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GUATAVITA: EL OTRO MITO

Un hombre se cubre de polvo de oro la piel aceitada y luego se tira al agua. Al tiempo, miembros de la tribu arrojan objetos forjados en el mismo metal, llenos de incrustaciones de piedras preciosas. Imaginar esta escena, que supuestamente había ocurrido desde tiempos inmemoriales en la laguna de Guatavita, antes de que Colón llegara al Nuevo Mundo, hizo enloquecer a los conquistadores y dio origen a una historia de sangre y fuego conocida como la leyenda de El Dorado.

El rito era realizado para consagrar al cacique como amo y señor del territorio y para apaciguar al demonio que, según las creencias chibchas, vivía en el fondo de las aguas. Los españoles nunca encontraron nada. Realidad? Fantasía? Nadie lo sabe.

Pero comparado con el tema de los tesoros, solo otro relacionado con la laguna de Guatavita ha logrado arrebatar la imaginación popular y tejer tantos mitos y leyendas: su origen.

Ya que en la laguna no hay rocas volcánicas, que hicieran pensar en el cráter de un volcán, sus paredes empinadas y forma casi circular llevó a extender la creencia de que había sido originada por el impacto de un meteorito. Luego, se habló de un fenómeno llamado colapso salino. Y ahora, las evidencias halladas en estudios más recientes conducen a pensar que su origen estuvo determinado por factores menos espectaculares, pero mejor respaldados por los hechos geológicos.

La idea del impacto meteorítico hizo carrera desde 1954, cuando un geólogo de apellido Raasveldt aseguró que el plegamiento y la inversión de unas capas rocosas sedimentarias halladas en las paredes de la laguna solo podían ser explicadas por un fenómeno así.

Sin embargo, la caída de un meteorito habría estado acompañada de tal presión y temperatura, que habría dejado huellas fácilmente observables hoy. El meteorito, de existir, habría tenido un tamaño igual al círculo de la laguna, con un diámetro de 400 metros. Pero de un totazo tan gigantesco no hay huella: Los indicadores del impacto meteorítico, como el metamorfismo en las rocas, fragmentos metálicos, y los llamados conos de fracturamiento, no se encontraron , dice el geólogo del Instituto Nacional de Investigaciones Geológico Mineras (Ingeominas), Humberto Rosas G., quien, junto con el también geólogo Orlando Navas C., estudió la zona y postuló una nueva hipótesis para explicar su origen.

Por metamorfismo los geólogos entienden los cambios mineralógicos y químicos que sufren las rocas existentes cuando son sometidas a grandes presiones y temperaturas. Estas condiciones, normalmente, se pueden dar cuando las rocas están en cercanías de alguna fuente de calor; por ejemplo, la cámara en la que hay otra roca fundida que nutre a un volcán. Otras veces, los cambios son generados por el contacto directo de las rocas con la lava que fluye. Y otras veces, también frecuentes, el metamorfismo ocurre porque las capas de roca son sometidas a una intensa presión por el peso de otras rocas que están encima.

Pero tal vez la forma menos usual de producirse cambios metamórficos es con un meteorito. En este caso, la presión y la temperatura son sumamente elevadas pero de muy corta duración.

Los conos de fracturamiento, una estructura con forma cónica que debió haberse formado en las rocas que, en teoría, sufrieron el impacto del meteorito, o los fragmentos metálicos que formarían parte de él, no se encontraron por ninguna parte.

En el mundo, los cráteres de meteoritos están muy bien estudiados y documentados, incluso existe un inventario de ellos. Tal vez el más famoso es el Shoemaker, que está en Arizona (Estados Unidos). Pero allí, a diferencia de Guatavita, las evidencias son inequívocas. La teoría meteorítica dice Rosas G. carece de respaldo .

Años después, en 1965, otros geólogos propusieron la llamada teoría del colapso salino. Según esta, exactamente algunos metros abajo de donde está la laguna, había un domo de sal que fue diluido por corrientes subterráneas de agua. Al ocurrir esto, el espacio que ocupaba quedó vacío; y lo que estaba encima, se despomó dando origen a una depresión (hoy convertida en laguna).

