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EN LOS LLANOS: AGRICULTURA Y GANADERÍA POR RADIOTELÉFONO

Los sábados, Alberto Delgado Cárdenas, un hacendado de la región de San Juan de Arama (Meta), se convierte en ayudante de camión. Solo así, en la clandestinidad, puede visitar los terrenos que hasta hace un año creía suyos y que ahora están bajo el contol de las FARC. Pero muy pocos emulan la osadía de este hombre que no se resigna a perder sus tierras. Más de un centenar de ganaderos y agricultores llaneros están sitiados en Villavicencio y controlan sus propidades a distancia.

No pueden ir porque saben que la guerrilla los puede secuestrar.

EL TIEMPO comprobó que en los Llanos Orientales las tareas del campo se practican por radioteléfono.

Todos los sábados, Alberto Delgado Cárdenas, un hacendado de la región de San Juan de Arama (Meta), se convierte en un ayudante de camión. Solo así, en la clandestinidad, puede visitar los terrenos que hasta hace un año creía suyos y que ahora están bajo el control de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Este hombre su nombre fue cambiado por razones de seguridad como si fuera el encargado de revisar el aceite del carro y cambiar las llantas, viaja semanalmente, por caminos llanos y destapados, a sus fincas en la región suroccidental del departamento, en un intento por manejar sus propiedades.

Como Alberto Delgado, cerca de cien ganaderos del Meta se han visto obligados a buscar asilo en Villavicencio o en centros urbanos como Acacías y Granada, e incluso Bogotá, y a encontrar maneras de continuar manejando sus fincas y controlando a larga distancia la producción ganadera y agrícola.

El radioteléfono y los administradores que van constantemente a la ciudad para recibir instrucciones, son sus mejores aliados contra el enemigo: la guerrilla.

La subversión, a la que todos temen y de la que prefieren no hablar, ataca los dos pilares fundamentales de la economía del departamento: agricultura y ganadería. La primera, con grandes sembrados de arroz, maíz, sorgo y algodón y la segunda, que lo convierte en el principal abastecedor de ganado de carne del oriente y centro colombiano.

Los grupos de las FARC, algunos reductos del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Grupo de Francisco Caraballo, estrechan cada vez más su cerco en los 85.000 kilómetros cuadrados del Llano del Meta.

Los campesinos y ganaderos, dueños de fincas entre veinte y 500 fanegadas, se enfrentan al secuestro y el boleteo, principales fuentes de financiación de la subversión. La intimidación, en este caso, es el as que la guerrilla tiene en la manga. Y con ella intenta controlar la zona.

Con esta estrategia obtienen el pago de vacunas y en el caso del secuestro, que la familia de la víctima se abstenga de formular la denuncia. Cifras fragmentarias, calculadas por el Fondo de Ganaderos del Meta, dan cuenta de cerca de dos secuestros diarios protagonizados por la guerrilla o por delincuentes comunes que trabajan para la insurgencia. Nadie quiere hablar Muchos de estos hechos no son puestos en conocimiento de las autoridades. El Grupo Unase de esa región señala que en poder de la guerrilla solamente se encuentran dos personas en todo el departamento. En la mayoría de los casos los familiares no denuncian por temor dijo el comandante de la IV División del Ejército, general Ramón Niebles. Pero el fenómeno no es tan grave, porque se ha podido controlar mucho, y con las capturas se han evitado más secuestros .

Los hacendados, compradores y comisionistas del ganado saben que tras de ellos siempre hay un insurgente vigilante. Dentro de la organización hay guerrilleros dedicados a hacer el inventario de lo que hay en las fincas de los posibles secuestrables o boleteables.

A mi tierra comentó un ganadero en Villavicencio van muy seguido y averiguan con los trabajadores qué ganado es mío, cuánta tierra tengo, si he comprado más, o si tengo intenciones de venderla... .

El temor se observa en las miradas de los pequeños parceleros y en las respuestas evasivas de los propietarios de fincas. Ante preguntas sobre el boleteo, la afirmación es a mí nunca me han pedido plata. En cambio a mi vecino sí . Pero, igualmente, cuando el vecino habla, cuenta que él no ha sido víctima del fenómeno, pero que su vecino sí.

