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SANTAFÉ DE BOGOTÁ, A 6 DE AGOSTO DE 1538

Don Guillermo Hernández de Alba fue probablemente el historiador colombiano que con mayor consagración y entusiasmo estudió, investigó y estableció la auténtica y verdadera fundación de la capital en el lugar y fecha precisos: en la antigua Plaza Mayor, llamada luego de la Constitución y ahora Plaza de Bolívar, a 6 de agosto de 1538, día de la Transfiguración del Señor. Su condición de bogotano raizal, de ancestro santafereño, y su acendrada devoción por su patria chica, además de una inmensa capacidad de trabajo como escudriñador de nuestros acaeceres patrios, contribuyeron a afianzar sólidamente el título que lo ennobleció: el cronista de Bogotá!

Como se suscitaran controversias inútiles, supuestos históricos y teorías sin fundamentos documentales y probatorios, la Academia Colombiana de Historia se pronunció, en la sesión ordinaria del 2 de agosto de 1988, acogiendo y respaldando la tesis de su miembro de número y decano de la corporación con la siguiente declaración: La Academia Colombiana de Historia acoge íntegramente los planteamientos de su ilustre miembro de número don Guillermo Hernández de Alba, hoy fallecido, expuestos en carta de julio pasado dirigida al presidente de la Academia de Historia de Bogotá, doctor Alvaro López Pardo, por la cual condena y rechaza por inexacta la afirmación errónea de la Fundación de Vecinos del Barrio La Candelaria según la cual la ciudad de Santafé de Bogotá fue fundada en un sitio de allí denominado Chorro de Quevedo , en el que hicieron una capilla con reminiscencias coloniales y erigieron unas placas consagratorias de dicho error, que se contradice con los textos de los cronistas de la Conquista Fray Pedro de Aguado por los años de 1550 y Fray Pedro Simón por los años de 1623, quienes confirman que la ciudad fue fundada en el lugar que ocupa la Catedral Primada, en el costado oriental de la actual Plaza de Bolívar, hecho desde entonces reconocido de generación en generación y cuya memoria se guarda con veneración .

Aposentarse era la costumbre de todo conquistador. Esto es, apoderarse de tierras que no les pertenecían ni a él ni al rey español, y de conminar a la indiada, sorprendida y estupefacta que no entendía ni pío para que le entregara las hembras y la tierra, aceptaran una nueva religión, otro monarca invisible y, sin chistar, los aceptaran a ellos como a nuevos amos y señores.

Más o menos todo eso lo hizo y lo dijo el licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada en espectacular e imponente ceremonia. De a caballo, espada en mano y arrogante actitud dijo el discurso, amenazando de contera a todo aquel que se opusiera a lo que estaba diciendo y haciendo. Y así, en la Plaza Mayor, ocurrió el aposentamiento. De ribete hubo misa campal.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
6 de agosto de 1993
Autor
ARMANDO GOMEZ LATORRE

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