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LA ENFERMEDAD HOLANDESA

Cuando la moneda de un país se revalúa con relación a la de las otras naciones, como está sucediendo en Colombia actualmente, los economistas dicen que el país está sufriendo de la enfermedad holandesa. El nombre proviene de cuando Holanda, nación tradicionalmente industrial, encontró gas en el Mar del Norte y su explotación para suplir la demanda de otros países le dio un exceso de poder de compra externo que se tradujo en una revaluación de su moneda con respecto a la de otros países con los cuales comerciaba Holanda. Ahora, el valor de la moneda de un país, puesto en relación con la de otros países con los cuales comercia, fija el precio, en moneda extranjera, de las cosas que se producen. Así, el valor del dólar en pesos fija el precio, en dólares, de las cosas que producimos. Veamos un ejemplo, el caso del café.

Supongamos que la carga está a 100 mil pesos. El peso se revalúa digamos, a 10 por ciento. Ya para comprar una carga no se necesitan 100 mil pesos sino sólo 90.000. El precio del café se mantiene en dólares, pero baja en pesos, lo que quiere decir que el cafetero recibe menos pesos por su carga.

Para muchos no versados en cuestiones económicas esto puede parecerles excelente, puesto que el peso se ha revaluado, ahora recibimos más dólares pagando con menos pesos. Pero fijémonos bien en lo que estamos viendo. No nos van a pagar más dólares por la carga de café. Nos van a dar los mismos dólares, que ahora equivalen a menos pesos que antes. El campesino colombiano en nada se favorece. Su café se sigue vendiendo, en dólares, al mismo precio de antes. Pero, para que el campesino pueda seguir vendiendo su café, tiene que rebajar el precio de la carga de 100 mil a 90 mil pesos.

Ahora, si mientras tanto en Colombia no hubiera inflación, como sí la hay, posiblemente el campesino colombiano podría sostenerse vendiendo su carga a 90 mil pesos. Pero con la inflación sus costos suben aproximadamente 20 por ciento al año, luego el campesino se ha empobrecido. Por eso, cuando el dólar mantiene su valor en pesos, como sucede actualmente, mientras en el país hay una inflación del 20 por ciento anual, decimos que el peso se está revaluando. Los productores nacionales siguen vendiendo en dólares a los precios de siempre pero ya no reciben suficientes pesos por lo que venden, para cubrir sus mayores gastos.

Con una revaluación del peso del 10 por ciento anual, con relación al dólar, la producción de café seguramente puede subsistir, pero muy pocos son los otros productores que lo pueden hacer. Desde luego, ni la industria del calzado, ni la de textiles, ni grande ni pequeña lo podrán lograr. Así todas las exportaciones fuera del petróleo y la coca habrán desaparecido. Toda la producción nacional entrará en receso y Colombia tendrá las características de los otros países que han sufrido la Enfermedad Holandesa. El Estado tendrá que mantener a los millones de desocupados, cosa que podrá hacer mientras se lo permitan las regalías petroleras.

Tampoco podemos aceptar así, sin más ni menos, la tesis de que el peso se tiene que devaluar para que el país pueda importar. La tesis correcta es que la tasa de cambio debe corresponder a la balanza cambiaria que establezcan las importaciones e importaciones.

Lo que el país tiene que evitar es que cuestiones coyunturales impidan que el equilibrio de la tasa de cambio sea real, porque si no lo es el día de mañana tendremos un problema de reestructuración, que a veces es, política y socialmente, difícil de resolver.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
9 de octubre de 1994
Autor
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