Nadie quiere hablar. La semana pasada, por ejemplo, los transportadores protestaron porque la guerrilla se está robando los camiones cargados con el ganado. Y los ganaderos son los que asumen el precio de los animales, pero nunca protestan , dijo el gerente del Comité de Ganaderos del Meta, general (r) Alberto López.

Sin embargo, en algunas ocasiones ante secuestros o boleteos impagables, los hacendados acuden al Fondo o al Comité para contar su drama, pero cuando se les propone presentar una denuncia penal la situación cambia dice el gerente del Fondo Ganadero, Gustavo Pardo. A partir del primer contacto con la familia los guerrilleros amenazan con atacar a allegados al secuestrado si se da aviso a las autoridades .

El temor no significa que no asuman el secuestro como una situación que cualquier día los puede sorprender. Así uno se cuide, no vuelva a la finca ni nada, los guerrilleros pueden emprenderla con un hijo o con otros familiares. La táctica Cuando ellos le clavan el ojo a alguien no hay nada que hacer. Lo que pasa es que como ese es su oficio, pueden chequearlo a uno hasta meses enteros , dijo una mujer que ha soportado dos secuestros en su familia.

Hace un tiempo, el administrador de la finca me llamó y me dijo que me tenía dos noticias, una mala y una buena dice un hacendado. La mala era que un ternero se había enfermado y la buena, que ahora sí se iba a acabar el abigeato porque habían ido unos señores que le habían dicho que de ahora en adelante iban a cuidar de la finca y a protegerla. Lo que él no sabía era que se trataba de la guerrilla que iba a empezar a pedir plata, comida y alojamiento .

Los guerrillos atacan a dos sectores de la población: hacendados y pequeños propietarios, con estrategias diferentes para cada caso. Mientras al campesino le piden hasta 50.000 pesos cada cuatro o seis meses, al hacendado le exigen hasta cinco millones mensuales.

El boleteo incluye exigencias de alojamiento, complicidad y comida, aunque los pequeños agricultores y parceleros niegan su aparente colaboración con la guerrilla.

Con ellos dijo un campesino que evadía la mirada no tenemos problemas. El lío es cuando viene el Ejército, que sí nos trata mal porque dicen que dizque colaboramos con la insurgencia y eso no es cierto. Ellos solo pasan por las casas .

El temor de colaborar con el Ejército es evidente. Cuando uno ve que un hombrecito aparece muerto por ahí dijo un campesino, uno ya sabe que es porque le ha colaborado al Ejército. Es por ser soplón .

No obstante, cuando se deciden a hablar, en casos muy poco frecuentes, afirman que constantemente la guerrilla pasa por sus casas y les pide colaboración . Nos piden el favor de que les demos posada por cuatro o cinco días. Claro que ellos mismos hacen la comida. A nosotros nos quitan por ahí una gallina o algo así... .

Y aunque la situación económica del campesino, propietario de una pequeña parcela en la zona de Mesetas, no es de miseria, las exigencias de los guerrilleros lo afectan, porque se pasa del pedido de una gallina al de un cerdo, una vaca o un toro. Ya no hay selectividad Los campesinos del suroriente donde actúa el frente 40 de las FARC han logrado evitar que los insurgentes se lleven su ganado, utilizando la estrategia que implantó el Fondo con el ganado que les da dentro de los programas de fomento.

El accionista del Fondo debe responder por cada animal que se le pierda sin justificación dice Pardo. Por eso, ellos han hablado con los guerrilleros y les han dicho que no les quiten su medio de subsistencia, que les colaboran pero si los dejan trabajar .

La situación del secuestro ha cambiado desde hace poco más de siete años, cuando comenzó a presentarse este delito en la región.

Mientras hace cinco o seis años los guerrilleros seleccionaban muy bien a sus víctimas, ahora cualquier persona que tenga siquiera un carro es secuestrable dijo el secretario de Agricultura del departamento, Juan María Vergara. El posible paciente del secuestro ha bajado de nivel. Es porque esto se volvió una cuestión usual .

Esa selectividad de antes le permitía al secuestrador permanecer mucho más tiempo con la víctima, porque así obtenía mayores ganancias. Ahora los secuestros se resuelven con mayor prontitud.

Otra variante que incide en el incremento indiscriminado de este tipo de hechos es la de que además del frente 43 de las FARC, que controla las finanzas de esa organización, cada célula debe aportar una cuota determinada para la Coordinadora.

