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EN POCO TIEMPO CONOCÍ LA FAMA Y EL DINER

Natalia Giraldo tiritaba de frío en un rincón de la Plaza de Bolívar. Su menudo cuerpo de mujer de 20 años se envolvía en unas sábanas rústicas mientras trataba de conciliar el sueño.

Natalia Giraldo tiritaba de frío en un rincón de la Plaza de Bolívar. Su menudo cuerpo de mujer de 20 años se envolvía en unas sábanas rústicas mientras trataba de conciliar el sueño.

Así era el cabezote de la telenovela Juanita (1982), de Punch, dirigida por Roberto Reyes, en la que esta bogotana interpretó a una simpática pordiosera que vivía en La Pajarera, un inquilinato de la calle de El Cartucho, donde era amiga de vagabundos, drogadictos y ladrones.

"Fue mi obra cumbre, la que me dio a conocer", afirma Natalia, que a sus 42 años refleja en su mirada la madurez de 30 años de carrera en el teatro y la TV.

Antes de Juanita -que originalmente se iba a llamar La Pajarera-, Natalia ya había participado en Mujercitas y Huerfanitas, historias de Bernardo Romero Pereiro que fueron su trampolín para entrar al cerrado mundo de la TV.

"Cuando él me llamó -Romero-, yo no lo podía creer... Iba a actuar en la versión de dos clásicos de la literatura, compartiendo escenario con estrellas como Jaime Saldarriaga, Delfina Guido, María Cecilia Botero, María Angélica Mallarino y su hermana Helena", cuenta.

Reconoce que con menos de 20 años, era todavía muy joven para entender la dimensión de lo que ocurría. Lo único que sabía es que era popular porque la gente la reconocía en la calle. "En poco tiempo conocí la fama, el éxito y el dinero ", dice al explicar que fue en 1979, a sus 16 años, cuando hizo su primer papel importante en Cundri, con Amparo Grisales y Nelly Moreno.

Difícil regreso.

En los años 80, Natalia era respetada como actriz gracias al carácter que le imprimía a los personajes que representó en producciones como Rosalba en los cafetales, Bolívar, Los pecados de Inés de Hinojosa, El último beso y Candela.

En 1992 terminó su matrimonio con el actor Alvaro Ruiz, luego de 10 años de relación. "Necesitaba un cambio de vida, era urgente renovar mi alma", recuerda. Así fue como llegó a Nueva York (Estados Unidos), un año después.

Allí se le midió a todo: estudió inglés, presentó castings por un cupo en Broadway, hizo algo de TV y radio, y hasta se probó como reportera.

"Recibí una oferta en el canal 66, de RCN -ubicado en Queens-, para trabajar junto a Rubén Sánchez en Noches de gala", apunta. En este show, dirigido al público hispano y colombiano de La Gran Manzana , ella era presentadora y, cuando era necesario, hacía reportería en directo. Incluso, incursionó en la radio, en una emisora de Todelar en la que se encargó de las noticias matutinas.

De la misma forma intempestiva como se marchó, regresó, "después de haberlo dejado todo", dice. Lo que más le llamó la atención fue el cambio radical que sufrió la TV en tan corto tiempo. "La parte técnica mejoró. Pero me di cuenta de que el medio, mas que nunca, se había convertido en una empresa de fabricar dinero", afirma.

Por eso recuerda con nostalgia los formatos que se hacían antes, como la comedia musical, y sobre la mexicanización del medio, exigida por el mercado, ahora la acepta: "Antes era reacia, pero como comparto set en Te voy a enseñar a querer -donde es Tulia, la empleada doméstica de los Méndez- con extranjeros como el argentino Michel Bronw, comprendí que eso es un desafío más para el actor nacional que tiene talento y quiere sobresalir, porque a nadie le van a regalar nada".

El odontólogo David Monroy, con quien afirma estar felizmente casada, es la persona que le da todo el apoyo para su trabajo, y con quien tiene a Juan David, su hijo de 11 años.

Desde que regresó del extranjero, su pasó por la pantalla ha sido fugaz, pero significativo. Hizo parte del elenco de La mujer en el espejo (1997), El vuelo de la cometa (2003), que está en el aire, y Te voy a enseñar a querer.

Hace un par de años hizo de mujer esquizofrénica en Padres e hijos, trabajo que significó su reencuentro con Reyes, el director que le dio la oportunidad de su primera gran aparición.

"Siempre vi en Natalia a Juanita. En la farándula había un chisme, que resultó ser falso: que ella cantaba en los buses y la salida de los teatros para mantener a sus hermanos menores. En realidad era una niña hermosa, talentosa y deseosa de trabajar. Alvaro Ruiz me la presentó y luego yo la llame para darle el papel. Después de 25 años me la volví a encontrar en Padres e hijos, y sigue manteniendo su clase al actuar", finaliza Reyes.

Alvaro fue mi maestro.

Natalia Giraldo asegura que su carrera se la debe al desaparecido Alvaro Ruiz, que murió el primero de mayo del 2001. Estuvieron casados de 1982 a 1992. "Alvaro es mi maestro, quien me enseñó todo lo que sé como actriz. Es el mejor actor que ha tenido el país, por eso una buena forma de honrarlo es trabajar bien", afirma. Y aunque se separaron y se fueron por caminos diferentes, su hija Natalia, de 21 años, es el mejor recuerdo que tiene de él.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
27 de enero de 2005
Autor
RAFAEL ALBERTO CARO Redactor de EL TIEMPO

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