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TERMINÓ HISTORIA DE TERROR EN ECUADOR

A poco de salir de la prisión, el sicópata violador y asesino de más de cincuenta jóvenes ecuatorianas, el colombiano Daniel Camargo Barbosa, fue asesinado la víspera en la prisión, con lo que terminó una historia de horror que sacudió al Ecuador en las últimas dos décadas. Otro violador y asesino colombiano, que mató a unas ochenta niñas de entre 6 y 12 años, Pedro Alonso López, fue entregado a autoridades de su país hace dos meses, al cumplir su sentencia de 16 años de reclusión que es la sanción máxima en el Ecuador, donde no existe la acumulación de penas.

Aunque los ecuatorianos se caracterizan por ser pacíficos y generosos, el asesinato de Camargo Barbosa provocó el lunes reacciones de cierta satisfacción en la población que consideraba injusta la condena y se alarmaba con la posibilidad de que pudiera volver a violar y a asesinar si lograba su libertad.

No sólo le debieron asesinar, sino primero torturar , dijo una señora que con repugnancia recordaba la carrera de salvajismo que sembró Camargo Barbosa.

En 1980 los ecuatorianos vivieron semanas enteras de espanto, cuando Pedro Alonso López condujo a la policía hasta sitios apartados donde enterró a sus víctimas, la mayoría niñas de entre 6 y 9 años. Unos sesenta cadáveres fueron localizados, pero la memoria del monstruo de los Andes no permitió dar con el paradero de otras tumbas.

López, que cumplió su condena reducida en casi dos años por buena conducta, está detenido en Colombia, donde también cometió similares delitos antes de venir al Ecuador.

Pedro Alonso López confesó durante el juicio que era un enviado divino y que al violar y asesinar a las niñas lograba entregar almas al cielo. En muchos casos el sicópata desenterraba a sus víctimas unos o dos días después para volver a violarlas, en un satánico rito de necrofilia.

La detención de Alonso López ocurrió en un mercado de Ambato, 120 kilómetros al sur de Quito, cuando seducía a una pequeña con caramelos, mientras la policía no encontraba pistas sobre la desaparición de decenas de menores, lo que había levantado una serie de hipótesis que incluía el tráfico de órganos o que eran vendidas a otros países.

Tres años después, la policía encontró una veintena de cadáveres en la carretera Daule-Guayaquil, todos de jovencitas de entre 16 y 23 años, con evidencias de tortura que incluía la extirpación de sus pesones, violación y estrangulamiento.

Luego, similares cadáveres fueron localizados en sitios desolados cercanos a varias ciudades, pues Camargo Barbosa huyó de Guayaquil ante los operativos policiales de envergadura que se montaron para detener a lo que se supuso una banda de sicópatas.

Un policía que custodiaba la residencia de un oficial capturó a Camargo en un bosque aledaño a Quito, cuando le observó nervioso y que al llamarle la atención comenzó a correr. El sujeto había acabado de violar y asesinar a una niña de 12 años, algo inusual porque sus víctimas eran de mayor edad.

Camargo Barbosa, conocido en su país como el sádico del Charquito , se había fugado de la antigua isla prisión colombiana de La Gorgona, en el Pacífico, donde debía purgar una condena de 24 años por la violación y muerte de una veintena de mujeres.

Al fugarse, las autoridades del vecino país le dieron por muerto, pues la isla tiene la característica de estar rodeada por millares de tiburones.

Aunque algunos ecuatorianos se quedaron con la duda de presuntos cómplices de Camargo Barbosa, por su pobre contextura física, éste asumió la responsabilidad de todos delitos.

Unas treinta mujeres fueron reconocidas, pero para otra veintena la descomposición de sus cadáveres hizo imposible la identificación, a pesar de la presencia de expertos internacionales.

La muerte de Camargo Barbosa, a manos de un recluso ecuatoriano, Geovanny Noguera, que había logrado su traslado de la cárcel de Guayaquil a esta capital, concluyó con esta historia de terror escrita por dos sádicos colombianos. Terminó la pesadilla , exclamaron los ecuatorianos.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
15 de noviembre de 1994
Autor
AFP

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