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La Casa del Migrante, una mano al desplazado

Diariamente, a la capital del país llegan desplazados de toda la geografía nacional con el sueño de cambiar su futuro, pero se encuentran con la indiferencia de la gente como bienvenida y con alternativas poco alentadoras de vida: la mendicidad e ir a vivir a zonas periféricas, sin techo y ni un pan para alimentarse.

Sin embargo, desde hace 11 años, en medio de este sombrío panorama, surgió una mano amiga que les brinda calor de hogar y les ofrece la posibilidad de mirar el futuro con esperanza. Se trata del Centro de Atención al Migrante (Camig) o Casa del Migrante como también se le conoce.

Esta iniciativa nació como recomendación de Monseñor Mario Rebollo Bravo, cuando cumplió sus 50 años de vida religiosa y quiso que, en lugar de una fiesta, se destinara una casa para todos aquellos que no tenían a donde llegar en Bogotá. Siempre ha funcionado en la calle 17 No. 68-75, en el occidente de la ciudad, ahora bajo la tutela de las misioneras Scalabrinianas. Su directora, la hermana brasileña Jeannette María Santos Ribeiro, explica la razón de ser de la gestión con los desplazados: “Poder ayudar a las personas aunque sea con un pedazo de pan. Regalar un momento de amor y de paz para estas personas que llegan necesitadas a Bogotá”.

Esta labor va mucho más allá. Techo por tres días, orientación, ropa, material de aseo, y ayuda ante la Personería para acreditar su condición, son algunos de los beneficios que reciben los migrantes.

Si las familias definitivamente no tienen un lugar donde alojarse, “les mandamos a que busquen una casa o una pieza, les brindamos el primer mes de arriendo, un kit de cocina y de habitación, un mercado que dure un mes, y les pagamos un carro para el trasteo”, explica.

Además hay un espacio para la capacitación y esencialmente para fortalecer el campo interior de las personas: “También los confortamos con la parte espiritual, no dejar perder la fe a la gente. No hacemos distinción de fe, si son de cualquier religión los atendemos como llegan. Que tengan fe, esperanza y puedan rehacer sus proyectos de vida, eso siempre lo buscamos”.

Entre enero y agosto del 2006, un total de 16 mil personas se han beneficiado del Camig, el mayor número en los once años de existencia, explica la hermana Jeannette, gracias a que “todo es voluntario, del Gobierno nada, pero gracias a Dios que no nos ha faltado nada”.

16 mil personas han sido atendidas entre enero y agosto en la Casa del Migrante.

Amor, comida y educación, claves para un futuro mejor Lo que nació hace 22 años como un proyecto que buscaba brindarle las herramientas a comunidades pobres de algunos barrios del sur de Bogotá para acceder al agua potable, cambió por petición de la comunidad para convertirse en un programa que atacaba la carencia de alimentación de los más jóvenes.

“Ellos dijeron que lo más urgente era combatir el hambre de los niños”, explica María Cristina Jaramillo de Arrázola, quien, junto con el sacerdote jesuita Jaime Martínez, le dieron vida a la Fundación Hogar Integral, que empezó “con 24 niños, en la casa de dos familias que prestaron sus hogares.

Allí, sentados en el suelo, se les daba alimento”.

Con el paso del tiempo se fue extendiendo la cobertura hasta llegar al barrio Potosí, en Ciudad Bolívar, a los Altos de Cazucá y a Soacha, lugares donde hoy en día la Fundación ofrece nutrición y educación a los menores, dos de los factores que contribuyen, según Jaramillo, a brindar un mejor futuro a este grupo poblacional.

“Nosotros creemos que para que los niños tengan una oportunidad en la vida necesitan tres cosas: primero amor, segundo nutrición y tercero educación.

Si se les brindan estas tres cosas, los niños tienen oportunidad en la vida”, explica la fundadora.

