Cerrar

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

LOS MERCADOS DE LAS PULGAS

Las compraventas informales de antiguallas y baratijas de lo olvidado, lo viejo, lo nuevo y lo inimaginable, se conocen a lo largo del mundo como mercados de las pulgas, rastros o pulgueros. Aparecen y desaparecen casi por arte de magia. Sus tenderetes de quita y pon se instalan al aire libre en calles céntricas que entre semana tienen el mismo ajetreo de cualquiera otra.

Las mercancías están expuestas sobre telas o escaparates improvisados y al alcance de la mano para que el comprador pueda echarles una mirada antes de animarse a regatear.

Su atractivo son los bajos precios y las gangas que ofrecen en comparación con los comercios normales.

En Brasil las llaman ferias . Allí hay muebles, ropa, legumbres, carnes, mariscos y comidas típicas de las cinco regiones del país. En Rio de Janeiro, la Feria de San Cristóbal; en Sao Paulo, el mercado de la Plaza de la República, y en Fortaleza, el Mercado Centrale.

En la plaza limeña de Miraflores, en el barrio del mismo nombre, se ponía hasta hace pocos fines de semana un rastro chiquito. Pero, recientemente, el alcalde lo suspendió, nadie sabe si para siempre, a causa de unas obras muy criticadas.

Toda la zona conocida como el Damero de Pizarro o la Lima Cuadrada reúne a millares de vendedores ambulantes que comercian con todo lo que uno se pueda imaginar.

En Caracas se llaman mercados de los corotos. Están en las avenidas del centro de la capital y en torno a los mercados municipales de víveres. Los libreros y artesanos, con sus trabajos en cuero y otros materiales, se concentran en torno al Ateneo y en la Gran Avenida de Sabana Grande.

Los cubanos de La Habana se van los sábados por las tardes al Mercado de la Plaza, que funciona desde finales de la década de los años 70 en la Plaza de la Catedral en el centro histórico de la ciudad. Se encuentran tallas en madera, grabados, plantas, cerámicas, pinturas y ropa.

Todos los domingos por la mañana, desde hace varias décadas, la Feria de Tristán Narvaja, de Montevideo, ofrece alimentos y verduras, herramientas, cámaras fotográficas, artículos de pesca, partituras originales históricas y dentaduras postizas.

En Panamá hubo hace unos años una calle de buhoneros llamada Salsipuedes, llena de trastos y de carteristas, donde se vendía toda clase de cachivaches. Ahora se estilan las ventas de garaje, a lo estadounidense. Cuando una familia viaja o cambia de residencia, saca en venta al patio o al antejardín todos los bártulos y muebles de los que quiere desprenderse.

En Buenos Aires hay que ir en fin de semana a la plaza del barrio de San Telmo, uno de los lugares más antiguos de la capital. Se consiguen valiosas piezas de porcelana y muebles franceses, esculturas en mármol italiano, cristalería de Bohemia, viejos discos de tango, tapices de Oriente y porcelanas chinas. También, en las plazas de Chacabuco, Francia y Centenario, o en el mercado indígena de Huamahuaca, se instalan los artesanos.

En Guatemala funcionan desde hace 15 años el Mercado del Guarda, en el barrio del Guarda Viejo, al sur de la capital, y el de Chichicastenango, cerca del lago de Atitlán.

En Bogotá existen dos pulgueros dominicales. El de Usaquén y el de San Alejo, a los pies del cerro de Monserrate. Entre las calles 19 y 26 con carrera 3a. se consiguen desde ropas artesanales, cerámicas, monedas, cajas musicales antiguas, hasta réplicas de chivas multicolores.

Este San Alejo santafereño incluye ópticas de segunda mano, donde quienes no disponen de dinero para mandar hacer gafas recetadas se prueban varias de las que se amontonan en una mesa, hasta que consiguen unas con las que ver bien a una legua.

En Ecuador, además del mercado indígena de Saquisilí, existen los ropavejeros, mercados de pulgas y chatarreros que venden fierros viejos y piezas usadas, como repuestos para automóviles, electrodomésticos y maquinarias.

