'A Uribe lo que es de Uribe', por José Obdulio

'A Uribe lo que es de Uribe', por José Obdulio

(EDICIÓN NACIONAL) (PÁGINA 1-10) Juega a ser sofista. A embelesar con las palabras. Claro que desde Protágoras se sabe que ello demanda inteligencia y el hombre de esta historia tiene una buena dosis que utiliza muy bien para convertir en poderosos los argumentos más débiles. Es José Obdulio Gaviria, el encargado de alistarle al presidente Álvaro Uribe parte de la ‘artillería’ con la que se enfrentará a la batalla por la reelección.

12 de febrero 2006 , 12:00 a.m.

Gaviria, quien en política es lo más parecido a un banderillero en el arte de la tauromaquia, efectivo a la hora de debilitar las fuerzas del animal para que el diestro remate la faena con la espada, terminó de escribir el pasado martes su nuevo libro titulado, A Uribe lo que es de Uribe, que estará en el mercado dentro de tres semanas, justo en el momento en que el presidente-candidato se vestirá de luces para salir al ruedo.

Es su tercer libro sobre el pensamiento de Uribe. Primero, en su pasada campaña, dio a luz Del Escritorio de Uribe y ya en el Gobierno, Sofismas del Terrorismo en Colombia.

A Uribe lo que es de Uribe, es una defensa a rabiar de las ideas y ejecutorias del Uribe gobernante, su amigo, ese que por recomendación del maestro Gerardo Molina descubrió una mañana de septiembre de 1985 en el Hotel Ambassador de Medellín, como candidato disidente al Senado, cuando el barco de Firmes que había ayudado a comandar –un proyecto de izquierda fracasado– se hundía con las luces apagadas, ante la mirada impotente de sus capitanes.

Gaviria sostiene en su libro que el principal legado histórico del actual mandatario, más allá de la “erradicación de la pobreza, el crecimiento económico y la seguridad democrática”, es haber elevado el nivel del debate político. Asegura que desde de Nariño y Camilo Torres no había en Colombia un debate político como el de ‘ahora’.

Así como Francis Fukuyama, el filósofo de Reagan que en 1989 se atrevió a sentenciar el ‘fin de la historia’, porque creía que la caída del comunismo cancelaba la controversia ideológica y que la humanidad se entregaría por siempre en brazos de la llamada “democracia liberal”, Gaviria decreta ahora en Colombia, el fin del debate entre la izquierda y la derecha colombianas.

“Por ahora es una clasificación inaplicable, inconveniente y perturbadora”, dice. Para Gaviria esa connotación criolla de izquierda y derecha tiene unos ingredientes morales que consagran a los primeros como santos y a los segundos como demonios.

Para Uribe, según Gaviria, es una “apreciación simplista de las diferencias, porque el problema es mucho más hondo que los linderos que suelen trazar al sustentar esa aparente división”.

En el escenario colombiano de hoy –dice el ‘ideólogo de Palacio’– la clasificación de derecha e izquierda está atravesada por la criminalidad en la política, encarnada por las Farc y las Auc, ambas financiadas por el narcotráfico.

No obstante su obstinación en condenar esa polarización, Gaviria matricula el gobierno de Uribe en la izquierda, a la luz de Norberto Bobbio, pués según dice, éste propugna porque el Estado cumpla “un papel activo y determinante a favor de aquellos que, en la estructura social o económica, se hallan en desventaja”.

Algunos ven en José Obdulio, quien se autoproclama como ‘el propagandista’ de Uribe, a un Goebbels criollo, dispuesto a repetir un argumento oficial cuanto sea necesario hasta convertirlo en verdad. Como cuando asegura que el mandatario ha “puesto patas arriba decenas de conceptos hasta ahora admitidos como incontrovertibles por la academia y la dirigencia política” y enumera: “Legitimidad del Estado, patriotismo; seguridad democrática como prerrequisito para la justicia y la paz; Estado comunitario; consejos comunales; capitalismo social y gobierno de opinión”.

Nadie ha hecho una defensa más atrevida del presidente Álvaro Uribe. Gaviria toma, uno a uno, los argumentos de la oposición y los controvierte a rabiar.

Pero, claro, pocos como Gaviria conocen mejor al Presidente y lo interpretan a cabalidad en sus ideas. Los dos emprendieron hace 20 años, hombro a hombro, una expedición hacia el poder, con resultados a la vista. Ambos al unísono, creen haber extinguido el conflicto armado de la faz colombiana y con la ayuda de Savater se oponen a admitir el delito político en las democracias.

Uribe y Gaviria son compañeros de camino. Los dos solían compartir jornadas de 24 horas a bordo de un campero Daihatsu verde y blanco, de casa en casa, de fonda en fonda, predicando su propio evangelio y repartiendo a los campesinos lo que el primero llamaba el “manifiesto” y el segundo “la novenita”.

Muchos consideran que los libros de José Obdulio, sobre todo en tiempos de campaña, son la “voz oficial de Uribe”, aunque él dice que no sabe si el Presidente los lee. Una anécdota parece confirmar esa sospecha. Hace unos meses, cuando los dos estaban a bordo del avión presidencial, en compañía de varios generales en traje de fatiga, Uribe sorprendió a José Obdulio: –¿Qué es la cosa de un libro suyo, que me preguntan si es posición oficial? –Yo sí creo que es la posición oficial, porque lo que hago es desarrollar su doctrina de seguridad democrática–, respondió José Obdulio.

Es un texto divertido, un catecismo de campaña con la posibilidad, eso sí, de convertir a culquier apóstata a los caminos del al uribismo.

LA CAMPAÑA YA COMENZÓ Aunque el presidente Álvaro Uribe no se ha inscrito como candidato, su campaña por la reelección ya comenzó. Desde octubre pasado, con la inspiración de José Obdulio Gaviria y la dirección de Hernando Corral, empezó a circular el periódico Ahora, órgano oficial de la campaña.

En su última edición, que circula desde el pasado primero de febrero, Uribe, a través de una entrevista, sentó las bases programáticas de su campaña y anunció aspectos mecánicos de la acción proselitista que iniciará dentro de dos semanas.

PARALELO CON NÚÑEZ Jósé Obdulio Gaviria.

Asesor presidencial.

El liberalismo de 2002 abandonó a Uribe como en 1880 a Núñez. Sus ideas trascendieron los partidos”.

En Colombia solo suelen autocalificarse como de izquierda o derecha los extremistas y sectarios, previa aclaración de que, si por ellos fuera, matarían al contrario”.

JOSÉ OBDULIO GAVIRIA

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