En total, suministra 3.000 almuerzos y 10.300 desayunos a menores, en 9 comedores y 2 jardines infantiles, y presta capacitación a 1.500 personas, entre niños y jóvenes, además de dar albergue a 550 niños en jardines, acciones para las cuales cuentan con el apoyo de algunas instituciones privadas, estatales y sobre todo de la gente.

A María Cristina Jaramillo lo que más le sorprende es el nivel de solidaridad y desprendimiento de las familias que viven en estos lugares, que en medio de las dificultades económicas, dan su granito de arena.

“La gente es maravillosa, aún entre las personas que tienen las necesidades básicas insatisfechas. Comparten el techo, la cama y hasta la panela”, explica la fundadora, quien agrega: “ellos no pagan nada. Lo único que hacen es trabajo social, como el caso de las mamás con un día de aseo”.

Lo anterior la lleva a mantenerse firme al frente del proyecto: “He tenido dificultades económicas porque a veces no es fácil, pero nunca he pensado que no voy a seguir”.

OTRAS ENTIDADES DE APOYO Hogares de Solidaridad Claudia Mercedes Yopasá. Tel: 6893583. Niños bajos recursos centrosan Fundacion Renacer Stella Cárdenas. Tel: 3688141 - 2445490. Niñez y adolescentes explotados sexualmente.

Hogar Integral María Cristina Jaramillo de Arrázola.Tel: 7105855. Niños de bajos recursos.

Fundacion Margarita Otero Lievano Gloria Stella Pardo. Tel: 6815189. Niñas y jóvenes.

Fund. San Francisco Hermano Felipe Morales. Tel: 2469607. Niñez, adultos y familias pobres.

Futuro Juvenil Jesús González. Tel: 2513601 - 2247402. Mejores de bajos recursos.

Hogar de Cristo cobija a ancianas sin hogar “Trabajamos por los pobres entre los pobres. Donde hay necesitados ahí estamos”, con este par de premisas, la hermana Tilda sintetiza el trabajo que desarrolla el Hogar de Cristo por los adultos mayores sin recursos, especialmente las mujeres indigentes, desde hace 19 años en Bogotá.

En enero de 1987, las hermanas Misioneras de la Caridad de la Comunidad de Sor Teresa de Calcuta, comenzaron una labor a favor de las personas mayores que no tenían techo y deambulaban por las calles, dándole albergue y enseñándoles catequesis, en sus primeros años. Los primeros beneficiados fueron unos pocos ancianos, unos cuatro o cinco, cuenta la Directora del Hogar.

Posteriormente, en un lote ubicado en el barrio La Macarena, en el centro oriente de la capital del país, construyeron una casa más amplia en la cual dan techo hoy en día a 47 mujeres mayores de toda Bogotá, a las que les brindan alimentación, espacio para el entretenimiento y acceso a salud.

Un grupo de seis religiosas extranjeras, tres de la India incluyendo a Tilda; una ecuatoriana, una mexicana y otra española, además de dos voluntarios, se encargan diariamente de alimentar, bañar y cuidar a las mujeres, con edades superiores a los 50 años.

A este grupo de personas también les garantizan el acceso a la salud: "están afiliadas al Sisbén y en los hospitales las atienden muy bien. También hay dos médicas voluntarias que vienen todas las semanas y cuando alguna de ellas está enferma".

La hermana enfatiza en la misión del Hogar: “No trabajamos para conseguir satisfacciones personales, hacemos labor por amor a Dios”.

Otro campo de acción de las Misioneras tiene que ver con paliar el hambre de los adultos mayores sin recursos, tanto hombres como mujeres, a los que les dan alimentación: “Tenemos un comedor al que van 200 personas todos los días”, explicó. Los interesados en contribuir a esta causa pueden comunicarse al teléfono 2851235 o en la carrera 3ª No. 30c - 24.

47 mujeres mayores tienen techo y cuentan con alimentación y un espacio para vivir mejor

Publicación
portafolio.co
Sección
Otros
Fecha de publicación
14 de noviembre de 2006
Autor
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