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FUNCIONES DE LA SEXUALIDAD

Hay una gran cantidad de definiciones del término sexualidad. Para algunos autores la sexualidad se refiere a la actividad genital. Para otros, es una energía que requiere de solución a través de diversos mecanismos. También se interpreta ocasionalmente como el conjunto de condiciones físico-sicológicas que caracterizan cada sexo, o como el conjunto de sensaciones atinentes a la excitación y el placer sexual. No importa tanto la definición que demos al término como las funciones que la sexualidad desempeña en la vida de las personas. Antes de la aparición de los anticonceptivos (en la década de los 60), la única función válida de la sexualidad era la reproducción. Cualquier persona que tuviera una vida sexual activa corría el riesgo, tarde o temprano, de engendrar un nuevo ser. Por tanto, su concepción funcional tenía una base cierta.

Una vez surge la posibilidad de evitar el embarazo, se evidencia otra función: el placer, ya no aplicado al varón solamente, sino también a la mujer (en lo que tuvieron fuerte influencia la sicología y la sexología). Si las personas continuaban con una vida sexual activa, evitando la concepción, indudablemente había otras razones para su ejercicio.

Las nuevas generaciones se han formado bajo esta idea, y una de las dificultades en la relación padres-hijos es justamente la primacía de una función diferente de la sexualidad para cada uno de estos grupos: los adultos continúan dándole prioridad a la función reproductiva, mientras los jóvenes solo tienen en cuenta su función de placer. Pero si se tiene en cuenta la condición humana de la sexualidad no habría lugar a esta polarización conceptual y vivencial. Una sexualidad exclusiva o eminentemente reproductiva pondría al ser humano al nivel de los animales mamíferos, donde esta función es la única: la hembra en período de celo (ovulación) atrae al macho, y este, respondiendo a su instinto, se aparea con ella. De esta unión siempre surgen crías.

Pero una sexualidad exclusiva o eminentemente para el placer pondría al ser humano en riesgo de convertirse en objeto (y no sujeto) sexual. Cuando lo único que une a dos personas es el placer físico, casi con seguridad esta relación tiene un final, el cual se produce el día en que para los dos se agotan todas las posibilidades de expresión del placer orgásmico.

Volviendo al planteamiento original, la condición humana se fundamenta en la capacidad que tienen las personas de relacionarse con los demás a niveles de afectividad e intimidad diferentes, según las circunstancias y el tipo de vínculo establecido. Si en la base de la sexualidad se encuentra la función relacional, como eje y centro, las otras funciones (reproducción y placer) serán una derivación lógica de ella. A medida que una relación se solidifica, se hace fecunda y placentera. De la misma manera, reproducción y placer fortalecen cada vez más esa relación.

Cuál sería, entonces, el elemento clave en la construcción de una sexualidad relacional verdaderamente humana? Una opción es, evidentemente, el amor. Cuando una relación se cimente en el amor que dos personas comparten mutuamente, existe una especie de garantía para que la vida de pareja se convierta en un proceso dinámico y creciente hacia niveles de intimidad, fecundidad y placer mayores.

Pero aquí vale la pena hacer una precisión, dado que el amor ha sido tan desvalorizado, atropellado y distorsionado. Cuando se habla de amor se hace referencia al Amor, con mayúscula, con su dosis de atracción, alegría, unión, felicidad, pero también con su dosis de paciencia, entrega y sacrificio.

No puede el ser humano vivir solo aquello que produce satisfacción o gratificación, pues la vida para todos tiene blancos y negros, sombras y luces, alegrías y penas, y no es posible seleccionar solo aquello que conviene, eliminando lo inconveniente o desagradable.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Salud
Fecha de publicación
4 de diciembre de 1991
Autor
AMPARO MANTILLA DE ARDILA

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