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El alcoholímetro pasa la prueba

Sábado, tres de la mañana. Los rumberos salen de bares y discotecas hacia sus casas para dormir, por fin, el guayabo que les habrán dejado varias horas de baile, trago y cigarrillo. Como siempre, transitan por las grandes avenidas y son testigos de que, a pesar del reloj, hay cientos los vehículos pasando de un lado para otro, a gran velocidad.

Una aglomeración de policías de tránsito, ataviados con chalecos fluorescentes y equipados con luces, vallas, conos, señales luminosas y grúas, los esperan pacientemente al final del ‘circuito’ para verificar que sí están en condiciones de manejar, dentro de un ritual que, de unos años para acá, se repite semana tras semana.

En efecto, ya no hay jueves, viernes o sábado en que los trasnochadores no ‘caigan’ en algún retén de la Policía Metropolitana de Tránsito de Bogotá, compuesto por, al menos, 10 uniformados, ubicados a lado y lado de un estrecho sendero que los obliga a avanzar muy lentamente… hacia adelante. Su misión: salvarles el pellejo a quienes insisten en conducir embriagados.

“Con la repetición permanente de controles buscamos que la gente reflexione y lo piense dos veces antes de manejar tomada -dice el comandante de la Policía Metropolitana de Tránsito de Bogotá, coronel Omar González-.

Queremos lograr que cada conductor bogotano diga: ‘yo me evito el dolor de cabeza del patio y el comparendo, y actúo con responsabilidad’”.

Esta misión ha dado sus frutos, a juzgar por las cifras que maneja su institución: mientras que, en el 2005, hubo 46 muertos en Bogotá en accidentes de tránsito relacionados con embriaguez, en el 2006 fallecieron 24 personas.

Los comparendos bajaron de 11.548 a 8.898 durante los mismos periodos.

Soplo de vida Además de la actividad persuasiva adelantada por las autoridades capitalinas, la Resolución 000414 de 2002 les permitió a Medicina Legal y la Policía de Tránsito trabajar más en llave en un tema clave: los procedimientos para determinar el grado de embriaguez de los conductores.

Para ello avaló, además de la prueba física realizada en laboratorios especializados, otra electrónica, igualmente eficiente, obtenida a través del alcoholímetro, un sencillo, pero sofisticado aparato, que, al igual que el test médico, mide el número de gramos de alcohol presente en la sangre.

Según Claudia Gutiérrez, vocero de Security Signal Ltda., empresa importadora y distribuidora de este tipo de equipos, “el valor numérico que arroja la pantalla del alcoholímetro es tan preciso como el de una prueba de sangre, siempre y cuando se utilice correctamente. Como aquella, es en un 99 por ciento confiable”.

Consiste en una especie de caja portátil con una boquilla, que el conductor debe soplar de manera continua, por unos segundos.

Esa boquilla es la entrada del aire a un medidor que registra con exactitud cuánto alcohol ingirió, y lo muestra luego en una pantalla que indica dentro de cuál de los grados de embriaguez está la persona evaluada.

"Uno cree que está embriagado cuando está en el tercer grado, pero no cuando está en el primero o en el segundo. Sin embargo, los agentes que hacen la selección de conductores en un retén interactúan con ellos para saber si se le percibe aliento a alcohol. De ser así, se les realiza una entrevista y el examen con el alcoholímetro", advierte el coronel González.

Así funciona un control Cada vez que decide 'salir a la calle', la Policía Metropolitana de Tránsito instala entre cinco y siete retenes en lugares estratégicos de la ciudad, cada uno de los cuales consta de 10 a 15 agentes.

Además de los conos y las vallas de protección, estos policías cargan todos los elementos de seguridad, como armas y chalecos blindados, debido a que, además de embriaguez, se pueden encontrar con delincuentes listos a perpetrar crímenes y hasta con conductores 'vivos', que tratan de escaparse para que no les inmovilicen sus vehículos.

