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Ahora, caminatas al desnudo en Bogotá

Es como si Adán se hubiera equivocado de tiempo y de país. Y Eva fuera todo menos la belleza de los cuadros de Durero. Los cinco caminantes nudistas que emprenden la subida de los Cerros Orientales de Bogotá son tan naturales que tienen todos los defectos propios de cualquier cuerpo, sin maquillaje fotográfico ni retoque plástico.

Orgullosos de sus cuerpos imperfectos, inician su caminata. La excursión la realizan en pleno frío de las 7:30 a.m., por un camino del oriente de Bogotá que nace en el parque Nacional y asciende entre senderos culebreros hasta dejar atrás cualquier rastro de curiosos.

Cuando la ciudad se oculta tras los árboles, el grupo inicia el ritual de desnudarse. Ritual es una palabra pretenciosa. Es, más bien, una liberación ansiosa de las prendas. Pero no de cualquier forma. Primero, y para los más nuevos, hacen una sesión de relajamiento con la idea de quitar el temor de verse tal y como son.

Sin hojas de parra Los caminantes, casi todos hombres, se miran de frente y se desnudan hasta quedar como el primer ser humano, sin hojas de parra ni vergüenza de su propia desnudez, aunque con algo de intimidación todavía. En cueros, enclenques, flácidos, acabados por el ritmo del trabajo o por el paso del tiempo, observados todos y con todo expuesto, no les queda nada por ocultar.

“La ropa sirve para cubrir defectos. La gente de clima cálido es más abierta, pero en el frío oculta más. No hacemos ni buscamos hacer orgías, como podría pensar la gente. Esto no tiene fines sexuales. Solo compartir nuestra afinidad”, dicen.

El frío cala en los huesos. Es un domingo de agosto y baja un viento gélido por la montaña. Desnudos, les cala en los huesos y en su piel blanquecina, pero el ejercicio de ascenso sirve para calentar el cuerpo.

La llovizna que cae es tenue, pero insidiosa. Lo único que los caminantes no se quitan son los zapatos, porque en el camino abundan las piedras y las ramas caídas. No les importa cómo se ven. Lo importante es el goce.

“El nudismo se vincula con perversión. Nos quitamos la ropa porque aceptamos los defectos. Cuando nos toca descubrirnos a todos, nadie se siente vulnerado. Cuando comparas y ves que todos tenemos defectos, se deja atrás el prejuicio. Es, en el fondo, un ejercicio de educación de la mirada”, añaden.

La idea es sentarse en el musgo. A manera de broma, algunos se abrazan a un árbol, pero en realidad ese sí es un ritual serio: el naturismo aboga por el contacto directo con la naturaleza.

El musgo, húmedo y blando, moja las nalgas. No es una sensación fácil.

Algunos, incluso, se bañan en una cascada solitaria de agua fría, temblando como niños, con la emoción de contrariar las reglas. Todos llevan, por si alguien apareciera vestido, una toalla en la mano.

“Si nos vieran, dirían que somos exhibicionistas. En el fondo, la gente solo se desnuda para bañarse o para hacer el amor. Y algunas mujeres, para una foto. Así que para no agredir a nadie nos tapamos. Es el respeto a la elección del otro”.

Es la hora del almuerzo y el grupo se sienta en círculo con los genitales encogidos –o agrandados– por la humedad, pero sin prevención. Comen un sánduche con jugo.

A las 2:30 p.m. inician el camino de regreso, y el cuerpo, ya para esa hora, camina como ondeando al viento, y con la sensación de que hacer nudismo no es tan raro, y que tampoco es tan duro el frío.

Antes de ver el primer asentamiento humano, cerca de la calle 72 de Bogotá, los caminantes se cubren.

La ropa es su disfraz. “Nos toca seguir ocultos. Solo podemos dar la espalda. La sociedad es mojigata y si saben quién eres, te juzgan y te rechazan”, agregan los integrantes de Naturismo Bogota, que ruegan permanecer ocultos. De hecho, todos apenas se conocen por Internet.

Cuando pisan el cemento, son como cualquiera. Normalísimos. Antes también lo han sido, pero sin ocultar nada. La seriedad vuelve a su rostro: es su otro disfraz. .

¿DE DÓNDE VIENE Y DÓNDE HAY? Quitarse la ropa no es nuevo. Los primeros nudistas registrados, aparte de los bíblicos y de los antepasados prehistóricos, fueron del Antiguo Egipto.

En la Antigua Grecia los jóvenes competía libres al viento en los Juegos Olímpicos y los alumnos tomaban clase sin lápiz ni ropa. En India, el nudismo lo practicaban los ascetas en su búsqueda de la simplicidad. Pero en fechas recientes solo se comenzó a hablar del tema en 1900, cuando los Wandervögel (¡pájaros en movimiento!), en Alemania, comenzaron a caminar desnudos.

En 1903 se abrió el primer resort naturista en Hamburgo (Alemania) y en 1929, el reverendo Ilsley postuló a su esposa e hijos al insólito honor de ser la primera familia nudista y sin nada que ocultar de Estados Unidos.

En el mundo proliferan los lugares o playas donde se practica el nudismo.

En Europa se hace en lagos y playas, o en recintos pagos. En Estados Unidos existe un periódico de estos clubes, además de playas privadas, caminatas por parques naturales, sesiones de yoga sin prenda alguna y hoteles familiares de este tipo.

Brasil tiene diez centros nudistas. Argentina, uno. Colombia tiene tres grupos, uno en Cúcuta y dos en Bogotá, pero no cuenta con sedes. En el país, el nudismo se hace en playas ocultas en el Parque Tayrona (Magdalena) y Juanchaco (Valle).

CON LOS CUEROS AL SOL “Siento libertad. Libertad de preceptos, de la ropa, de los tapujos, de aceptar y ser aceptado”.

Grupo naturismobogota@yahoo.com “Buscamos gozar sanamente de la libertad de sentirse despojados de la ropa y sin ella poder tomar el sol, bañarnos, descansar, relajarnos, jugar y practicar deportes” Grupo Nudo-naturista Bogotá.

“El naturismo es una forma de vida en armonía con la naturaleza, caracterizada por la práctica del nudismo comunitario, y fortalece el respeto a uno mismo, a los otros y al ambiente”.

Federación Naturista Internacional

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
28 de agosto de 2005
Autor
ENRIQUE PATIÑO EDITOR DE ENTRETENIMIENTO

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