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Al norte del Valle y en Antioquia, sorpresivamente surgen de la tierra las hojas de una palma. Es la Attalea victoriana, que no alcanza a desarrollar tallo. Solo en escasas excepciones se puede observar un ejemplar con uno pequeño. La especie fue reportada y descrita por Armando Dugand en 1953 quien era investigador residente en Bogotá y vinculado al Instituto de Ciencias Naturales. El nombre científico fue colocado en homenaje al botánico vallecaucano Víctor Manuel Patiño al Dugand al observar que la palma crecía de manera diferente. Una muestra se la envió a Dungand.

La especie es conocida comúnmente por los campesinos vallecaucanos como palma de almendrón y por los paisas como táparo. Crece entre los mil y 1.750 metros de altura sobre el nivel del mar. Y puede desarrollar entre siete y once hojas de color verde oscuro, cuyas pinnas divisiones de las hojas crecen a los lados de un nervio central grueso. Su aspecto es similar a las hojas del coco, especie con la cual está emparentada. De una espata ubicada entre las hojas, que alcanza a medir 1.20 metros, emergen los racimos de flores. Que posteriormente dan el paso a los frutos ovoideos. El tamaño general de la Attalea victoriana está determinado por las hojas, que pueden alcanzar entre ocho y diez metros de longitud. La ausencia de tallo ha desfavorecido a la especie, cuyas últimas poblaciones se han registrado cerca a los municipios de Ceilán, Riofrío y Salónica, al norte del Valle, y en algunas zonas de Antioquia. Antes de que se conozca científicamente la especie ya se encuentra en peligro de extinción. Y su principal enemigo es el hombre. Las hojas más jovenes son bastante utilizadas, especialmente durante la época del domingos de ramos. De esta forma, cada año le cortan las dos hojas de renovación que poseen. Así, los ejemplares están cada vez en peores condiciones , señala Martamónica Ruíz, bióloga del Instituto Vallecaucano de Investigaciones Científicas (Inciva). Actualmente, ella desarrolla una investigación para determinar el número y calidad de especies de palma que existen en Colombia. La falta de hojas en el táparo, por el uso continuo que les da el hombre, ha afectado la producción de flores y frutos, debido a que para su normal desarrollo la planta requiere de una adecuada fotosíntesis. Con esto señaló Ruíz lo que se hace es una selección artificiial negativa de la especie . Además, el hábitat de la palma de almendrón coincide con la zona cafetera. Factor que ha afectado a la especie pues algunos cultivadores de café despejan el terreno para su sembrado, derribando así los ejemplares de Attalea victoriana. La apertura de potreros para ganadería es otro factor que no favorece a las plantas. El proyecto de investigación adelantado por Martamónica Ruíz tiene entre sus objetivos recoger semillas y plántulas para tratar de producirlas en otro hábitat. Sin embargo, la labor es difícil pues la palma no se adapta fácilmente a otros medios. Otra de las políticas, que se adelanta a través del banco de germoplasma del Jardín Botánico de Tuluá y de la investigadora, es repartir las semillas entre gurpos de botánicos, universidades y otras entidades con el fin de propagar su cultivo. Pero en la región no existe un programa complejo y estructurado para evitar la desaparición de la Attalea victoriana. Dos especies en una? Al parecer, la especie Attalea victoriana se ha reportado y descrito en dos oportunidades. Esto lo pudo establecer la bióloga Ruíz.

Durante sus investigaciones, realizadas en 1983, para determinar el estado natural de la palma, encontró que la especie tiene características similares a la Attalea rhychocarpa, descrita antes que la A. victoriana.

Y surgió la inquietud de si realmente se trataba de una nueva especie o correspondían a la misma. De tratarse de una sola, las dos especies pasarían a ser sinónimos en la clasificación taxonómica de las especies. La investigación que ella adelanta permitirá esclarecer esta situación. Pese a la confusión, está bien claro que la A. victoriana es una especie única en el mundo y en proceso de desaparición. NATURALMENTE Proteínas y grasa Los racimos de frutos de la A. victoriana se vuelcan entre sus hojas. Sus frutos alcanzan a medir diez centímetros de longitud y cinco de diámetro. Y poseen una cáscara dura, de tres centímetros de grueso. Generalmente, en su interior se encuentran tres almendras comestibles, con sabor similar al de la nuez y el coco. Son ricas en proteínas y grasas. La calidad del aceite se asemeja al coco. Y mientras la cantidad de proteína en este fruto es del 37.7 por ciento, en otros como el cacao es de 2.4 por ciento y en el coco del 17. Un microhábitat La palma de almendrón crece en bosques secundarios. Principalmente en sus zonas inclinadas. Los suelos donde viven son muy pobres en nitrógeno, potasio y fósforo. Por esto, la planta debe recurrir a mecanismos para obtener elementos que no le llegan del suelo. En su base, la Attalea victoriana tiene un microhábitat compuesto por piedras, arañas, tierras, hojas secas, residuos vegetales, larvas, insectos y pequeños animales. Y a través de la hojarasca y materia orgánica acumulada, se obtiene los elementos faltantes. De hojas a ramos En la época cercana al domingo de ramos los mercados de los municipios cercanos a su habitat se llenan de produtos obtenidos de las hojas más jóvenes y atractivas de la palma. Igualmente, sus hojas se usan para techar, hacer semilleros y diversos articulos de uso doméstico. Algunas veces se prefieren las hojas centrales, que son las más completas.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
21 de octubre de 1992
Autor
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