En la capital boliviana está El Miamicito, diminutivo de Miami, porque se expende una inimaginable gama de productos representativos de una sociedad de consumo. Se pueden comprar lavadoras italianas, cocinas y planchas alemanas o españolas, máquinas de escribir mexicanas, teléfonos taiwaneses y rusos; licores, cigarrillos, computadoras, aparatos de radio, televisión, videos japoneses, ropa de toda marca, relojes auténticos y falsificados, alimentos de Brasil, Perú, Chile, China, y vajillas surafricanas.

Hay en La Paz otro mercado muy concurrido, el de Las Brujas, que ofrece productos para atraer el bien y espantar el mal, para curar penas del alma o el ajayú y dolores de cuerpo.

Identificado plenamente con las milenarias culturas callawaya y aimará, el mercadito surte un sinfín de amuletos para toda suerte de necesidades, como fetos de llama y también hierbas utilizadas por los callawayas, médicos naturistas aimaraes y los yatiris, brujos aimaraes.

En México están: el del Madero en Veracruz y el de San Juan en la capital; en Chile, el Paseo de Ahumada, en Santiago.

Los estadounidenses compran y venden cachivaches en Maxwell Street, de Chicago; TBird Swap Shop, en Fort Lauderdale, y en Barterama at Aqueduct Raceway, del barrio neoyorquino de Queens.

En otras latitudes, como Abiyán, lugar turístico y residencia de no pocos europeos, el Marche de Cocody ofrece productos de artesanía local: marfil, ébano, malaquita, bolsos y zapatos en piel de cocodrilo o iguana y joyería.

Como norma, los vendedores piden una fortuna, sobre todo a los extranjeros, pero enseguida subrayan que es el primer precio y se puede regatear. Por lo general, se puede obtener casi todo por la mitad del precio estipulado.

En Tokio, en el parque Yoyogi de Shibuya, el primero y último domingos de cada mes se instala un mercado libre al que van todos los que quieren vender ropa usada, electrodomésticos, piezas sueltas de vajillas o cubierterías.

También hay mercadillos en otros barrios de la capital, como Harajuku, Asakusa o Ikebukuro, donde cada tercer fin de semana se reúnen los buscadores de antigedades de cerámicas, dibujos de tintas chinas, kakejiku y marfiles.

En Europa hay mercados dominicales famosos, como el romano de Porta Portese, con multitud de puestos en los que se pueden comprar libros del siglo XVI y antigedades.

Otros rastros italianos son los de San Lorenzo en Florencia; el Mercato di Corso Umberto I en Nápoles; el palermitano della Vucciria y el Mercate delle Pulci de la genovesa Plaza Lavagna.

Sin embargo, la ciudad europea por excelencia para los mercadillos, especialmente los de antigedades, de los que existen al menos uno para cada día de la semana, es Londres.

Covent Garden, en el mismo recinto donde desde 1670 hasta 1974 funcionó un mercado de flores y frutas, ofrece antigedades los lunes. De martes a viernes, mercado en general, y sábados y domingos, artesanía.

El martes se puede ir a Alfie s Market antigedades, el mayor bajo techo de Londres, en Church Street; el miércoles, a Camdem Pasage; el jueves, a Ronford, uno de los más antiguos, que data de 1247 y en el que se vendió en subasta pública, en 1831, a la esposa del señor Newcombe.

Los viernes londinenses abre el anticuario New Caledonian Marquet 1855, casi bajo el Tower Bridge; los sábados, Portobello Road, el más visitado por los que pisan la capital británica, y los domingos se puede elegir entre el de Greenwich, Camdem, Lock Petticoat Lane, o los numerosos hoteles que ofrecen ese día mercado de antigedades.

En Viena funciona desde hace diez años el sabatino Naschmarkt, Mercado de las Cenizas. La Feira lisboeta da Ladra, Feria de la Ladrona, es el mercadillo por-tigués de mayor tradición. Martes, jueves y sábados se montan los tenderetes en la zona antigua de la ciudad, cerca del Castillo de San Jorge.

Su época más floreciente coincidió con los años posteriores a la Revolución de los Claveles, cuando se encontraban tallas, muebles o porcelanas procedentes de las casas bien desmanteladas por temor a los radicalismos, o armas y equipos militares de los soldados recién desmovilizados.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
14 de diciembre de 1991
Autor
JAVIER NIETO REMOLINA

Publicidad

Paute aqu�

Patrocinado por: