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LA CONFESIÓN DE IVÁN URDINOLA

La Policía detuvo a Iván Urdinola el 27 de abril de 1992, en una finca en El Dovio (Valle). Luego, éste se acogió al proceso de negociación de penas y fue sentenciado a 17 años y 6 meses de prisión. Sin embargo, con fundamento en su confesión, la condena real terminó en 4 años y 7 meses, sin incluir las reducciones de un día de pena por cada día de trabajo o estudio.

Esta es la confesión de Urdinola: 1. Desde temprana edad he sido un hombre adinerado, pues pertenezco a una familia que ha hecho fortuna desde tiempos atrás en las labores del agro. Específicamente, mi padre ha sido siempre rico y nos ha colaborado mucho económicamente a todos los hermanos.

También hace unos nueve años (enero 11 de 1983), como consta en el proceso, que murió accidentalmente mi hermano Héctor, el cual nos dejó a los demás miembros de la familia bastante dinero en efectivo, joyas y bienes muebles.

Finalmente, el 25 de mayo de 1985 contraje matrimonio con una mujer adinerada que me ha dado cuatro hijos.

2. Mis mayores inversiones personales y familiares han estado centradas en la finca raíz y especialmente fundos agropecuarios. Este tipo de negocio es muy rentable a mediano y largo plazo cuando es bien administrado, pero en muchas ocasiones genera graves dificultades de liquidez.

Fue en razón de este tipo de dificultades periódicas por lo que decidí, en un momento dado, ingresar al negocio del narcotráfico, en el que inicialmente hice algunas incursiones pequeñas y por medio de terceros a partir de por lo menos agosto de 1983. De esta manera continué, con buenos resultados, pero en escalas reducidas, aproximadamente hasta octubre de 1989.

3. A partir de comienzos de 1989 o más o menos desde esta fecha, conocí en Cali a unas personas que decían tener rutas o contactos importantes con ruteros, y también a otras que procesaban cocaína o tenían acceso a personas que la procesaban y distribuían al por mayor para su exportación ilegal.

Se llama rutero a la persona que tiene una ruta, es decir, una vía organizada para ingresar cocaína.

Al principio, para probar la efectividad y seriedad de esos contactos y de esas rutas, utilicé varios apuntados de dos a cuatro kilogramos en cada viaje, con un promedio de uno o dos viajes al mes.

El apuntado es un sistema en que uno le da a una persona el dinero para comprar la cocaína en Colombia o le entrega una cantidad de esta mercancía a cierto precio y él se compromete a poner esa mercancía en los Estados Unidos y entregarle a uno una determinada cantidad de dólares americanos aquí en un cierto tiempo.

A veces el apuntado lleva seguro y a veces no; cuando no lo lleva, uno mismo va cargando con el riesgo de que se pierda la mercancía o el dinero, pero se gana un poco más. Aunque jamás me decomisaron mercancía, sí la perdí en varias ocasiones por fallas o robos de la gente y lo mismo ocurrió con el dinero.

4. Por esa época de finales de 1989 empecé a adquirir un mayor peso en el negocio de exportación de cocaína hacia diversas ciudades de los Estados Unidos, llegando a formar una organización personal que adquiría, comercializaba y exportaba con regularidad cantidades medianas de cocaína hacia los Estados Unidos de América y concretamente a ciudades como Miami, Nueva York, Los Angeles, Chicago, Houston, Newark, Fort Lauderdale y posiblemente otras.

De esa organización llegué a ser jefe, gerente o director y, en general, supervisaba toda la operación, que incluía exportación de cantidades variables de cocaína e importadión de dólares americanos.

5. Es muy difícil recordar, en una operación tan prolongada, de múltiples actos, los casos específicos, como le es difícil, por ejemplo, a un viajero frecuente determinar cada uno de sus viajes.

Sin embargo, recuerdo, a modo de ejemplo, haber participado en una conspiración para exportar y distribuir cocaína en los Estados Unidos y lavar dinero propio y ajeno, en especial en o desde la ciudad de Nueva York, con otras personas, de las cuales alguna o algunas pudieron haber sido detenidas e inclusive pueden estar ahora colaborando con el gobierno norteamericano.

6. Por las razones anteriormente expuestas, me es difícil precisar con certeza las cantidades de cocaína que logré exportar a diversas ciudades de los Estados Unidos y también la cantidad exacta de dólares americanos que lavé o recepté.

Sin embargo, podría calcular esa cantidad entre dos mil y tres mil kilogramos aproximadamente, advirtiendo que buena parte de esto no era mío sino de terceros.

A partir de finales de 1989, cuando logré poner a funcionar mi propia organización de recolección, ruta y distribución, me asociaba esporádicamente con algunas otras personas de menor importancia y también a varias les llevaba apuntados o les traía dinero de operaciones que ellos habían realizado por su cuenta, ganándome en este último caso una comisión.

Con respecto a XX debo reconocer, y así estoy dispuesto a expresarlo bajo la gravedad del juramento, que es una de las personas que durante parte de mi actividad ilícita y más o menos durante los años de 1988 y 1989, me sirvió como contacto o intermediario con algunos ruteros (...) sobre todo en operaciones que tenían como destino de la cocaína exportada o como origen de los dólares receptados el Distrito Sur de la Florida en los Estados Unidos de América.

7. Paralelamente a esas actividades ilícitas, siempre desplegué una gran cantidad de actividades lícitas, moviendo en negocios y empresas legales la fortuna que ya poseía.

Las ganancias de mis actividades ilegales me sirvieron, no obstante, para cubrir algunos momentos de iliquidez, como antes expliqué, pero en su mayor parte fueron destinadas al cubrimiento de los gastos propios de una empresa oculta, que son muy elevados, vigilancia de las operaciones, actividades o comisiones de cobro o recuperación, cubrimiento de pérdidas o robos de mercancía o de dinero y, en fin, con frecuencia también juegos, fiestas, regalos, gastos suntuarios y también obras sociales o de beneficencia en varios municipios del Valle del Cauca.

En total, de mediados de 1989 hasta el mes de abril de 1991, cuando fui capturado y abandoné definitivamente todo tipo de actividad ilícita, mi patrimonio se incrementó en un máximo de seiscientos millones de pesos, suma que acepto retribuir al Estado. Mis otros bienes, repito, no provienen de actividades ilícitas.

8. Todos los hechos de que he hablado y en que intervine directa o indirectamente, los realicé de modo consciente, voluntario e intencional, esto es, a sabiendas de lo que hacía y queriendo hacerlo, debiendo así manifestar que nunca tuve que recurrir a la violencia y nunca lo hice contra persona alguna .

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
19 de octubre de 1993
Autor
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