MUJERES PARA NOBEL DE PAZ

MUJERES PARA NOBEL DE PAZ

Mil mujeres del mundo entero para el Premio Nobel de Paz; 1.000 mujeres por la paz. Una propuesta de un inmenso contenido político y simbólico. Mil mujeres que representan todas las inequidades del mundo, todas las injusticias, los duelos, los abusos y las violaciones de derechos humanos. Esta es la propuesta de 150 países del planeta que, el mismo día -el pasado jueves 29 de junio- nombraron a quienes merecían representar a todas las mujeres del mundo.

13 de julio de 2005, 05:00 am

Mil mujeres del mundo entero para el Premio Nobel de Paz; 1.000 mujeres por la paz. Una propuesta de un inmenso contenido político y simbólico. Mil mujeres que representan todas las inequidades del mundo, todas las injusticias, los duelos, los abusos y las violaciones de derechos humanos. Esta es la propuesta de 150 países del planeta que, el mismo día -el pasado jueves 29 de junio- nombraron a quienes merecían representar a todas las mujeres del mundo.

Una propuesta que quiere reconocer esta otra mitad de la humanidad, por cierto menos visible y más silenciosa que la mitad masculina, mas no menos merecedora de un reconocimiento de esta índole.

Una propuesta que pretende enfatizar el trabajo silencioso de millones de mujeres en contra de la guerra, del hambre, de la falta de educación, de violaciones sistemáticas de derechos y, específicamente, de derechos sexuales y reproductivos; en contra del no cumplimiento de convenciones internacionales firmadas por la mayoría de estos 150 países. Mujeres que han sabido tejer procesos de resistencia civil desde lo regional y lo local en medio de conflictos armados en sus naciones; mujeres que buscan nuevas formas de ejercicio y distribución del poder, construyendo otras maneras de hacer política desde la horizontalidad, el consenso, la aceptación de la pluralidad y la búsqueda de mecanismos no litigantes de resolución de conflictos.

En otras palabras, mujeres que representan una reserva ética del mundo, porque están aprendiendo a hacer política desde su cercanía al otro, a la otra, desde esta otra forma de habitar el mundo y de actuar sobre él. Estas mil mujeres hoy están despertando viejas utopías dormidas y vuelven a darnos la posibilidad de soñar en otros mundos posibles y mejores.

Colombia nombró a doce de ellas. Doce mujeres que representan a ese país multicultural, plural y complejo, a ese país de pieles diversas, a ese país atravesado por todos los estragos de la guerra, por miles de duelos, de orfandades, de soledades infinitas frente a las pérdidas del amor; por miles de luchas silenciosas para rescatar la autoridad femenina y formas alternas de ciudadanía a partir de experiencias de un valor casi nunca nombrado. Con ellas, una página de la historia más dolorosa de Colombia se escribe. El desplazamiento forzoso, la pérdida de un ser amado por culpa de la guerra, el exilio, la persecución política, la desaparición, las luchas sociales, étnicas, feministas y sindicales.

Felicito, entonces, a Gloria Cuartas, que fue la coordinadora por Colombia de ese proyecto mundial tan acertado para estos tiempos de cólera que vivimos.

No las puedo citar a todas por falta de espacio, pero sepan que ahí está una afrodescendiente, una indígena, una sindicalista, una desplazada y viuda de la guerra, una académica feminista, una trabajadora sexual del Caquetá, unas activistas por la paz y por los derechos de las mujeres, unas campesinas desplazadas, en fin, como les decía, todos los dolores de Colombia están plasmados en estas 12 mujeres.

Ingrid Betancourt no está con ellas porque su nombre hace parte de otra propuesta que llegó también al Comité Organizador del Nobel de Paz. Una propuesta, igualmente, merecedora de ganar. Por supuesto. A pesar de que el 4 de octubre se sabrá cuál fue la propuesta ganadora en Estocolmo, el rostro de cada una de estas mil mujeres representa una esperanza viva de paz para el mundo.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad.