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La diplomacia bufonesca

Viendo y escuchando al ex parlamentario Carlos Moreno de Caro en Mesa de noche, el programa de televisión que conduce Jorge Alfredo Vargas, sentí la pena ajena que también debieron de sentir la ex canciller Carolina Barco y su reemplazo en el Palacio de San Carlos, María Consuelo Araújo. Quien decía payasadas no era un imitador de ‘el Moreno’, una figura pintoresca de nuestro circo electoral, sino el mismo Moreno de Caro, imitándose a sí mismo.

La pena ajena era explicable: quien hablaba y actuaba frente al televisor, haciendo gala de una chabacanería superior a su pobrísimo ingenio, no era el hombre de las famosas tapas de alcantarillas, sino el recién nombrado embajador de Colombia en la República de Suráfrica.

Pero, ¿por qué habrían de sentir pena ajena la ex y la titular actual de esa cartera? Porque el nombramiento del bufonesco embajador fue hecho desde la Casa de Nariño. Desde allí se ordena hacer los nombramientos políticos, recompensas dadas por la lealtad al Presidente y su gobierno. Lo que menos importa es saber si el premiado será capaz de desempeñar decorosamente un cargo que compromete la imagen y los intereses de nuestro país. Se elige al premiado, se busca la vacante y se firma el decreto.

Supongamos que ambas funcionarias, respetables en muchos sentidos, no hayan sentido vergüenza ajena ante el espectáculo de un cómico que se imitaba a sí mismo y que, sentado en el set del programa, actuaba investido por la ‘majestad’ del cargo oficial. Quienes sí debieron sentir vergüenza fueron los funcionarios de carrera de la Cancillería, pese a estar acostumbrados a esta clase de burlas.

No se necesita un “espejo deformante” para describir estos disparates. La deformada es la imagen creada en este y otros casos por el Presidente. Al perfeccionar la tradición colombiana que paga con altos cargos públicos los favores que le hacen los políticos, AUV sigue, sin embargo, hablándonos de meritocracia. ¿No hay acaso más de un miembro de una misma familia desempeñando cargos en el exterior? El nombramiento de ‘el Moreno’ puede ser placentero para él, pero es probable que sea una humillación indirecta para el país que va a darle el beneplácito.

La República de Suráfrica no es una nación de pacotilla ni un Reino de Taifa. Es uno de los países históricamente más complejos del mundo moderno.

Y lo fue desde el siglo XVII, cuando holandeses y alemanes, además de franceses fugitivos, impusieron la ‘superioridad’ de la marca cultural europea sobre jols, ngunis, sihos, san y josas, entre otros. Fue el lugar donde se experimentó, en pleno siglo XX, a partir de su independencia de Gran Bretaña, una de las más atroces formas de segregación que conozcamos.

En boca de Moreno de Caro, la palabra apartheid sonaba esa noche a bufonada.

Si hubiera repetido que allá son lenguas oficiales el inglés y el afrikáans, el zulú y el tsonga, el sotho y el venda, además del tswana, entre otras que el colonialismo blanco expulsó de la ‘civilización’, la bufonada de ‘el Moreno’ hubiera sido peor.

No sé si los consejeros le hayan pasado al Ministro de Relaciones Exteriores, perdón, al Presidente, la grabación que tiene como actor principal al nuevo embajador de Colombia en Suráfrica. El actor de la noche demostró ante las cámaras que el patetismo también tiene derecho a representación diplomática.

¿Va Moreno a ‘predicar’ donde predicó Nelson Mandela, uno de los líderes espirituales del siglo XX? ¿Qué va a hacer el demagogo local al país que vio nacer a J. M. Coetzee, el formidable escritor universal que convirtió el infierno de la miseria y la segregación en grandes obras literarias? Moreno va a lo que va: a hacer el ridículo en nombre “de la patria”.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Opinión
Fecha de publicación
9 de noviembre de 2006
Autor
ÓSCAR COLLAZOS

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