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UN CASO DE DISCRIMINACIÓN

El sábado 6 de noviembre, en la página 3C, aparece la fotografía que ilustra esta columna con un pie de foto que dice: Una de estas reinas no es como las otras, una de estas reinas no es igual... Adivine cuál es la de Bogotá, cuál es la del Valle y cuál no es candidata al Reinado Nacional de la Belleza . A simple vista, se observa que una de las personas que aparece en la fotografía es uno de los maquilladores de las reinas. Y en ese momento, a juzgar por los pinceles que tiene en la mano, está realizando su trabajo, que por demás ni es ilícito ni es indigno.

Hoy nos referiremos a este caso por considerarlo, no solo de mal gusto, sino, además, un flagrante caso de discriminación.

Ha dicho un lector: Los lectores homosexuales de su prestigioso periódico, que no somos pocos, merecemos respeto. Faltan al buen gusto y a la ética periodística pies de foto como el que le adjunto. (Fdo.) Lector homosexual de EL TIEMPO aburrido de la discriminación permanente .

En verdad, en el caso que nos ocupa, el pie de foto no solo es discriminatorio sino que raya con el mal gusto. Que sentido tiene poner de manifiesto a los lectores la supuesta condición personal de un ciudadano? Las calidades que cada uno posee hacen parte de su derecho a la intimidad. Y no sobra recordarles a los periodistas que el derecho a la intimidad prima sobre el derecho a la información, como reiteradamente lo ha sostenido la Corte Constitucional.

Una de las cosas más peligrosas que le puede pasar al periodismo es caer en los etiquetamientos. No sabemos cuáles fueron los elementos de juicio que tuvo la persona que escribió el pie de foto para hacer, veladamente, la afirmación de que este ciudadano es homosexual. Pero lo cierto es que repugna al rigor periodístico el hecho de rotular a alguien por la labor que desempeña.

No puede ser un periodismo objetivo, serio y responsable aquel que pone de presente determinadas situaciones de las personas en razón de su raza, creencia, sexo, condición económica o profesión, para luego descalificar al ciudadano por la actividad que realiza.

Eso equivaldría a aceptar que afirmaciones como el negro Mandela o el médico judío , por solo mencionar algunos casos, son válidas como forma de periodismo.

Ya lo habíamos dicho cuando nos referíamos a una información que daba cuenta de un premio concedido a un médico israelí a quien EL TIEMPO había calificado de un médico judío .

La discriminación, además, no solo está proscrita por la Constitución Nacional, sino que resulta una de las peores formas de violencia.

Esperamos que esta clase de situaciones no se vuelvan a repetir.

En lo sucesivo, los redactores tendrán que ser más cuidadosos cuando se trate de elaborar este tipo de informaciones.

No faltaba más que, a finales del siglo XX, todavía se estén presentando casos de discriminación, promovidos además por un medio de comunicación tan serio y respetable como EL TIEMPO.

Libres! o Libres.

Tituló este diario el pasado jueves 18 de noviembre, en la página 6A, una información en los siguientes términos: Libres!, sindicados de muertes en Unilibre .

Resulta irresponsable que un periodista, sin tener elementos de juicio para ello, pues no tiene acceso a toda la información contenida en el expediente, califique, con signos de admiración, una decisión tomada por la justicia penal. Con esto, el redactor, de entrada, calificó la información. Mala costumbre esa de cuestionar las decisiones de los jueces. Mucho más cuando los presuntos responsables de los hechos ocurridos en la Universidad Libre están ejerciendo un derecho consagrado en la ley.

Como se podrá evitar que los periodistas entiendan que no son jueces de la República?

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
21 de noviembre de 1993
Autor
Felipe Zuleta Lleras

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