Reconciliar lo inconciliable

Reconciliar lo inconciliable

Un matrimonio renovable cada 7 años... o tal vez mejor, cada cinco años. Sí, hoy es urgente e inaplazable volver a pensar la relación amorosa, una relación hondamente trastocada por la revolución pacífica y silenciosa de las mujeres y que nos obliga a emprender un examen crítico de las viejas éticas del amor.

5 de abril de 2006, 05:00 am

Las mujeres ya son sujetas de deseo, de palabras, de derechos, y los hombres intuyen que es necesario adaptarse con generosidad y creatividad a este hecho sociológico. Ya es imposible amar como se amaron Efraín y María y debemos seguir elaborando el duelo de viejos imaginarios, mitos, leyendas, imágenes que siguen imponiéndonos ese ideal femenino que mi generación fracturó sin lograr erradicar del todo.

Es necesario, entonces, emprender un ajuste con nuevas representaciones culturales de la feminidad, representaciones que tal vez se pueden sintetizar en esta consigna de un movimiento feminista francés de jóvenes mujeres de barrios marginales, llamado ‘Ni putas, ni sumisas’. Porque hoy las mujeres no son ni pasivas, ni abnegadas, ni madres sobreprotectoras, ni castradoras, ni brujas, ni putas, ni ángeles sin sexo.

Son las hijas de mi generación que heredaron sin quererlo una revolución inacabada, es decir una tarea inmensa de ajustes culturales que les permitan desatar nudos y seguir avanzando y amando a los hombres sin tanto dolor. Y cuando abordo el tema del amor y de la sexualidad con mujeres jóvenes, entiendo que ellas están pagando el costo de esta revolución que aún no ha logrado vencer las tenaces resistencias de una cultura patriarcal. Y a estas jóvenes las he escuchado contar sus extrañezas frente al dolor provocado por la infidelidad cuando pensaban haber resuelto esto mejor que nosotras; las he oído enfurecerse ante la aún insuficiente participación de sus compañeros en lo doméstico; las he visto llorar ante la dificultad de conciliar vida amorosa y exigencia de autonomía y, en fin, las he seguido con una gran tristeza al entender que lo que les entregamos les genera tanto dolor, aun cuando es, hoy por hoy, un dolor diferente al nuestro.

Y, finalmente, la pregunta es ¿cómo pensar ahora, después de tantos cambios, la relación amorosa? Tal vez por medio de un contrato amigable entre un hombre y una mujer adultos y suficientemente fuertes para soportar la libertad del otro o de la otra, es decir tratando de conciliar tal vez lo irreconciliable: el deseo de autonomía, libertad y soledad con la imperiosa necesidad de amor... Y digo irreconciliable porque, de hecho, toda relación amorosa lleva a la alienación de un fragmento de sí mismo, de sí misma, de su libertad. Por esto mismo, hay que negociar y tal vez renovar cada cierto tiempo este compromiso y lograr los ajustes necesarios en caso de que se pueda llegar a acuerdos o establecer un mínimo de consenso con ese otro amado, esa otra amada.

Kafka decía “provisionalmente y para siempre”, una expresión absolutamente bella para la negociación amorosa. Lo dice también Julia Kristeva: “Cuando es para toda la vida, se hace necesaria una negociación para introducir lo provisional. Y sí: un matrimonio renovable cada 5, cada 7 o cada vez que lo pide el amor”. Añadiría: pidámosle al amor lo que nos puede dar, mas no lo imposible.

* * * * Empezaron los festivales de teatro: el Iberoamericano y el Alternativo; este último representa un inmenso esfuerzo de Patricia Ariza y su equipo, que reúne a más de cien grupos teatrales provenientes de las cuatro esquinas de Colombia. Es otra manera de luchar contra la guerra y bien vale la pena apoyarlo.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad