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AY, NIÑA MENCHA!

No fueron pocos los compatriotas que dejaron saber su indignación con el programa Brigada Central , transmitido semanalmente por la Televisión Española. Comenzando por Ivonne Nicolls, cónsul de Colombia en Madrid, y quien, como tal, sabe cuál es, por ejemplo, la situación de los colombianos presos en las cárceles de España. Brigada Central , en efecto, es una telenovela cursi pero con los mejores índices de sintonía un culebrón, como llaman en la Madre Patria a este tipo de series seudopolicíacas, en la que el nombre de Colombia queda muy por el suelo, en razón de alusiones explícitas de clarísimo carácter peyorativo a todo lo nuéstro. Por eso la reacción de la embajada, a través del jefe de la Misión, Ernesto Samper, en carta al director de la estación, Jordi García, mediante la cual rechaza la forma ignominiosa como son utilizados, de manera genérica, lugares y símbolos de Colombia cuya asociación subliminal al tema del narcotráfico ofende a todo el pueblo colombiano , era un t

Por desgracia, esta protesta tiene el inconveniente si así puede calificarse de que una de las principales protagonistas es, ni más ni menos, Margarita Rosa de Francisco, la tántas veces célebre Niña Mencha : una actriz muy apreciada y valorada en nuestro medio que sigue siendo el suyo, pues no es sino recordarla en su papel estelar en Los pecados de Inés de Hinojosa o, más recientemente, en Puerta grande . Cómo admiramos todos a la Niña Mencha!, para que ahora quizá engañada se hubiera prestado a servir de instrumento contra su país, en un ordinario papel de putita que, así sea a simple nivel interpretativo, desdice por completo de su imagen, y aun de sus responsabilidades profesionales.

En reciente entrevista para Cambio 16-América , y a la pregunta: - El hecho de hacer el papel de la hija del jefe del cártel de Medellín, siendo colombiana y sabiendo el problema de imagen de su país, no le creó algún problema de conciencia? , Margarita responde: - No. Sí me afectó como colombiana el hecho de que las referencias al mundo de la droga sean constantes y sufro este estigma que azota el mundo, pero me interesaba la experiencia como actriz. Es un papel que me afecta, pero alguien tenía que hacerlo .

Sí. Alguien posiblemente tenía que hacerlo, menos la Niña Mencha. Yo no veo, por ejemplo, a Amparo Grisales, ni a ninguna de nuestras artistas conocidas, prestándose para un interpretación que mancilla el nombre de Colombia, así se diga que el problema existe acá y allá y que nada vamos a sacar con tapar el sol con las manos. La culpa, obviamente, no radica en Margarita Rosa, sino en la injusticia que encierra todo esto. La arquetipización de todo lo colombiano como algo malo, comenzando por el apellido Valdés (en relación con Juan Valdés y el café). Porque mientras a través de un culebrón emitido por la televisión española se hace la apología del imperio de la droga, con la bandera de las Fuerzas Armadas, Medellín y la condición de ser colombiano como telón de fondo según la denuncia del embajador Samper, uno observa por las calles de Madrid, y de toda España, a la gente jeringuiándose desesperadamente, o esnifando hasta trabarse ad infinitum, cada vez con mayor descaro, sin controles policiales. Mientras nuestra Misión diplomática libra una batalla frontal para defender la dignidad de los colombianos que sin cargar droga son con frecuencia pisoteados tan solo al tocar suelo en el aeropuerto de Barajas, el papel de la Niña Mencha como hija de un poderoso narco (que todos imaginamos quién es) resulta por lo menos desdoroso. De seguro la embolató algún chapetón maledicente con alma de conquistador. Yo no soy mojigato, Margarita. Líbreme Dios! Pero una cosa es desvestirse para una novela de los alcances literarios de Próspero Morales Pradilla, y otra cosa empelotarse para los libretos baratos de un tal Pedro Masó. Reconocimiento científico Dos años después de estar practicando con indudable éxito la extracción de la vesícula biliar a través de delicados catéteres y de lentes televisivos mediante muy pequeñas incisiones en la piel del paciente lo que evita traumas postoperatorios de las rajaduras tradicionales, un grupo de médicos estrechamente vinculados con la Clínica del Country (los doctores Camilo Casas, Ernesto Moreno, Rafael Riveros, Juan de Francisco, Hernando Ordóñez y Carlos Cuéllar) han obtenido el premio de la Academia Nacional de Medicina Rhone Poulec Rorer, por este trabajo denominado colesistectomía laparoscópica . Es el primer paso que se da en nuestro medio en el campo de la cirugía no invasiva del aparato digestivo; y la posibilidad de que otro tipo de intervenciones, como las de apendicitis y colon, puedan hacerse por esta misma vía, en un futuro próximo, es cada vez más inminente. Lo que constituye una excelente noticia para la medicina colombiana.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
6 de noviembre de 1992
Autor
D ARTAGNAN

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