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Diplomacia ‘a la carrera’

Las insólitas actuaciones del ex senador Carlos Moreno de Caro desde cuando le fue ofrecida la embajada en Suráfrica dejan mucho que desear sobre las aptitudes del pintoresco personaje para representar a Colombia en el exterior. Y muestran una vez más (en este caso, de modo espectacular) el criterio equivocado con el cual el Gobierno Nacional viene manejando los nombramientos diplomáticos.

El de Moreno de Caro es solo el más reciente de los que han generado polémica en la actual Administración, por estar más inspirados en el pago de favores políticos que en la necesidad de mantener una adecuada representación del país en el exterior. Para lo cual, sobra decirlo, es primordial considerar las calidades personales y profesionales del nombrado y los intereses nacionales respecto al país en el que aquel desempeñará sus funciones.

Los exabruptos de Moreno de Caro frente a quienes serían sus superiores en caso de recibir el beneplácito y ser confirmado en el cargo, así como su absurda pretensión de ‘inflar’ la planta de la embajada con desmovilizados, futbolistas y una reina de belleza, muestran que no está a la altura de la misión que debería cumplir en Suráfrica, un país de gran importancia y complejidad, que tras la abolición del apartheid en 1990 y la implantación de la democracia cumple un papel de primera línea en el ámbito internacional.

Este nombramiento, como otros anteriores, dista mucho de responder a la meritocracia que prometió el presidente Álvaro Uribe desde su primer mandato, y que en el servicio exterior ha brillado por su ausencia. Aún se recuerda el escándalo de los nombramientos de varios parientes de congresistas en misiones diplomáticas, y particularmente el caso de la misión en la ONU, donde la embajadora María Ángela Holguín renunció al ver copado su equipo por hijos de reconocidos políticos: Gustavo Dáger Barguil, hijo del senador Gustavo Dáger; Margarita Name, hija del ex senador José Name Terán; Álvaro José Londoño, hijo del ex senador Luis Fernando Londoño Capurro, y Jorge Hernán Betancur, hijastro del senador Mario Uribe. El escándalo llevó al mandatario a anunciar, en marzo del 2005, que congelaba ese tipo de designaciones en el exterior, pero esto no significó el fin del favoritismo y el clientelismo: para la muestra están los nombramientos del ex gobernador de Sucre Salvador Arana en Chile, hoy investigado por su presunta participación en el asesinato del alcalde de El Roble, Eduardo Díaz; el del ex director del DAS Jorge Noguera en Milán, también objeto de una investigación, o el de Vanessa Pretelt, hija del ex ministro y hoy embajador Sabas Pretelt, en la misión en Londres.

Muchos de esos nombramientos fueron en contravía de la urgencia de tener misiones diplomáticas eficientes para promover el país y sus productos en el exterior, algo cada día más necesario por la importancia de las relaciones comerciales. Es irónico, por ejemplo, que mientras estas relaciones aumentan con el Pacífico y se construye con Venezuela el gasoducto para exportar el hidrocarburo al Asia, Colombia no tenga embajador en Australia, sede del Foro de Cooperación Asia Pacífico (APEC).

Esta situación subraya, además, la ausencia de una real carrera diplomática.

Chile, Brasil, Argentina, México y Perú (para hablar solo de países latinoamericanos de primer rango) tienen desde hace mucho un servicio exterior profesional, que no depende de los vaivenes políticos. Es insólito que, cuando la globalización económica es cada día más vital y existe, además, una población de 4 millones de colombianos en el exterior, se siga manejando la Cancillería con criterios de feria política.

Es triste que, en contraste con nombramientos equivocados –como el de Moreno de Caro–, cientos de muchachos estudien diplomacia, derecho internacional y comercio exterior, a veces con grandes sacrificios, para hallar después que para ellos la puerta del Ministerio de Relaciones Exteriores está cerrada o, si acaso, apenas entreabierta.

El Gobierno no puede seguir manejando el servicio exterior con criterios de feria política.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
16 de enero de 2007
Autor
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