Por esta razón realizan boleteos y secuestros de poca monta. Según informaciones de la IV División del Ejército, también los frentes 31 y 26 de las FARC tienen al secuestro como fuerte para su sostenimiento, especialmente en la zona de San Juan de Arama.

El cerco de la guerrilla frena cualquier posibilidad de inversión en el agro, el renglón más importante para el desarrollo del departamento.

El desarrollo de los hatos ganaderos que contabilizan alrededor de dos millones de cabezas en el departamento ha sufrido una merma considerable como consecuencia de estas acciones. Según estadísticas no muy precisas señaló Vergara, el hato se ha reducido en el último año en un 40 por ciento .

El consumidor final también ha resultado afectado. Mientras en mayo pasado una libra de lomo de res costaba 700 pesos, ahora el precio es de 1.200 pesos. La causa: la poca oferta de ganado en los sitios de comercialización.

Los registros de precios que posee el Fondo Ganadero muestran que mientras en febrero el kilo de macho en pie costaba 645 pesos, y el de hembra 545, en julio el precio llegó al máximo de 895 el macho y 795 la hembra. Ahora, en lo que va corrido del mes, el macho se ha cobrado a 870 pesos y la hembra a 765. El sacrificio de ganado, por su parte, ha sufrido una merma de más del 30 por ciento. En la agricultura la reducción de la inversión no ha sido tan alta. Esta se ha ido concentrando en zonas mucho más seguras. Como es una actividad de gran inversión, los grandes agricultores se van alrededor de los centros urbanos, donde la guerrilla no actúa tan directamente , dijo el secretario de Agricultura.

Ante este panorama, la actitud de los ganaderos y agricultores deja notar que en lo único que no han incidido el acorralamiento y el temor es en su férrea voluntad y en el amor profundo por su Llano.

Con la mirada frentera que caracteriza al hombre llanero, un ganadero dijo que nada ni nadie lo haría salir de su tierra, ni siquiera la clandestinidad en que le toca vivir. Amo mi campo, así no pueda ir tan seguido. Eso me duele mucho. Qué tristeza que uno no pueda disfrutar de lo que tiene. No me voy porque aquí nací y la guerrilla no me va a sacar. Es cuestión de principios... . Uno es minita de plata de ellos No sé si sea justo o tenga razón al decirte que por favor me trates de sacar pronto de por aquí. Pero es lo que más pido en este momento , escribió Alexander Caro, en septiembre de 1991, desde un lugar de la cordillera Oriental, en donde un frente de las FARC lo mantuvo secuestrado. Cuando escribí eso estaba en una tristeza muy grande. Es que ya había fallado en la fuga y hacía un año y medio que la guerrilla había matado a mi papá y mi hermano, y ahora me tenían a mí. Durante el secuestro me trataron muy bien, en la medida de lo posible. Me daban buena comida, enlatados y galletas. Es que a los guerrilleros les conviene que uno esté bien, porque les colabora para caminar y... como uno es la minita de plata... De todas maneras siempre pensé en escaparme. El día de la fuga caminé toda la noche, y a la madrugada llegué a una casita, con tan mala suerte que me había desorientado y caminé en redondo, así que el sitio era la casita donde los guerrilleros de vigilancia preparaban el tinto. De todas maneras no me vieron, pero otros que estaban más adelante sí me encontraron. Todo el tiempo estuve en contacto con mi mamá. Es que ella negoció directamente con la guerrilla mi liberación. Eso fue muy duro. Ella fue tres veces a hablar con el comandante y nada que me liberaban... Lo que pasó fue que pagó lo acordado por la liberación, pero la plata se perdió, tal vez entre los mismos guerrilleros. A mi mamá le tocó demostrarles que sí había pagado el rescate y ahí sí me dejaron libre. Ese día no creía que fuera cierto que estaba libre, que ya no tenía la soga con la que me tuvieron amarrado los cuatro meses, siempre del cuello. Los dos días que más susto sentí fue cuando me secuestraron y cuando me dejaron libre. Yo creía que me iban a pegar un tiro por la espalda, pero no fue así.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
21 de septiembre de 1992
Autor
CLARA ELVIRA OSPINA

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