Los basureros del futuro

Los basureros del futuro

Ya no expiden olores insoportables. Tampoco hay chulos ni insectos sobrevolando sus terrenos. Al mirarlos sólo se observan hermosos cercados de árboles y otras plantas. Y lo mejor: cuando acumulan una decena de años de uso, en lugar de convertirse en lotes inservibles que la comunidad desprecia, se transforman en parques aptos para que cualquier niño salga a elevar una cometa. (VER INFOGRAFIA)

27 de agosto de 2005, 05:00 am

Así son los basureros que actualmente se construyen en Colombia. Ahora se denominan rellenos sanitarios y son lo más avanzado en lo relacionado con la disposición final de desperdicios.

Sólo uno de ellos funciona en Cundinamarca, instalado en Girardot. Pero todo indica que a mediano plazo, es decir en menos de tres años, otros dos serán inaugurados en Nemocón y Bojacá.

Serán rellenos regionales, que podrán ser usados por 50 o más municipios al mismo tiempo. Se constituirán en el comienzo del fin de las dificultades que tiene el departamento para deshacerse de las 28 mil toneladas de basuras que produce mensualmente. (ver nota anexa).

Cero lixiviados A diferencia de los tradicionales botaderos, en los rellenos se manejan adecuadamente los lixiviados, líquidos que arroja la basura en descomposición.

Es una de las sustancias más peligrosas para el medio ambiente porque se filtra en el subsuelo y contamina las aguas subterráneas y las quebradas aledañas.

En los 'basureros del futuro' esos líquidos son drenados y llevados a piscinas en donde son tratados de forma aislada.

En ellos, el suelo donde se arroja la basura está impermeabilizado, es decir, está recubierto con arcilla, cemento y una geomembrana similar a una malla que impide filtraciones.

También cuentan con chimeneas para extraer los gases que genera la acumulación de desperdicios y que en ocasiones producen incendios subterráneos. (ver gráficos).

Todos los días, y mientras el relleno funcione, la basura que se deposita en el lugar es recubierta con tierra para evitar la presencia de animales, roedores y aves de carroña.

UNA CRISIS QUE NO HUELE NADA BIEN Los rellenos sanitarios previstos en Nemocón y Bojacá están llamados a solucionar una actual situación en materia de basuras que no huele nada bien: el 70 por ciento de los municipios de Cundinamarca, es decir 79 de ellos, arrojan sus desperdicios en botaderos a cielo abierto.

Cerca de 48 de esas 79 poblaciones situadas en los alrededores de la sabana de Bogotá, tienen que llevar sus basuras al botadero de Mondoñedo, en Mosquera, considerado como un desastre ambiental.

Lo peor es que este botadero no se puede cerrar o sellar porque Cundinamarca no tiene un lugar alterno para botar los desperdicios.

Existen además otras 31 localidades que han optado por abrir sus propios botaderos, como por ejemplo San Juan de Rioseco, Guataquí, Nariño, El Peñón, Villeta, Agua de Dios, Yacopí, Fúquene, Arbeláez, Quipile, Jerusalén, Beltrán, Caparrapí. Esto equivale a tener una treintena de 'mondoñedos' esparcidos por todo el departamento.

Esta situación se presenta en instantes en que el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial ha comenzado a exigir a los municipios el diseño de los Planes de Gestión Integral de Residuos Sólidos (Pgirs)