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Admirador de la España democrática

Fue un banquete intelectual insuperable, como los asistentes al centro de convenciones de Getsemaní jamás lo habían vivido. En ese lunes 26 de marzo de gloria, no se sabía cuál de los discursos en honor de Gabriel García Márquez era mejor pieza. Si la exposición de Tomás Eloy Martínez sobre las haches y las jotas, si la elaborada intervención del escritor y académico español Antonio Muñoz Molina, si la magnífica de Carlos Fuentes –cargada de anécdotas y con una envidiable capacidad histriónica– o si las propias palabras de Gabo en un homenaje que, por la calidad de los oradores, creo que difícilmente, en su conjunto, se repetirá.

Después, el presidente Uribe ofreció un almuerzo en honor de los reyes de España en el claustro de Santo Domingo, en el que súbitamente Bill Clinton tomó la palabra y demostró de paso sus cultas condiciones de expositor, en contraste con los discursillos menores que siempre se le oyen a George Bush cuando ha pasado por Cartagena o Bogotá. Qué diferencia –¡oh God!– entre la capacidad de liderazgo de Clinton en cualquier escenario, incluyendo una reunión de intelectuales hispanoparlantes, y las mediocres frases que suele balbucear Bush, sin el bagaje de aquel ni la más mínima facilidad de improvisación.

Almuerzo en el que hubo 650 personas sentadas a manteles y que sospeché podía ser no solo magro sino carente de vinos –bajo la no era etílica uribista–, pero por fortuna no fue así. Al contrario. De entrada se sirvió un ‘timbal de Aracataca’, integrado por una especie de mouse de aguacate y, encima, un gran langostino abierto a la parrilla; y como segundo plato, un maravilloso mero en salsa de palmitos del Putumayo, con los palmitos frescos al lado como señal de lo que constituye un cultivo alternativo, acompañado de un magnífico arroz con coco. De remate, el exquisito pie de coco cartagenero. Fueron generosas las dosis de vino: Marqués del Riscal blanco, siempre muy frío, y tinto Arienzo, en cuotas reiteradas y abundantes.

Me senté a la mesa con la gente del grupo Prisa, quienes lo primero que hicieron fue quitarse el saco ante el inevitable calor que hacía, pese a la solemnidad de la ocasión. Al inquirirles si ello era lo debido, frente a la presencia del rey Juan Carlos y doña Sofía, uno de los comensales contestó: “Él sería el primero en quedarse en mangas de camisa, si pudiera, pues no se trata de una monarquía de etiqueta sino moderna y democrática”.

A propósito de democracia. La pregunta obligada era qué pensaban mis tertuliantes sobre el boicot que el PP (Partido Popular) acababa de plantear contra Prisa, básicamente consistente en tres factores. El primero, en que los voceros y más activos militantes del PP se abstendrán de hablar en adelante por cualquiera de sus medios de comunicación. El segundo, en eliminar la pauta de sus empresas de El País de Madrid. Y, el tercero, en incitar a no comprar acciones del grupo Prisa en la bolsa de España, para forzar a que estas bajen de precio y teóricamente se derrumben.

Todo lo cual comprueba hasta qué extremos feroces de radicalización es capaz la derecha española, que sigue siendo no apenas intolerante sino históricamente rabiosa y peligrosa. Con mucha pena, antagonismos tan sectarios no se observan así de viscerales en los llamados países tercermundistas. Y aunque resulta claro que las fuerzas derechistas tienden generalmente a aplastar a sus contrarios a través del gran capital, es evidente que en Colombia las tendencias de izquierda están en desventaja económica frente a sus rivales políticos, pero, que se sepa, sin aplicar estos el silenciador con ese descaro.

Por fortuna lo que el Partido Socialista ha logrado es un desarrollo social simultáneo con el crecimiento económico. Es decir, que también hay una poderosa clase empresarial no ajena a las bondades del dinero, pero comprometida hasta los tuétanos con una España que recuerda al franquismo con horror y que no va a permitir cuentas regresivas que significaron bastante dolor y sangre. Heridas sin duda aún no restañadas

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
1 de abril de 2007
Autor
DÂ’ARTAGNAN

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