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La función social de la empresa

Hace unos años, hablar de función social de la empresa resultaba extraño, porque sus directivas pensaban que su única obligación para con la sociedad era pagar impuestos y generar empleo. Por ese motivo, al llamado a una participación más estrecha con el desarrollo social, solían responder: esa es una tarea que le compete al Estado, pues para eso pagamos cumplidamente nuestras obligaciones tributarias y remuneramos bien a nuestros trabajadores.

Por fortuna esa actitud ha cambiado -no a la velocidad deseada- y conscientes de que su papel en la actividad nacional no se puede limitar a los aspectos estrictamente productivos, sino que debe contemplar cuestiones relacionadas con la dimensión social del desarrollo, los responsables de un buen número de empresas afincadas en el país han incorporado a su gestión regular, programas y/o proyectos de apoyo a grupos de población en condiciones de extrema pobreza. Las difíciles circunstancias en que se encuentran numerosos núcleos humanos, bien sea por causas atribuibles al enfrentamiento bélico que sufre el país o bien por las profundas desigualdades que caracterizan el desenvolvimiento de la nación, han llevado a algunas empresas a asumir responsabilidades de contenido social que ayudan a resolver los acuciantes problemas fraguados en la pobreza y en la falta de oportunidades.

Como lo ha dicho Luis Carlos Villegas: “La nueva visión de la responsabilidad social ya no se refiere a la filantropía o al asistencialismo. El concepto ha evolucionado porque es dinámico y responde a las transformaciones del mundo. Por ello, ahora es parte integral de las estrategias corporativas y surge de la compresión integral del significado de los derechos. Es fundamental entender que las personas tienen derecho a la educación, a la salud, a una vida digna”.

Las empresas tienen la responsabilidad de actuar en forma consecuente.

Tienen que ayudar a la construcción de un entorno que cree capital social y les haga posible cumplir con su principal misión, que es la de crear riqueza. Deben aportar al reconocimiento del país frente a la comunidad internacional y a legitimar la función del sector empresarial. Deben contribuir a que quienes tienen mayores dificultades para insertarse en la economía de mercado puedan hacerlo y a que los beneficios que se logren de la nueva dinámica mundial se democraticen.

A manera de motivación del enfoque que debe tener la idea, es del caso anotar que, sin perder de vista el carácter integral de la política social misma, ni las dimensiones patrimoniales, demográficas, étnicas y de género que tiene la desigualdad, en las actuales condiciones del país los retos que plantea el desarrollo integral deben tener dos puntales fundamentales, dos ‘llaves maestras’: educación y empleo. La educación permite incidir simultáneamente en la equidad, el desarrollo y la ciudadanía. Exige, por tanto, la máxima prioridad en la política social y en la asignación de recursos, orientados hacia una mayor continuidad dentro del sistema educativo y hacia mejoras sustanciales en la calidad de la oferta educativa.

Hay que partir de la base que la adopción de medidas que permitan mejorar los logros educativos de los sectores pobres es prioritario. Desde el punto de vista de la equidad social, los resultados se miden, especialmente, en términos de continuidad educativa de aquellos grupos que muestren una mayor tendencia a tener rendimiento más bajo. Dicha continuidad se expresa en tres aspectos: la asistencia efectiva a clases, la progresión efectiva a lo largo del proceso (minimización de la repetición) y la permanencia en el sistema (minimización de la deserción).

Dada la importancia que tienen las zonas rurales, es preciso recordar que las estadísticas son concluyentes en el país y muestran las diferencias importantes entre logros educativos por corte rural-urbano, que revelan la desfavorable situación de las zonas rurales. Por eso vale la pena apuntarle a una estrategia que le dé prioridad a este tipo de zonas.

Los retos que plantea el desarrollo integral deben tener dos puntales fundamentales, dos ‘llaves maestras’: educación y empleo”.

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
29 de agosto de 2007
Autor
EX MINISTRO DE AGRICULTURA ;GABRIEL ROSAS VEGA

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