno de los más famosos y costosos del país.

Años más tarde, trasladó su afición equina a la sabana de Bogotá y compró una finca en el municipio de Cota (Cundinamarca), que adaptó como criadero y bautizó con el mismo nombre.

Un día hallaron muerto a su caballo preferido, y de inmediato ordenó que lo enterraran en la cancha de fútbol de una de sus fincas, con una silla de montar que tenía incrustaciones en oro y diamantes.

Elizabeth Montoya les daba dinero a algunos jueces de exposiciones equinas para que sus caballos quedaran campeones. Alguna vez, cuenta una ex empleada, cogió varios ejemplares de una famosa familia de caballistas paisas, les puso sus sellos y los presentó como propios.

Las armas eran otra de sus atracciones. En su casa de Miami, por ejemplo, siempre tenía a mano una escopeta calibre 12, pistolas Smith Watson 9 milímetros y varias carabinas calibre 22. En Colombia, cargaba siempre una pistola Pietro Baretta 9 milímetros.

En cuestión de ropa, no tenía nada que envidiarle a princesa alguna de las monarquías europeas. Casi todo su ajuar venía de las más importantes casas de moda de Milán y París: Gucci, Mocchino, Escada y Christian Dior. Casi siempre se inclinaba por el color negro.

Sus 148 pares de zapatos, 278 blusas, 105 buzos, 70 conjuntos y 47 botines, los clasificaba según el color y los guardaba en un amplio walking closet en su mansión del barrio Santa Ana Oriental en Bogotá.

Uno de sus amigos más cercanos señaló que era una compradora compulsiva.

Su comida favorita era los chicharrones con arepa paisa y la comida de mar. Gustos gastronómicos bastante criollos que acompañaba, en algunas ocasiones, con champaña Cristal, una exclusiva bebida que llevaba incluso a los paseos a sus fincas, y que su médico de cabecera le prohibió consumir, porque corría el riesgo de intoxicarse si lo combinaba con las pastillas para la dieta.

Y aunque no hacía mucho ejercicio, le encantaba caminar y escuchar canciones de Vicente Fernández, Ana Gabriel y Rocío Durcal.

Quienes la conocieron de cerca aseguran que era una mujer muy simpática, pero que la belleza no la acompañó ni siquiera en su juventud. Consciente de su obesidad, se hizo alrededor de diez cirugías estéticas.

Al momento de su asesinato aún tenía rastros de la última liposucción que le hizo un famoso médico, cuyo consultorio es visitado por varias señoras del jet set bogotano.

Monita mitómana? Eliza también era aficionada a inventar y a exagerar historias sobre su vida. En esto coinciden algunos de sus familiares, empleados y amigos.

Aseguraba, por ejemplo, que su fortuna vino de una herencia dejada por su primer compañero, un americano, socio de Maurice Tempelsman, rico importador de diamantes que convivió con Jacqueline Kennedy durante 11 años.

También alardeaba con sus amigos, contándoles que había invitado a Michael Jackson a su mansión en Los Angeles, para que recreara el cumpleaños de su hija Estefanie. Una de las personas que asistió a esa fiesta corroboró la versión de Eliza , pero aseguró que el Michael Jackson de la Monita era un doble.

No pocas veces, Elizabeth Montoya juraba a los cuatro vientos que uno de sus hijos había ingresado a la Drug Enforcement Agency (DEA), que ella poseía un cuadro original del pintor italiano Botichelli y que nunca había exportado un solo gramo de cocaína, pues, según ella, se limitaba a prestarles dinero a los carteles a intereses muy altos.

Una persona de su confianza narró que ella introdujo a Jesús Amado Sarria en la santería. Ambos fueron al Africa a hacer un rito especial en el que los enterraron en la arena, los rodearon de serpientes y les obligaron a repetir una extraña oración.

También cuenta que en San Andrés se quedaban hasta las cuatro de la madrugada matando chivos para la santería .

