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POR QUÉ SE PIERDE EL OÍDO

Si revisando la historia de su familia descubre que alguno de sus parientes tuvo problemas auditivos, no dude en llevar a sus pequeños adonde el otorrinolaringólogo. La razón: está comprobado que el 30 por ciento de los casos de pérdida auditiva profunda es por causa genética, es decir, por herencia, y se puede presentar en el momento del nacimiento o después.

Aunque los factores genéticos o hereditarios son frecuentes causas de sordera, existen otras que pueden provocar deficiencias en la audición. Entre ellas están las afecciones inflamatorias u otitis.

La más común es la otitis media serosa (localizada en el oído medio), que se produce por obstrucción del paso de aire entre la parte posterior de la nariz y el oído medio, es decir, la Trompa de Eustaquio, debido a enfermedades infecciosas como la sinusitis y la adeno amigdalitis. Las rinitis alérgicas también originan este problema.

El diagnóstico es fácil una vez se descubre la enfermedad. La dificultad estriba en detectarla, ya que generalmente sólo produce la baja de audición y no presenta dolor.

En el caso de los niños, la mayoría de las veces, la profesora es quien la dectecta, cuando encuentra un menor con trastornos en la atención o con dificultades en el lenguaje y en el aprendizaje.

Se calcula que un 90 por ciento, menores de 6 años han presentado otitis media aguda (menos de una semana de evolución). Y un alto porcentaje la han padecido en forma crónica (el líquido persiste por más de cuatro semanas).

Descubierta la enfermedad, el tratamiento se dirige a corregir la causa inicial de la obstrucción (sinusitis, alergias...). Pero, si después de uno o dos meses de tratamiento aún hay presencia de moco en el oído medio, se debe practicar una cirugía encaminada a retirarlo.

Esta operación se realiza mediante la colocación de una pequeña válvula o tubo de ventilación en el tímpano del paciente. El pequeño tubo permanece en el tímpano aproximadamente 6 a 8 meses hasta que es expulsado espontáneamente.

Aunque no produce ninguna molestia, la persona que lo lleva debe impedir la entrada de agua en sus oídos para eliminar el riesgo de infección. Para ello debe utilizar algún tipo de tapón durante el baño en la ducha. Además, debe evitar bañarse en piscinas o en ríos.

También existe un grupo de sustancias químicas y drogas que pueden lesionar o destruir las células del nervio auditivo causando su deterioro. Se trata de los ototóxicos. Entre ellos se encuentra la leche de higuerón utilizada para purgar a los niños; la garamicina, empleada en el tratamiento de riñones y problemas renales; sustancias como el talio, presente en los raticidas; drogas diuréticas utilizadas en el tratamiento de la hipertensión; algunos antibióticos del grupo de los aminoglicósicos como la kanamicina y la gentamicina, y aún la misma aspirina, aunque sus lesiones son reversibles cuando se suspende su utilización.

Por esto la importancia de tomar sólo los medicamentos formulados por un profesional médico, evitando la automedicación, frecuente entre las personas.

La exposición a ruido es otra de las causas de la pérdida auditiva. Un sonido duradero e intenso puede ocasionarla temporal o permanentemente. Dicha exposición se presenta en fábricas y en ambientes cerrados como discotecas, en donde la música está a alto volumen. También los audífonos utilizados en tonos exagerados y el ruido de la pólvora al explotar o de las armas de fuego al disparar pueden provocarla.

La presbiacusia o pérdida de la audición por la edad se produce, generalmente, por trastornos circulatorios en el oído interno. Es una alteración progresiva, es decir, a medida que pasa el tiempo la deficiencia se hace mayor.

Esta dolencia origina en los mayores sensación de aislamiento, depresión y el deseo de alejarse de situaciones en donde se sienten incómodos. El tratamiento El tratamiento depende del tipo de enfermedad, pero siempre debe estar encaminado a eliminar la causa del problema. Algunos requieren de medicamentos o cirugías; y en aquellos en donde no se recupere la audición es necesario la adaptación de prótesis auditivas.

Lo importante es que la enfermedad sea manejada por el profesional encargado de este órgano: el otorrinolaringólogo.

Una vez determinada la limitación del paciente se definen sus posibilidades de rehabilitación y adaptación de audífonos. Además se le enseñan los institutos para sordos a los cuales puede asistir (en el país hay cerca de 59) en donde le hacen terapia del lenguaje, en el caso de los niños, y le instruyen en la lectura labiofacial

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
30 de septiembre de 1992
Autor
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