En esos momentos, la teoría no era nada traída de los cabellos. Se pensaba que la sal de la Sabana de Bogotá era el producto de las llamadas intrusiones salinas. El proceso de intrusión, en lenguaje más cotidiano, equivale a inyectar . Según la teoría, la sal inyectada adquiría la forma de domo. Sin embargo, luego de estudios posteriores se propuso la idea de que la sal de la Sabana de Bogotá no era el resultado de intrusiones, sino que se encontraba en capas sedimentarias, pertenecientes a un conjunto llamado Formación Chipaque.

Al observar la presencia de estas capas en relación a la laguna, se llegó a la conclusión de que debían encontrarse por lo menos 300 metros abajo de ella. Así dice Rosas G. fue muy difícil establecer conexión entre el cráter y la sal . Para acabar de descartar la idea, los investigadores tampoco encontraron evidencias de salinidad en la laguna o en sus cercanías.

Pero, entonces, descartadas las hipótesis del impacto meteorítico y la del colapso salino, cuál es el origen de la laguna de Guatavita? Los geólogos Rosas y Navas, después de estudios de campo, llegaron a la conclusión de que su origen se puede explicar sin recurrir a mecanismos tan espectaculares.

El primer hecho que les llamó la atención es que la laguna de Guatavita está ubicada en la nariz de lo que se llama un anticlinal. Esta estructura es simplemente un pliegue de rocas, en cuyos flancos el agua desciende en sentidos opuestos a partir de su cresta o eje (ver ilustración). Otra forma de decirlo, un anticlinal es un pliegue con la concavidad hacia abajo. Si se quiere hacer más gráfico el concepto, hay que pensar en una hoja de papel a la que se le aplican fuerzas en sentidos opuestos. Los pliegues hacia arriba son los anticlinales. Dos anticlinales seguidos forman un valle o, como dicen los geólogos, un sinclinal. La nariz del anticlinal es el extremo del pliegue. Las rocas del pliegue son rocas sedimentarias.

En un comienzo, según los geólogos, a partir de la cresta del pliegue se formó un sistema de corrientes (una red hidrográfica). Los cauces de estos ríos estaban determinados por la forma semicircular que presentan las capas de roca en el extremo del pliegue, o parte norte de la laguna. Luego, esa estructura fue cortada perpendicularmente por una falla que dio origen a dos bloques: el del sur se levantó y dio lugar a un escarpe. Este permitió la formación de una cascada de unos cincuenta metros de altura que poco a poco fue desgastando sus paredes de forma semicircular, de una manera parecida a lo que ahora ocurre en el salto del Tequendama, pero en una escala menor. El retroceso del escarpe fue lo que determinó la forma circular de la laguna al sur.

Siendo reiterativo, en resumen dice Rosas la forma circular, semejante a un cráter, fue generada al norte por la erosión de las capas que forman la nariz del anticlinal, y al sur por el escarpe semicircular de la cascada .

Luego la laguna fue sometida a una intensa acción glacial, que seguramente contribuyó al modelaje del paisaje actual. Con el deshielo, la cascada, que se había formado antes de esto, se reactivó con un flujo y poder erosivo mucho mayor. El escarpe, como tal, fue destruido casi totalmente. Pero aún se conservan vestigios.

Hoy, el aporte de agua superficial a la laguna es mínimo: se alimenta principalmente de agua subterránea. En un tiempo, que pueden ser cientos o tal vez miles de años, la laguna desaparecerá, pues ya ha entrado en su etapa final de sedimentación. Oro Los mitos relacionados con la laguna de Guatavita no solo tienen su origen en la época de la Conquista. Lo ocurrido en años más recientes, no más de un siglo, también pasó a formar parte de la leyenda.

Se habla de intentos exitosos y fallidos de desaguarla para encontrar todos sus tesoros. En un viejo libro alemán publicado en 1911, por ejemplo, incluso hay una fotografía, supuestamente real, de la laguna totalmente desaguada. Allí mismo se narra que W. Cooper, representante de la compañía inglesa Contractors Limited, le había mostrado a dos alemanes que estaban de visita por el país fotografías de cualquier cantidad de objetos de oro sacados de la laguna: anillos, culebras, ranas y cabezas de hombres.

Claramente Cooper les había dicho que el valor del oro encontrado desde 1909 sumaba por lo menos las 500 libras, y que pagaba varias veces la inversión de la expedición.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
26 de enero de 1992
Autor
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