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FIESTA DE MATACHINES EN LA CUMBRE

La momia conversa con la bella jovencita mientras el toro arremete contra la gente y el gorila se acerca por detrás, alza a la joven e intenta llevársela. Tras el susto inicial, todo se convierte en risas y jolgorio. Son los matachines del barrio La Cumbre, que desde hace 25 años invaden las calles de Bucaramanga para llevarle a la ciudadanía un rato de diversión y esparcimiento.

Trajes de mil colores, máscaras que parecen caras de verdad, medias de colores diferentes y una vejiga de res atada a un palo hacen parte del uniforme que estos alegres personajes usan en sus juegos.

Los jóvenes del barrio se divierten instándolos a que los persigan. Si los alcanzan, deben entregarles monedas, que reclaman con un gruñido, pues un matachín jamás habla.

La fiesta principal se efectúa en este populoso sector del sur de la capital santandereana. Ciento cincuenta muchachos, cuyas edades están entre los 17 y los 20 años, se ponen disfraces con motivos alegóricos de animales o personajes de la vida de la ciudad.

Su origen está relacionado con las fiestas de Málaga, donde la gente se disfraza para salir a la calle. En La Cumbre, 12 hombres maduros se pintaron por primera vez el 8 de diciembre de 1967. Desde entonces, se mantienen los matachines.

Es así como se ve a Cara Bonita discutiendo con La Prostituta , o al Diablo empujando al Toro o conversando con La Momia o con alguno de los animales que componen el mundillo de los matachines.

Esta costumbre ha tenido sus altas y sus bajas, según el director de la Corporación Recreativa y Cultural Matachines Pío XII Barrio La Cumbre, Héctor Hugo Arteaga. La entidad fue creada para coordinar las actividades de los jóvenes que quieran hacer parte del festejo.

Los preparativos de la fiesta comienzan con anterioridad. Cada matachín aporta una cuota tres mil pesos este año que se destina a la compra de pólvora y de elementos para la confección de los disfraces y del Año Viejo o Carrancio , que exhiben en el desfile que se realiza por las calles de Bucaramanga el último día del año.

Los elementos de cada vestido cuestan, sin la máscara, 1.200 pesos. Vamos a las casas de confecciones deportivas y compramos dos o tres bultos de retazos de telas. Las máscaras, que pueden costar hasta ocho mil pesos, las diseñan ellos mismos , dice Arteaga.

Después, viene la confección del vestido. Una por una, se van colocando las pequeñas tiras de colores, hasta que el disfraz queda completo. Buena conducta Los disfraces deben estar listos el 24 de diciembre y se usan entre esta fecha y el final del primer puente de enero los días festivos y los domingos. Entonces, los coloridos trajes son guardados hasta fines del otro año, cuando sus portadores salen nuevamente a pedir monedas y a corretear a los niños de La Cumbre.

Ante el interés de algunos de participar, pero sin hacer ningún aporte, se decidió carnetizar a los integrantes del grupo. La condición fundamental para el ingreso de un nuevo miembro al grupo es una óptima conducta , dice Orlando Rivera, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio.

El buen comportamiento debe manifestarse en el desfile de Carrancios y comparsas que se hace por el centro de Bucaramanga, para el cual se prepara el grupo, pues tradicionalmente lo hemos ganado , según Arteaga.

En este singular concurso, las comunidades de unos 25 barrios de la Ciudad Bonita sacan a la calle los muñecos que construyen con motivo de la llegada del nuevo año.

Desfilarán con diferentes motivos. Los habitantes de La Cumbre, por ejemplo, realizarán este año un homenaje al cantante vallenato Rafael Orozco. Su imagen fue hecha con una exactitud casi fotográfica.

Posteriormente, viene su fiesta. En la única y arenosa cancha de fútbol que se encuentra en el sector, los matachines se reúnen con la comunidad mientras se prenden los juegos pirotécnicos.

Entonces, todos los Carrancios que durante el mes han adornado las puertas de las casas son llevados hasta allí para rendirle un homenaje al dios Vulcano. Allí termina su efímera existencia. Mientras el público delira y grita al son de la música y el aguardiente, los muñecos danzan, abrasados por el fuego, su primero y último baile: el de la esperanza de un año mejor. Una cumbre donde las necesidades abundan Para La Cumbre, ubicada en la parte alta de una de las colinas que rodean la meseta de Bucaramanga, la lucha contra las dificultades ha sido una constante.

Su infancia , allá en los años 50, transcurrió entre los lodazales que más tarde se convirtieron en carreteras. Allí solo llegaba un bus a la semana. Actualmente hay cuatro rutas.

Las casas fueron construidas por sacerdotes, quienes les vendieron a los actuales pobladores. En un principio solo habían tres casas que se levantaban entre la tierra roja manchada por vetas amarillas que compone el subsuelo de la colina.

Sus habitantes, personas muy pobres, aparecieron allí hasta conformar el barrio con más de cincuenta mil habitantes , dijo el presidente de la Junta de Acción Comunal, Orlando Rivera.

Las viviendas, todas de un piso, conforman un armónico conjunto que solo lo interrumpe el enorme tanque de agua que surte el acueducto. Obreros, empleados y estudiantes solo quieren trabajar por un futuro mejor. Próximamente inaugurarán un colegio de bachillerato para unos 1.300 estudiantes. Asimismo, planean la construcción de una concha acústica y un puesto de salud que les ofreció el Ministerio de Desarrollo.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
31 de diciembre de 1992
Autor
ALFREDO ESCOBAR

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