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El ataque de las Farc

El ataque de las Farc contra el poblado de Tierradentro, en el sur de Córdoba, es todo un desafío a la promesa oficial de retomar el control de las zonas que dejan los paramilitares desmovilizados, y debe poner a pensar a los encargados de la política de seguridad democrática.

En primer lugar, preocupa que, desde las tomas de Toribío, Jambaló y Piamonte, en el Cauca, entre abril y agosto del 2005, las de Samaniego, Cumbitara y otros pueblos de Nariño y la de San Marino (Chocó) en diciembre de ese año, hace bastante no se presentaba una toma de un pueblo, al tradicional ‘estilo’ de las Farc, con ataque a la estación de policía, cilindros y policías muertos.

En segundo lugar, lo sucedido muestra que las Farc están insistiendo en la táctica de emboscar a los refuerzos, como hicieron en Tierradentro con los carabineros que acudieron en su ayuda (así perecieron 16 de los 17 policías). De acuerdo con la Fundación Seguridad y Democracia, en el primer mandato de Uribe protagonizaron 486 emboscadas.

El tercer elemento de alarma –y el más novedoso– es que las Farc hayan logrado concentrar un grupo de medio millar de hombres para atacar a Tierradentro. El gran logro del cambio de estrategia de las Fuerzas Armadas que se inició con Pastrana y el Plan Colombia, sostenido en la administración Uribe, fue el de haberle cortado, al ganar la supremacía aérea, las alas a todo intento de las Farc de movilizar grandes grupos de hombres, como hicieron en 1996-1998 contra instalaciones militares. Hoy hay que preguntar cómo lograron reunir a casi 500 hombres de tres frentes (se habla del 5o., el 18 y el 58) sin que la inteligencia se percatara.

En los ataques a las bases militares de Iscuandé (Nariño) y de Teteyé (Putumayo), en enero y junio del 2005, respectivamente, y en las tomas de pueblos del Cauca, las Farc también concentraron grupos grandes de tropa.

Pero solo en el Cauca fueron de tamaño similar al del reportado en Tierradentro. En Teteyé, además, la cercanía de la frontera era un elemento clave, y en Iscuandé hubo evidencia de que el ataque se hizo con complicidad de personas del interior de la base.

Tampoco hay que magnificar, pues Tierradentro es pequeño y aislado. Pero, mientras las bombas contra la Brigada en Villavicencio o en la Escuela Superior de Guerra en Bogotá (atribuida por el Gobierno a las Farc) delatan a una guerrilla a la defensiva, con actos aislados, lo de Tierradentro indicaría que no está tan golpeada como se proclama y que es capaz de emprender acciones para distraer la presión del Plan Patriota en el sur.

Un nuevo y significativo indicio de que la estrategia de seguridad democrática demanda, como mínimo, algunos ajustes tácticos de fondo.

editorial@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
3 de noviembre de 2006
Autor
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