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Mario Laserna le gana recuerdos al Alzheimer

¿Por qué no crear una universidad? ¿ Por qué no escribirle un correo a Albert Einstein y hacer que nos avale la idea? ¿Por qué no irme a estudiar a Estados Unidos matemáticas y física en lugar de química, como creyó mi papá? ¿Por qué no...?

Preguntas como esas rondaban en la mente de Mario Laserna Pinzón a sus 24 años, y gracias a ellas creó la Universidad de los Andes. Con las preguntas, recuerdan sus amigos, emprendía decisiones irrefrenables que terminaban en grandes ideas.

–Dicen que usted es obstinado y cuando se le mete algo...

“Exacto, –asegura dejando salir el matemático que es–. Siempre he tendido en la cabeza el desarrollo del país y el pensamiento moderno”, continúa y aflora el doctor en filosofía de la Universidad Libre de Berlín (Alemania), donde se hizo experto en Kant.

Sentado en su casa de La Candelaria, en Bogotá, frente al gobelino de San Francisco de Asís que tanto le gusta, intenta ganarle al Alzheimer los recuerdos que le quiere arrebatar y habla de sensaciones y conceptos con la misma lucidez con que lo hizo en la Universidad de Columbia (Estados Unidos), donde estudió matemáticas, o en Princenton, Nueva Jersey, donde hizo un posgrado en filosofía, o en París o en Austria, donde fue embajador de Colombia, o como senador por la Alianza Democrática del M-19.

“El momento más importante de mi vida fue cuando decidí que en Colombia cabía un sistema universitario de inspiración anglosajona”, dice mientras mira fijamente y acomoda las manos entre las piernas. Hoy, a sus 85 años, reconoce sin ambages que tenía razón al crear esa Alma Máter, que esta semana llegó a su aniversario 60.

Ahora no recuerda con precisión el instante de 1948 en el que se le ocurrió semejante idea, cuando los desmanes del bogotazo afectaron su casa familiar.

Pero para eso están sus amigos. Carlos B. Gutiérrez cuenta que fue mientras montaba en bicicleta por una campiña francesa, y que desde ese momento se dedicó a convencer a amigos que lo apoyaran.

“Se asemejaba al descubrimiento de América, cuando Colón recorría el continente europeo de palacio en palacio real buscando un patrocinador de su sueño para llegar a Cipango por el Océano”, dijo alguna vez el ex presidente Alfonso López M (q.e.p.d.).

La cercanía con Einstein Laserna también cruzó océanos. Como no conocía barrera alguna y le gustaba llevar la contraria, no vio razón para no escribirle al científico más importante del siglo XX, Albert Einstein, sobre su universidad y conceptos sobre ciencia, los mismos que aún lo desvelan. “Le mandó un correo y le preguntó si podía ir a visitarlo. Ocurrió y por el alto nivel intelectual de Mario se hicieron muy cercanos”, cuenta Gutiérrez. Como un trofeo especial, en el primer patio de la casa colonial donde vive Laserna, cuelgan en marcos negros las cartas que Einstein le envió.

Entre sus amigos también cuenta a Francisco Pizano, con quien aún conversa y se emociona al hablar de Nicolás Gómez Dávila, uno de sus mentores.

Hoy, este hombre que también dirigió tres medios de comunicación, permanece acompañado de Marleny Morales, una señora que antes de cuidarlo no sabía nada de él. “Me preguntan si me siento orgullosa de cuidar a un sabio y yo digo que sí, pero lo valoro más como persona”.

Ella le da los tres tintos que pide por las mañanas mientras escucha en Radio Súper a su hija Dorotea, lo acompaña al médico y le lee la Biblia.

También disfruta la visita de su hijo Juan Mario, que lo paseen en su carro, ver la Plaza de Toros y la universidad de los Andes.

–Voy por un cigarrillo, dice, pero ella le acerca una caja de Green Light y fósforos. Fiel a su estilo decide preguntar: – Y a usted, ¿qué le preocupa de la modernidad? Una respuesta calculada gracias a los consejos de sus amigos, que advierten que es exigente en el diálogo. Había que salvarse de escuchar: “No diga pendejadas”, palabras que, cuentan, es capaz de decir a cualquiera sin pudor.

No las dice y termina hablando de un tema que lo apasiona: el campo, su finca en el Tolima, a la que va porque termina convenciendo a sus cinco hijos de que lo lleven.

UN HOMENAJE DE LA U A SU FUNDADOR Con la meta clara de reafirmarse como una universidad orientada a la investigación internacional, la Universidad de los Andes celebra por estos días sus 60 años.

El aniversario también sirvió para inaugurar el edificio Mario Laserna, un espacio de 37.637 metros cuadrados, con tecnología de punta, destinados a desarrollar nuevas tendencias en la enseñanza de la ingeniería.

Son ocho pisos que abarcan una biblioteca, 56 laboratorios, salas de computadores y de estudio grupal, espacios para interpretación de partituras, un auditorio con capacidad para 600 personas y red inalámbrica en todo el edificio.

Carlos Angulo, rector de la Universidad, asegura que es un homenaje a las ideas de Mario Laserna : calidad e innovación.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Nación
Fecha de publicación
24 de noviembre de 2007
Autor
REDACCIÓN VIDA DE HOY

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