Al lado del retén instalan una carpa, a donde conducen al posible infractor para que un policía, previamente entrenado por Medicina Legal, le realice la prueba del alcoholímetro.

El conductor sopla y el aparato marca el resultado, que luego imprime en una hoja, la cual sirve de prueba en caso de resultar positivo.

Cabe decir, sin embargo, que el conductor tiene todo el derecho a pedir la repetición de la prueba, pues el ideal es realizarla, como mínimo, 20 minutos después de haber ingerido alcohol, con el fin de que no marque más concentración de la que realmente tiene su cuerpo.

Cumplido este paso y descubierta la falta, el conductor recibe un comparendo equivalente a 30 salarios mínimos diarios legales vigentes, su vehículo es inmovilizado y la licencia de conducción suspendida, de acuerdo con la gravedad de la embriaguez.

Si su prueba marca Grado 1, la licencia le es suspendida entre ocho meses y un año; Grado 2, de dos a tres años y, Grado 3, entre dos y 10 años. Si el conductor es reincidente en este último grado, se le suspende la licencia de por vida.

Vale la pena decir también que, en casos especiales, como son los vehículos de servicio público, los de transporte escolar o los de los instructores de tránsito, la multa es doble.

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FUNCIONES DEL POLICÍA DE TRÁNSITO.

Preventiva: es la que más ejercen, especialmente en los retenes de control, en donde educan al infractor y le explican por qué deben aplicarles la ley.

Correctiva: se da en eventos como choques simples o accidentes con heridos: en este último caso, el agente debe llevar al infractor a Medicina Legal y solicitar, por escrito, una prueba de alcoholemia para poder judicializarlo.

Fiscalizadora: puede, por ejemplo, detener una obra en construcción que represente un peligro para conductores y transeúntes y pedirles a los contratistas el permiso otorgado por el IDU.

MEDIR LA CANTIDAD DE ALCOHOL.

El grado de embriaguez lo determina la Resolución 000414, en su artículo segundo, así: Resultados menores a 40 miligramos de etanol por cien mililitros de sangre total se interpretan como estado de embriaguez negativo.

Resultados entre 40 y 99 miligramos de etanol por 100 mililitros de sangre total corresponden al primer grado de embriaguez.

Resultados entre 100 y 140 miligramos de etanol por 100 mililitros de sangre total corresponden al segundo grado de embriaguez.

Resultados mayores o iguales a 150 miligramos de etanol por 100 mililitros de sangre total corresponden al tercer grado de embriaguez.

¿SE PUEDE CONFIAR EN EL ALCOHOLÍMETRO?.

Como todo aparato electrónico, el alcoholímetro requiere mantenimiento preventivo con el fin de garantizar su idoneidad, pero también para eliminar los residuos de alcohol que quedan de tanto soplar.

Security & Signal calibra sus alcoholímetros cada 300 pruebas: "El mantenimiento consiste en llevar, a 34 grados centígrados de ebullición, unos alcoholes especiales. El resultado debe mostrar entre un 0,01 y un 0,03 por ciento de tolerancia con respecto al resultado real -explica Claudia Gutiérrez, funcionaria de esta empresa distribuidora-. Tardamos cinco días calibrándolos, pues les hacemos varias pruebas".

Aunque los alcoholímetros personales tienen una vida útil promedio de 3.000 pruebas, los más sofisticados, como los que utiliza la Policía Metropolitana de Tránsito de Bogotá, pueden durar muchos años, siempre y cuando se les realicen los mantenimientos adecuados.

"Después de calibrados, tenemos la obligación legal de emitir un certificado para que Medicina Legal o quien sea que necesite esa prueba, la puedan ver -añade Gutiérrez-. Las boquillas son desechables y se distribuyen en paquetes de 25, a un promedio de 100 pesos cada una".

Publicación
eltiempo.com
Sección
Fecha de publicación
17 de marzo de 2007
Autor
MANUEL ORDUZ

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