De paranoias y bajos instintos

De paranoias y bajos instintos

El Presidente está a la defensiva. Dando palos de ciego, ve terroristas y guerrilleros por todas partes. Da la impresión de que siente que la ‘parapolítica’ es simplemente un complot en su contra. Dice sentirse solo. Parece no entender que mientras más intolerante, menos realista y más a la defensiva esté, más solo se sentirá.

27 de febrero de 2007, 05:00 am

La ‘parapolítica’ no es responsabilidad exclusiva suya ni de su gobierno, señor Presidente. Pero ¿ha caído en cuenta de que por desconocerla ha tomado, quizá, las decisiones más equivocadas de su vida política? Para empezar ha decidido adoptar un estilo intolerante con discurso fascista, que bien puede dejarle a Carlos Castaño. Usted será un político de extrema derecha, pero no dudo de que es un demócrata, como para competir en estilo y discurso con un asesino recalcitrante que veía guerrilleros hasta en la sombra y salía a cazarlos creyendo hacer una gesta patriótica. Por esa vía creció el narcotráfico y se llegó al genocidio de la UP, a cientos de masacres y a miles de asesinatos. Supongo que usted no querrá ser el responsable de algo similar. Recuerde lo que aprendió en Harvard: duro con el problema y suave con las personas.

Ese es el segundo tema. El problema. Usted tiene el gran mérito de haber convencido a esta sociedad de que la guerrilla es un problema, no una solución. Eso lo llevó a su primera victoria y su posterior reelección. Pero el acierto de su segundo mandato y su papel histórico dependen de que se convenza y convenza a esta sociedad de que el paramilitarismo también es un problema. Punto. Sin justificaciones. No se preocupe. No se nos va a olvidar que la guerrilla es un problema. Piénselo. Mientras más se estabilice la mejoría de los indicadores de seguridad, más legitimidad política necesitará la seguridad democrática para mantener la confianza.

Y valga decir que su evidente nerviosismo no ayuda a aquello de la legitimidad o la confianza. Su actitud inspira temor y muchas dudas. Los que tienen por qué estar alebrestados y a la defensiva son los criminales que puso presos en Itagüí y los políticos que seguirán desfilando por la Picota, no usted. Luce usted más preocupado en contener el escándalo y reaccionar a los hechos que ellos.

Con apenas unas cuantas verdades a medias y las primeras decisiones judiciales está en las que está, ¿de verdad cree que puede, o quiere, pasarse los tres años y medio que le quedan tapando el sol con un insulto diario o un golpe de opinión? ¿A qué horas va a construir el Estado comunitario si se la pasa en esas? ¿No lo deja pensando que su senadora más joven sí tenga tiempo de pensar en soluciones y usted no, y más bien tenga que salir a recogerlas como del ahogado el sombrero? El paramilitarismo y la ‘parapolítica’ no son un complot en su contra. Son una realidad que atenta en general contra el país y en particular contra su legado político. Mientras más evidencias aparecen, más queda usted solo tratando de convencernos de que no hay problema, de que son apenas “unas manzanas podridas”. Eso es inverosímil cuando las manzanas pululan, y cuando están casi todas en su canasta. Ahora que estamos indigestados no puede simplemente salir a golpear primero y lamentar la soledad después. Nos quejamos porque el malestar nos está matando. Y esperamos que usted, que salió a la plaza a decirnos que compráramos y nos comiéramos confiados esas manzanas (primero las mal llamadas Convivir, luego los Pedro Juanes y Rito Alejos, luego los ‘parapolíticos’ y los Nogueras, etc, etc.), nos ayude a curarnos. No que nos amenace o nos tape con la esperanza de que no se note la enfermedad.

El país necesita un Presidente que lidere las reformas institucionales que eviten que mafias armadas sigan intoxicándonos. Usted, señor Presidente, puede y debe ser parte de la solución. ¿Por qué escoge ser parte del problema?