INSTANCIAS DEL LENGUAJE

INSTANCIAS DEL LENGUAJE

Las bodas de oro del Instituto Caro y Cuervo son honor para Colombia y honor de la lengua española. Está bien, por tanto, que el pensamiento colombiano le rinda homenaje! Desde el 25 de agosto de 1942, cuando el presidente López Pumarejo y el maestro Germán Arciniegas, como ministro de Educación, firmaron el decreto de creación, el Instituto ha cumplido un itinerario de rigor científico y de sobriedad bajo la dirección del padre Félix Restrepo, primero, y después bajo la rectoría severa de los profesores José Manuel Rivas Sacconi, Eduardo Torres Quintero e Ignacio Chaves Cuevas. El maestro Arciniegas dice con orgullo que volvería a firmar el decreto.

6 de septiembre de 1992, 04:00 am

La continuación y conclusión del Diccionario de Construcción y Régimen, iniciado en 1871 por el propio don Rufino, bastaría para exaltar y consagrar la institución en sus primeros cincuenta años. En esa obra, elogiada por los científicos europeos desde la aparición del primer fascículo editado en París, como lo expresara el lingista alemán Gunther Haensh, ...Cuervo se anticipó, con su idea de elaborar un diccionario de construcción y régimen del español (combinado con un diccionario histórico), a las correspondientes corrientes europeas en más de medio siglo .

Desde septiembre de 1863 había empezado a gestarse la idea. En una nota de pie de página de la Introducción, cuenta Cuervo que en ese entonces, en conversación con don Venancio González Manrique sobre la falta que hacía un diccionario castellano por el estilo de los Webster y Bescherelle que eran los mejores que se conocían; y con la intrepidez de los pocos años resolvieron tentar la empresa. Al efecto escogieron dos letras de mediana extensión y poco más o menos iguales: el señor Manrique tomó la L, y el autor la O. Cada cual trató de averiguar las etimologías y anotar las autoridades para las palabras que le tocaban, y cuando pareció que había materiales suficientes, se empezó en común la redacción; pero como esta no se efectuaba en vista de los ejemplos, cada uno introducía después por su parte las modificaciones que aquellos exigían; de esta manera al cabo de algún tiempo las dos letras estuvieron terminadas. Guardando cada cual su trabajo, y no habiendo llegado el caso de hacer una revisión final, ni el señor Manrique sabe cómo quedó la parte del autor, ni el autor cómo quedó la del señor Manrique. Al prepararse para continuarlo, ocupaciones inesperadas hicieron suspender definitivamente el trabajo. Una muestra de lo hecho años antes se publicó por puro capricho en 1871. En 1872, puso el autor mano en esta obra, y queriendo ensayar su plan con los materiales acopiados por él para la otra, vio que eran del todo insuficientes, como que no se habían regido con igual designio. Echó de ver por otra parte que la letra O, que él compuso y única que ha examinado después, no tenía el fundamento científico que requiere el estado actual de la lexicografía, y ha relegado aquel ensayo entre las ignorantias juventutis. Ha parecido oportuno concluye Cuervo hacer aquí esta explicación para que las personas que hayan oído hablar de aquella empresa no padezcan error pensando que tiene conexión con el presente libro .

Así se inició esta obra que se abre con la preposición a a la cual dedica 29 páginas en letra menuda; y que 120 años después ha sido terminada por el Instituto. El regreso de los restos mortales de don Rufino, del Cementerio del Pere Lachaise en París a su patria que él honró, y en ella, al Instituto que se honra en llevar su nombre, coincide con esta hazaña del pensamiento! Pliegues del idioma No se equivocaron los preceptores de los jóvenes Miguel Antonio y Rufino José en el Liceo de Familia en la Bogotá pastoril de la segunda mitad del siglo XIX. En efecto, el docto profesor venezolano Antonio José Sucre se detuvo en los dos estudiantes del Liceo y les impartió clases especiales de latín y de griego, hasta reconocer que lo habían igualado y aun aventajado en el aprendizaje de aquellas lenguas. Así, siempre en ascenso en el saber, continuaron aquellas dos existencias, si bien optó el uno por el oficio arduo de gobernar y el otro por el no menos difícil de escrutar los pliegues del idioma, al cual ambos continuaron rindiendo culto.

Lo hacían por la instancia alta del lenguaje en las categorías del conocimiento, como que es el mecanismo de la comunicación y del diálogo, para don Pedro Salinas, la forma literaria más hermosa. El propio Cuervo en el prólogo a la primera edición de las Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano (de las cuales dice don Marco Fidel Suárez en El sueño de Cuba, que son en asuntos lexicográficos lo que la Summa Teológica de Santo Tomás de Aquino en materias dogmático-orales y la Imitación de Cristo en asuntos ascéticos), advertía que es el bien hablar una de las más claras señales de la gente culta y bien nacida, y condición indispensable de cuantos aspiren a utilizar en pro de sus semejantes, ora sea hablando, ora escribiendo, los talentos con que la naturaleza los ha favorecido .

Hubo dificultades sin cuento en la tarea de los dos científicos, y en la que han cumplido sus continuadores en medio de carencias de ayer y de hoy. Caro en su estudio sobre Olmedo escribió que mirando de cerca a aquellos valores insignes, quebrado un tanto el fulgor con que deslumbran, siguiendo sus pasos por el camino prosaico que antes que nosotros trillaron ellos, y en medio de las ordinarias dificultades de la vida, en que también hubieron de tropezar, sentimos con más viveza el humano parentesco que con ellos nos liga, y al mismo tiempo que nos consolamos de nuestra inferioridad, nos envanecemos de su grandeza y virtudes, como de un timbre de nuestra propia familia .

Aquellas ordinarias dificultades de la vida y las soluciones que les dieron los hermanos Angel y Rufino José, hicieron posible el Diccionario.

La imaginación vuela hacia tiempos remotos. Y a pensar en la posibilidad de que pudiéramos trasladarnos un poco más de un siglo atrás para probar la cerveza del señor Cuervo. Bienaventurada cerveza que sirvió para pagar los ocios creadores de don Rufino y que propició la monumental obra del Diccionario de Construcción y Régimen. Y, por tanto, propició el Instituto Caro y Cuervo, que ha tenido como centro de sus actividades la continuación de la obra de aquel cultísimo fabricante de cerveza, la elaboración del Atlas Lingístico, la publicación de centenares de obras de denso contenido y primor estético en la Imprenta Patriótica de Yerbabuena; Thesaurus, el Seminario de Andrés Bello. Y, antes que nada, el testimonio de lealtad permanente al saber desinteresado de la ciencia y la academia. .