‘039, 039… y el cachaco se la llevó...'

‘039, 039… y el cachaco se la llevó...'

El público quedó mudo un instante. En el Coliseo del Parque de la Leyenda, el templo de la música vallenata en Valledupar, Alberto ‘Beto’ Jamaica, de 41 años, era el nuevo rey vallenato. El silencio fue como un sismo. Hubo un segundo de estupefacción y después un aplauso de respeto.

2 de mayo de 2006, 05:00 am

La gente estaba con Sergio Luis Rodríguez, de 20 años, más por corazón que por negar la habilidad de Jamaica. El cachaco hizo una presentación impecable. Pero la crítica lo descartaba porque creía imposible que el trono de Valledupar cayera en manos de un bogotano sin dinastías musicales detrás, que se crío en el frío de una casa humilde donde se oían baladas, salsa y rock.

“Ahora estoy seguro de que no hay rosca –dijo algún espontáneo–. ¡Le dieron la corona a un cachaco!”.

“A los 4 años –recordó el nuevo rey en la madrugada de su coronación– cogía tarros de aceite y palitos para hacer música con ellos. No había visto nunca una batería, porque en mi casa no había televisión, pero así empezó el amor por la música”.

En cuanto lo nombraron oficialmente, Jamaica acaparó a los medios en una esquina del Coliseo. Sus músicos acompañantes, Wilson Rodríguez y el cajero Jose Rodríguez, festejaban pendientes de la barra que estaba afuera en la celebración. Luego, como cualquier persona, ‘Beto’ salió a pie del Parque de la Leyenda, a eso de las 4 de la madrugada. Para hacer menos sencilla la salida, algunos de sus amigos lo llevaron en hombros.

‘Yo lo sabía...’ Tenían que hacer parranda como fuera. Sin la presencia de otros artistas vallenatos que le hicieran versos a sus historias. La gente llegó a tomarse fotos con él, a intentar decir que se habían enterado del fallo antes de que lo soltaran en tarima, porque amigos de Bogotá habían llamado a decir que Telecaribe lo anunció por televisión 20 minutos antes.

“Yo lo sabía desde las 4 de la tarde, dijo con seguridad Henry Arciniegas, un guajiro que fue de sus más fervientes y sencillos seguidores.

¿Cómo así? ¿Antes de la final? –Sí –anunció triunfante–. Cuando lo vi tocar tan bonito en la semifinal.

Pero Jamaica llegó a pensar que la corona se le escapaba cuando lo hicieron pasar de primero a la tarima. Era la segunda vez que quedaba entre los cinco finalistas y cuando el público aclamó a Sergio Luis Rodríguez, y después, a Manuel Julián Martínez, temió por su suerte.

“Le dimos duro al a nueva ola –le dijo a EL TIEMPO su amigo Villa refiriéndose a los dos veinteañeros que, de haber ganado, habrían representado todo un cambio en el Festival–. ¿Sabe qué? Como este fue el Festival número 39, mañana, cuando hable de Jamaica yo le pondría el título: ‘O39… el cachaco se la llevó”’.

UN GRANDE DEL FOLCLOR El acordeón llegó a la vida de ‘Beto’ Jamaica cuando en su adolescencia quiso ser cantante y armó grupo con un vecino que tenía acordeón. “Él tocaba y yo cantaba –recuerda el nuevo rey vallenato–. Pero, cuando iba a tocar con acompañamiento, se atrasaba. Tuve que corregirlo muchas veces”. El asunto no mejoró, así que Jamaica se buscó otro acordeonero.

El otro no se puso a casar peleas. Decidió enseñarle a tocar a Jamaica para que no necesitara de nuevo músico que lo acompañaba. Para entonces, el ‘cachaco’ tenía 20 años, había dejado sus estudios y trabajaba en construcción.

“Con ahorritos que hice trabajando y vendiendo cosas de la adolescencia (la bicicleta, casetes viejos) compré el primer acordeón –cuenta–. Era un segundazo, pero bueno”.

Asi, fue de grupo en grupo hasta que un amigo boyacense, que alguna vez ganó una corona en el Festival de Villanueva, le sugirió concursar. Primero se presentó en la competencia de Madrid (Cundinamarca) y ganó al segundo intento. Entonces decidió probar en Valledupar. Fue octavo entre 60 concursantes.

Para su participación, interpretó la puya, Toca cachaco, compuesta para él por su amigo José Triana. “Cuando la compuso y me la mandó, me dio risa –concluyó el rey vallenato–. No quería presentarla porque repetía mucho eso de ‘el cachaco’. Temía que a los amigos costeños no les gustara. Traía otra puya preparada, pero empecé a presentarla en los ensayos y la gente me decía que lo mejor era esa puya”.

Y es cierto, describe el lugar merecido de Jamaica en el folclor: “Toca cachaco, que tú sabes lo que es tocar / Tu tocas el vallenato, vallenato de verdad / El cachaco en tarima, sí señor, que se ponga las pilas el contendor / En Bogotá hablo cachaco porque soy del interior, pero aquí hablo vallenato con la nota’e mi acordeón/ Toco paseo y son, toco merengue y puya y sin hacer tanta bulla, soy un grande del folclor”