Y fue en medio de uno de estos ritos en el que terminó su vida. La tarde del 31 de enero irrumpieron en un apartamento del noroccidente de Bogotá, varios hombres con subametralladoras. Uno de ellos apretó el gatillo.

En menos de dos segundos, 13 balas calibre 9 milímetros atravesaron a Elizabeth Montoya de Sarria y abrieron otro capítulo en el Proceso 8.000 que aún no se ha terminado de contar.

La Monita y Samper Se ha especulado mucho sobre la relación que mantenían Elizabeth Montoya y Ernesto Samper desde la célebre diálogo telefónico. Sin embargo, durante el desarrollo del proceso han ido apareciendo varios indicios que revelan una relación más estrecha entre el Presidente y la Monita .

En dicha conversación Elizabeth Montoya se refirió a un ofrecimiento, en dinero, para la campaña liberal, procedente de los presidentes del Inter Bank y de la Phillip Morris . En esa misma llamada, la Monita le anunció un obsequio especial para su esposa, Jacquin Strouss: un anilllo de diamantes.

En una de sus indagatorias, Santiago Medina le aseguró a la Fiscalía que la Monita manejó la tesorería de Samper en los departamentos del Valle, Cauca y Nariño, en la campaña de 1990.

Ese mismo día entregó una fotocopia de un fax, en el que Nelson Urrego un presunto narcotraficante le anunciaba a Elizabeth Montoya el envío de cien mil dólares como contribución a la campaña Samper. Estos hechos los investiga la Fiscalía.

Paralelamente, la Monita también fue mencionada por la testigo secreto de la DEA, identificada como María , quien aseguró haber sido el enlace entre el cartel de Cali y Ernesto Samper en la campaña presidencial de 1990, cuando el entonces candidato liberal estaba buscando ayuda económica para financiar su campaña.

En septiembre de 1995 se publicaron dos cheques, por 40 millones de pesos, girados a nombre de Alexia y Jihn Barreto, ex empleados del Hotel Marazul, empresa de propiedad de Jesús Amado Sarria y de Elizabeth Montoya.

Los cheques fueron a parar a la campaña samperista y después se endosaron a la firma Radiodifusores Unidos, para cancelar deudas de publicidad radial.

Finalmente, los primeros días de abril del presente año, la revista Semana reveló los registros de 22 llamadas hechas del celular del Coronel de la Policía Germán Osorio Sepúlveda (ex edecán del Presidente Samper) a Elizabeth Montoya, dejando en evidencia la relación entre la Monita y el acompañante oficial del Presidente.

En plata blanca En Estados Unidos: -Licge Inc. Creada el 6 de agosto de 1987 en Los Angeles. Está activa.

-22 Carat Corp. Creada febrero 8 de 1988 en Los Angeles. Licencia suspendida en 1990 por irregularidades en la declaración de renta.

-Lizje Inc. Creada el 11 de septiembre de 1987. Licencia suspendida en 1990 por no pagar impuestos.

-Jasa International, ubicada en el 550 South Hill St. # 1415, Los Angeles. Se dedica a la venta de textiles y productos de hogar.

-Tres apartamentos ubicados en un barrio exclusivo de Miami.

-Cinco automóviles.

En Colombia: Al matrimonio Sarria-Montoya se le incautaron 49 propiedades, entre otras: -Tres apartamentos en el la Urbanización Hansa Coral Club Pleasant Point de San Andrés.

-La discoteca Confetis, ubicada en San Andrés -El Hotel Marazul Resort, en San Andrés -Nueve lotes ubicados en diferentes ciudades del país -Ocho motonaves -Cinco cabañas -Una docena de sociedades.

-Tres predios rurales, entre ellos, la hacienda Lady Di.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
28 de abril de 1996
Autor
UNIDAD INVESTIGATIVA

Publicidad

Paute aqu�

Patrocinado por: