UN FERROCARRIL PARA URABÁ

UN FERROCARRIL PARA URABÁ

El 20 de febrero de 1905, en el Gobierno del General Rafael Reyes, se celebró en Bogotá un contrato entre el señor Modesto García, ministro de Obras Públicas y Mr. Henry Granger, ingeniero norteamericano, mediante el cual el gobierno concedió privilegio, por 99 años, para la construcción y explotación de un ferrocarril que, partiendo desde un puerto de Urabá, llegaría hasta Medellín. Por medio de tal contrato se garantizaba que no se permitiría la construcción de ninguna línea férrea paralela a la anterior, en 50 kilómetros, a lado y lado de la misma. La empresa constructora se denominó Colombian Central Rialroad y los trabajos deberían comenzar seis meses después de que el contrato fuera aprobado. El lugar donde empezaría la línea se llamaría Ciudad Reyes. En el contrato se otorgaba una subvención de 30 mil pesos oro, por cada kilómetro de ferrocarril puesto en servicio y se le concedían otros privilegios al contratista, tales como los derechos preferenciales, en caso de éxito, par

19 de enero de 1994, 05:00 am

El Gobierno nombró un interventor para la obra y el Ferrocarril de Urabá y del Darién debería quedar construido hasta Medellín, dentro de un plazo de seis años y el 27 de febrero de 1905 el mencionado contrato fue aprobado por el Presidente Reyes y el 9 de julio del citado año fue clavado el primer riel. El 4 de febrero de 1907, el señor prefecto de Urabá enviaba el siguiente telegrama al gobernador: Frontino, febrero 4, Gobernador, Medellín. Por expreso comunícanme han desembarcado, en Ciudad Reyes, ingenieros, material y primera locomotora. Al mismo tiempo se comunicaba desde Cartagena la llegada del Mr. Granger con cuatro barcos más, cargados de material para el nuevo ferrocarril y urgían conseguir trabajadores fin iniciar la construcción de la nueva vía, por la cual, se decía, rodarán todas las riquezas de nuestro continente... Hasta hoy nadie sabe de la suerte que haya corrido aquel ferrocarril, cuya genial idea debemos resaltar hoy, pensando que se debe retornar hacia la realización de la misma, con el fin de unir a Medellín, por medio de un ferrocarril, eléctrico y de doble vía, con aquellas ricas regiones de Urabá, hoy tan aisladas, convulsionadas y azotadas por la marginalidad y por la violencia.

Efectuando la construcción de un túnel, entre Medellín y Santa Fe de Antioquia, la distancia entre el puerto escogido, en Urabá y la capital del departamento, no sería mayor de las seis horas y serviría de unión y empalme con el puerto de Buenaventura, al rehabilitarse el importante ferrocarril Medellín-Cartago, constituyéndose en el primer ferrocarril Inter-Oceánico, al norte de Sur América, con toda la importancia que ello tiene para el comercio, la industria, el turismo y la soberanía nacional.

Es un pecado contra la economía nacional el seguir dejando en el mayor abandono el mencionado trayecto ferrocarrilero Medellín-Cartago y pensamos que el pueblo antioqueño jamás perdonaría el permitir que esta gigantesca obra se pierda definitivamente, así como se han perdido ya, dada la incuria administrativa, el marasmo y la desidia del poder central, los importantes ferrocarriles Bogotá-Girardot; Bogotá-Barbosa; Cali-Popayán; Armenia-Pereira-Manizales; Cúcuta-Puerto Santander; Palmira-Pradera; El Diviso-Tumaco; Cartagena-Calamar; Barranquilla-Puerto Colombia; Bogotá-El Salto; Neiva-Ibagué y varios otros, cuya desaparición, habrá de ser lamentada por las generaciones posteriores a medida que se agudicen los problemas del transporte masivo, a grandes distancias, pues el ferrocarril es el más seguro medio de transporte terrestre; el más económico y el que menos poluciona el medio ambiente; el más sociable y el que más ayuda a desmontar el egoísmo latente, en los usuarios. Por eso los países de Europa han vuelto los ojos al tren, construyendo nuevas líneas férreas, fomentando los empalmes, de las ya existentes y uniendo, por medio de grandes puentes, túneles y viaductos, los países y los continentes, que antes permanecían aislados.