SIDA: LA DOBLE MORAL NO ES REMEDIO

SIDA: LA DOBLE MORAL NO ES REMEDIO

El Ministro de Salud se puso bravo a fines de la semana pasada. El país lo oyó afirmar, en efecto, que el Consejo Nacional de Televisión le trasladó el comercial donde aparece un hombre desnudo para la hora de los vampiros : después de las 11 de la noche. Las conciencias de este país se alarmaron, maldijeron esa censura y enviaron al octavo piso del infierno de Dante a los miembros de ese Consejo por retardatarios.

1 de diciembre de 1991, 05:00 am

La realidad está llena de malentendidos. Y ahí, al parecer, se coló uno. El Consejo, tomando el pulso de algunas cartas, sí le sugirió a ese ministerio, dejar el comercial para la franja nocturna: es decir, para después de las 9:30 p.m. Una asesora del Ministro de Salud que recibió la comunicación (este estaba ausente) no se inquietó. Aseguró inclusive que ese comercial cuestionado por algunos televidentes estaba previsto para ese horario.

Qué pasó después? Le informaron mal al Ministro? Como quiera que sea, desde el Ministerio de Salud se lanzó el sábado 23 la noticia de la censura. La televisión la retomó por la noche, y EL TIEMPO el día siguiente. Y se armó la grande con, en los días siguientes, el enfrentamiento como plato fuerte entre el Ministro y monseñor Castrillón.

Parece que el martes, en el Consejo Nacional de Televisión se rieron harto. Porque no solo no censuraron la campaña sino que la ratificaron. La prueba: se sigue mostrando el comercial incriminado y no a partir de las 11 de la noche como aseguró el ministro Camilo González.

Qué hubiera pasado si él llama al Consejo y pide que el hombre desnudo aparezca en franja familiar? Muy seguramente, responde uno de sus miembros, el Consejo Nacional de Televisión hubiera accedido. Porque al parecer hay plena conciencia en ese organismo de la importancia de esa campaña. Dan una prueba: es la primera vez que se admite, con su acuerdo, publicidad para los condones en la televisión.

Lo esencial es que el escándalo produjo sus frutos: desde el lunes no se habló de otra cosa que del condón, de sus bondades y desgracias, y de su escenario terrible de fondo: el SIDA.

Así, entre chistes y risas nerviosas, despegó un debate que ya se ha ventilado en cantidad de países: Por qué un hombre desnudo? Los mismos que se oponen toleran que una mujer desnuda muestre las pretendidas ventajas de un jabón de baño. Lo cual no es una petición para que la retiren pero sí una muestra de doble moral.

Se afirma que la campaña en favor del condón incita a los jóvenes a la promiscuidad. Con esa lógica se debería afirmar que la publicidad sobre productos de lujo incita a los jóvenes al robo o a la más infinita de las depresiones. De esa manera podrían llover tantos argumentos que, al fin, toca concluir que es un mero sofisma de distracción.

Lo que quedó claro es que el país no puede tratar los problemas de salud pública con tesis irracionales ni falsos puritanismos. Lo más sensato es admitir que el SIDA plantea problemas de enfoque y de manejo a todo el mundo. A los encargados de la salud pública, a los moralistas, a los publicistas, a los enfermos y, por supuesto, a los medios de comunicación.

Un debate parecido no lo suscitan el cáncer y el alcoholismo que acaban, por ahora, con más vidas. Y en esta semana se avanzó en la explicación del por qué: porque el SIDA tiene que ver con el sexo, la droga (intravenosa) y la homosexualidad. Y el colombiano convive mal con esos temas (de ahí su doble moral). La represión cultural, en la que ha ayudado la Iglesia, ha sido grande.

De lo que el SIDA y todos sus fantasmas están hablando es de una mutación cultural que cuestiona los principios etéreos que a fuerza de evocarlos parecen eternos. Y de un nuevo espacio de tolerancia con aquellas personas enfermas que ejerciendo su libertad (algunos dirán que ejerciéndola mal) se están preparando para morir.

En el medioevo enviaban a los locos o a los que se consideraban como tales en un barco río abajo. Y la inquisición fue rica en métodos y esquemas que produjeron un número incalculable de víctimas, aunque los que las propiciaron murieron con buena conciencia.

El SIDA ha despertado, al parecer, comportamientos tan irracionales como esos. Los enfermos son marginados e ignorados. Nada tienen que decir? Nada tienen que aportar en esta etapa donde toca tener mucha imaginación y mucho pragmatismo para evitar que aumente el número de víctimas? No son valiosos ni sus testimonios ni la visión de la vida que se están forjando mientras esperan el remedio o la muerte? No sería vital pedirle a los portadores sanos que ayuden a hacer el puente sicológico, de apoyo moral y físico, cuando pueden, con los enfermos terminales? Se ven muchos discursos y homilías hablando de la moral y las buenas costumbres pero ninguna propuesta.

El SIDA nos plantea a todos problemas de reflexión y de cambios de actitud. Es el momento de hablar abierta y seriamente de la sexualidad, el cuerpo, la libertad y el respeto de la vida del otro u otra. Tapar estos temas es patrocinar la ignorancia. Puede que los comerciales no sean del todo eficaces pero sí son un excelente comienzo.